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viernes, 8 de julio de 2016

Neoliberalismo, movimientos sociales y renacer de los movimientos nacionales en América Latina.


Neoliberalismo, la otra década infame

por equipo de formación
Corriente política E.S.Discépolo


 
El modelo de hombre y sociedad

El neoliberalismo, como toda teoría política y social, sustenta un modelo de hombre y de sociedad. En su planteo, mantiene inalterable los rasgos esenciales del liberalismo económico desarrollado hace dos siglos, aunque se trata de un liberalismo que debe dar respuesta a la presencia de economías socialistas, de Estados de Bienestar en los países centrales y de Estados Populares en los países dependientes.
Los propagandistas del liberalismo partían de una naturaleza humana egoísta y concebían a la sociedad como un orden creado por los individuos sin que tengan conciencia de ello. La búsqueda del propio interés por cada individuo redundaba en el bien común gracias a la intervención de una “mano invisible”: el mercado. Es decir, la búsqueda egoísta del bien privado produce el bien general sin que medie la voluntad ni la conciencia de los hombres; sólo deben intervenir las leyes económicas del mercado.
Como vemos, el modelo de sociedad que proyectan liberales y neoliberales es profundamente individualista. Por eso, uno de sus principales blancos de ataque serán las organizaciones sindicales y las solidaridades que allí se generan entre los trabajadores, en tanto constituyen un elemento corrosivo de las “leyes económicas naturales” y son un impedimento a la libre acumulación de las ganancias en manos capitalistas. Claro que, al mismo tiempo, los neoliberales van a impulsar ciertas formas corporativas como la formación de lobbies sobre intereses concretos.
El neoliberalismo apunta en América Latina directamente a destruir los movimientos nacionales y populares que desafían la supremacía del imperialismo a nivel mundial. Su objetivo concreto será derrotar a los gobiernos que impulsan los movimientos de liberación y eliminar las conquistas populares que se llevaron adelante gracias a la acción del pueblo en su conjunto.

Modelo de estado

De lo anteriormente dicho, se desprende que para el neoliberalismo la función del Estado tiene que ser la de velar por el libre funcionamiento de las leyes mercantiles de la oferta y la demanda, pues ello redunda en beneficios generales; en cambio, la intervención del Estado en la economía es negativa en tanto entorpece el libre movimiento de dichas leyes y quiebra el orden natural.
En este sentido, los neoliberales consideran al Estado una interferencia parasitaria y se oponen a todo tipo de asociación o colectivo que obstaculice los emprendimientos privados. De ahí su obsesión por privatizar diversas áreas sociales y por conseguir la flexibilización laboral.
De todos modos, la posición de la matriz neoliberal frente al Estado es paradójica, ya que si por un lado rechaza la intervención que pueda tener vedando la iniciativa individual espontánea y las leyes económicas, por otra parte reivindica sin reparos un estado autoritario y policial, necesario para garantizar la seguridad de los individuos, la propiedad privada, el funcionamiento de la “mano invisible”, la competencia y el lucro. Por esto el liberalismo económico congenia perfectamente con dictaduras militares y gobiernos autoritarios1. De hecho, la primera experiencia de implantación del neoliberalismo en América Latina se dio en Chile bajo la dictadura de Pinochet. Pero no fue un caso aislado. Con la Doctrina de Seguridad Nacional como fundamento ideológico se implementará un plan continental de sangrientas dictaduras (Plan Cóndor) que impondrán el disciplinamiento social, la sumisión a Estados Unidos y que echarán las bases para un profundo proceso de reestructuración económica que será completado por los gobiernos democráticos. Así, al ciclo que inaugura Banzer en Bolivia en 1971 le seguirá en 1973 el golpe de Pinochet en Chile y el inicio del proceso en Uruguay, en 1975 caerá Velasco Alvarado en Perú y en 1976 será el golpe en Argentina. El cuadro regional se completa con las dictaduras que ya existían en Nicaragua, Guatemala, Paraguay, El Salvador, Brasil, etc.
El disciplinamiento que supuso la represión militar allanó el camino para que sea durante la década de los ´90 y bajo gobiernos democráticos cuando se implante el neoliberalismo en su forma más extrema. Con la caída de la URSS, Estados Unidos decreta el fin de la historia y la existencia de un único camino a seguir. Ahora sí el recetario del Consenso de Washington se constituye en el programa de gobierno de todos los países de la región: Sánchez de Lozada en Bolivia, Menem en Argentina, Fujimori en Perú, Fernando Collor de Melo y Enrique Cardoso en Brasil, Sixto Ballén en Ecuador, Lacalle en Uruguay, Salinas de Gortari en México, Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera en Venezuela…

Las "recetas neoliberales”

Si bien el neoliberalismo es una teoría política que nace luego de la Segunda Guerra Mundial como reacción al Estado de Bienestar en los países centrales y a los Estados populares en los países del llamado Tercer Mundo, recién comenzará a implementarse cuando los modelos económicos de posguerra entren en crisis hacia la década del ´70. En EEUU las políticas neoliberales las comenzará a implementar Reagan y en Inglaterra Tatcher. Para América Latina, significarán una verdadera política de saqueo, trasladándose recursos económicos a grandes grupos económicos-financieros externos y locales.
El neoliberalismo va a tener como eje la búsqueda de la estabilidad monetaria, para lo cual el equilibrio presupuestario, el achicamiento del gasto público y, sobre todo, el retraso de los salarios, serán esenciales. Para esta teoría, la inflación es consecuencia fundamentalmente del aumento de los salarios, por lo que la creación de una tasa “natural” de desempleo o “ejército industrial de reserva” que quiebre al mismo tiempo el grado de negociación de los sindicatos, es sumamente importante. Se produce, entonces, un desplazamiento de mano de obra que queda relegada y que pasa a ser una población excedente, una población que sobra y que no se la va a emplear nunca: son los excluidos. A la vez, se genera una hiperexplotación de los que sí pueden conseguir trabajo, que tienen que trabajar más horas y les pagan menos. Al despojo de los salarios se añaden otros dos más. Por un lado, el despojo de los “salarios indirectos”, es decir, el de todos los beneficios que otorgaba el Estado popular (buen sistema educativo, de salud, planes accesibles de vivienda, etc.). Por otro lado, el despojo a través del aumento de los servicios de las empresas privatizadas.
Bajo esta matriz de pensamiento, como sostienen Eric y Alfredo Calcagno,"se eleva a la categoría de objetivos a los que son sólo instrumentos. Así, no se toman como metas la homogeneidad social, la eliminación de la pobreza, la industrialización del país o la autonomía nacional para decidir su futuro. Se presentan como objetivos supremos los que en rigor son instrumentos o metas macroeconómicas, tales como el equilibrio fiscal y de comercio exterior, las aperturas comercial y financiera externas, las privatizaciones y la eliminación de la legislación que establece los derechos laborales"2.




Emergencia de los movimientos sociales

El modelo neoliberal supone, entonces, una reestructuración productiva y, simultáneamente, una reforma del Estado. Son estos procesos complementarios los que producen el surgimiento de formas alternativas de lucha para resolver los problemas sociales. Por un lado, expresan una continuidad con las protestas y las revueltas populares previas, pero a la vez, adquieren un aspecto diferente ante la exacerbación de las desigualdades sociales, el crecimiento de la desocupación, la marginalidad y el retroceso del Estado en ciertas áreas. Surgen así los movimientos sociales
Antes de la arremetida neoliberal, el descontento social se expresaba casi exclusivamente en huelgas o boicots realizados por trabajadores que estaban integrados en la economía formal; era el movimiento obrero el que actuaba a través de la lucha sindical. Aunque estas expresiones no hayan desaparecido, el hecho de que existan sectores cada vez más importantes de la población por fuera de los límites del campo laboral provocó el surgimiento de nuevas formas de acción política, alejadas de aquellas que prevalecieron hasta los ’70, cuando la organización apuntaba a una lucha por el acceso al Estado.
Los movimientos sociales cuentan con algunas características comunes. Algunas de ellas son: 1) territorialización en nuevos espacios que remplazan a aquellos que entraron en crisis como forma aglutinadora (la fábrica, por ejemplo); 2) buscan construir una autonomía material y simbólica, tanto del Estado como de los partidos políticos; 3) apuntan a revalorizar formas identitarias y culturales que exceden la noción de ciudadanía (la identidad étnica en algunos casos); 4) tienen la posibilidad de generar sus propios intelectuales y dirigentes, haciéndose cargo de la educación por sí mismos; 5) otorgan un papel fundamental a las mujeres; y 6) generan nuevas formas de organización del trabajo.
Sin embargo, no hay que creer que los movimientos sociales constituyen una ruptura total con el pasado, pues para poder comprenderlos no basta sólo recurrir al momento de aplicación de las medidas neoliberales, sino que es necesario integrarlos a la tradición de lucha por reclamos históricos no resueltos como puede ser la cuestión de la tierra. Es decir, en lugar de abordarlos en las formas específicas en que llevan adelante la lucha, es necesario integrarlos en un proceso revolucionario de larga duración y en la recuperación de viejos reclamos bajo nuevos contextos.
Los movimientos sociales nacen entonces como un actor nuevo que emerge de las novedades socio-económicas y políticas que la realidad plantea bajo el neoliberalismo. Pero aún cuando adquieren protagonismo y participan políticamente en un nuevo nivel, es importante no perder de vista la continuidad y resistencia de otras estructuras populares de lucha. La presencia mayor o menor de los movimientos sociales en la realidad política nacional tiene mucho que ver con cómo entra y sale cada país del neoliberalismo: la existencia previa o no de un nivel determinado de industrialización, el proceso más o menos avanzado de desestructuración de esta estructura productiva, el que se haya dado una dictadura en el país o no, etc.

Neoliberalismo en la Argentina: La Dictadura (1976-1983)

El 24 de marzo de 1976 significó el comienzo de una era de terrorismo político y económico. En lo político-social, la represión arrojó 30 mil desaparecidos e impuso un férreo disciplinamiento; en lo económico, significó la instauración del modelo neoliberal.
El golpe estuvo dirigido a terminar con los ideales de una sociedad más justa y a llevar adelante una reconversión de la estructura económica del país. Estos objetivos son complementarios en tanto, como señala Galasso, la clase dominante “…se ha propuesto reconvertir la economía argentina y como en toda reestructuración profunda en perjuicio de las masas populares –al estilo del modelo mitrista de 1862- su implantación se hace a sangre y fuego para aplastar la resistencia de las víctimas”3. La analogía con el mitrismo no es menor. Si a la etapa inaugurada en 1862 se la conoce como “Proceso de Organización Nacional”, la que comienza con Videla se autodenomina “Proceso de Reorganización Nacional”.
Por último, hay un tercer factor que explica el golpe: las ambiciones del imperialismo norteamericano. EE.UU. finalmente pudo lograr un claro predominio sobre nuestra economía. Impedido anteriormente por la experiencia peronista, caído Perón se produjeron inversiones con Frondizi y desnacionalizaciones con Onganía, pero el gobierno de Lanusse –de tendencia probritánica- y la vuelta del peronismo constituyeron trabas a su primacía. De la mano del Ministro de Economía Martínez de Hoz se produce, ahora sí, el desembarco imperialista yanqui. Él y sus colaboradores –los “Chicago Boys”- son hombres ligados estrechamente a la Banca internacional, al FMI y/o a grandes empresas norteamericanas.
El modelo que impone el neoliberalismo es el del “crecimiento hacia afuera”, para lo cual el “bajo costo” argentino (léase, disminución de los salarios) es condición ineludible.
La actividad financiera, necesaria como subconjunto dentro de la economía real, pasa a convertirse en un fin en sí mismo y a incubar a la clase dominante local. Se conforma un nuevo grupo que engrosa el antiguo bloque oligárquico. Ya no sólo se trata de recrear el viejo país agroexportador de la oligarquía tradicional sino que estamos en presencia de un “capitalismo financiero dependiente” o un “capitalismo especulativo periférico”. Por todo esto se entiende que el modelo neoliberal es implementado por, y beneficia a, los grandes grupos financieros locales e internacionales.
Una característica de este modelo fue el enorme crecimiento de la deuda externa. Si en una primera etapa (1976-1983) la deuda sirvió para la especulación financiera y la fuga de capitales, en un segundo momento (1991-2001) hizo funcionar a la convertibilidad cubriendo los déficits crónicos fiscales y externos, pero en ninguno de los casos sirvió para estimular la actividad productiva. Esta situación de endeudamiento para pagar deuda llegó a su límite cuando se cortó ese torrente exterior. O sea que si en 1976 se recurrió a crédito externo sin que se lo precisara, luego pasó a convertirse en una necesidad intrínseca al funcionamiento del modelo.
El endeudamiento constituyó, como a lo largo de toda la historia desde aquel empréstito en 1824, un instrumento de dominación por tres razones: 1) fue un instrumento de saqueo por la succión de riquezas; 2) fue una vía de sumisión semicolonial por la imposición de políticas económicas expoliadoras a las que nos sometía el FMI, cuyo aval para recibir créditos era indispensable; 3) sirvió para la instalación y consolidación de grupos políticos y económicos hegemónicos y estuvo indisolublemente unida a la corrupción. Por todo esto, se trató de uno de los mecanismos más importantes que sirvieron para desmantelar el Estado creado desde 1945 e implantar el nuevo modelo económico rentístico-financiero.
Para explicar el endeudamiento en la primera etapa señalada (1976-1983), debemos remarcar que se conjugan dos factores. Por un lado, la alta liquidez de la banca internacional por los depósitos de los “petrodólares” en los bancos norteamericanos y, por otro lado, la avidez de la clase dominante nativa de hacer negocios financieros evadiendo dinero y fugándolo al exterior. Es decir que, al igual que lo sucedido al solicitar el primer empréstito en 1824 (Baring Brothers), el endeudamiento es producto más de una imposición externa (por la gran liquidez de los bancos) y un deseo de los grupos financieros locales de especular con las divisas, que una necesidad real interna de capitales por parte del país.
Para poder fugar capitales fue necesaria la sanción de la ley de Entidades Financieras en 1977, que eliminó todo tipo de regulación del mercado financiero. Así, la deuda externa empieza su crecimiento exponencial.
Todo esto genera una distorsión en tanto se vuelcan a la especulación financiera recursos que deberían ir al sector productivo. Combinado con la apertura económica (disminución de los aranceles aduaneros en 1977/1978) y el peso sobrevaluado, se llega a una destrucción de gran parte del aparato productivo nacional y se facilita la extranjerización de la economía.
En 1980 llega a su fin la etapa de los “petrodólares” y de las tasas de interés internacionales bajas. Los bancos empiezan a exigir el pago de los intereses. Se pasa a una etapa distinta: los bancos tienen que prestar para seguir cobrando, es decir, la deuda ahora es para pagar más deuda. Este círculo vicioso lo agrava la estatización de la deuda privada que se hace en 1981 a través de lo que se conoce como los “seguros de cambio”. Este es un mecanismo financiero mediante el cual las grandes empresas, endeudadas en dólares, se aseguran cierta cantidad de dólares para dentro de uno o dos años pero al precio de hoy. La diferencia entre ambas cotizaciones la cubre el Estado, lo que origina una enorme transferencia de la deuda privada al erario público. Las empresas beneficiadas serán las mismas que tiempo después, asociadas al capital extranjero, se quedarán con las empresas privatizadas.
Se conforma, entonces, un nuevo sector dentro del bloque oligárquico que siente reverencia por los sectores anteriores e incluso se liga matrimonialmente a ellos: Macri, Techint, Fortabat, Pérez Companc, Bulgheroni, Pescarmona, etc., etc. Se trata de empresarios nacidos al calor de la Segunda Guerra, que crecieron bajo el peronismo pero que de burguesía mercadointernista se convierte durante la dictadura en una burguesía transnacionalizada, que se sustenta en la exportación y por ello necesita del “bajo costo argentino”.

Neoliberalismo en democracia, el Alfonsinismo (1983-1989)

Con el terror instaurado por la dictadura se debilita la resistencia popular y el neoliberalismo pasa ahora a aplicarse bajos gobiernos elegidos por el voto. No es que no haya resistencia, y por lo tanto represión, pero el aspecto más dictatorial deja su lugar a una democracia formal donde los políticos tradicionales pasarán a ser instrumentos al servicio de las empresas trasnacionales.
Durante el alfonsinismo la política de saqueo continúa. Si hasta 1985 hubo cierto intento de una política distinta, el inicio del Plan Austral señala el fin de toda expectativa: la apertura económica, la privatización periférica, el ajuste en perjuicio de los trabajadores por directivas del FMI, el Plan Houston para fomentar inversiones extranjeras en petróleo, el Plan Primavera de 1988, etc. marcan la claudicación del gobierno, lo que en el plano político se corresponde con la sanción de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.
El gobierno no puede seguir haciendo frente a la deuda y cesan los pagos a los bancos extranjeros. Comienzan los primeros intentos de cobrarse la deuda mediante empresas públicas. A su vez, se aplica una devaluación pero sin avisar a los “amigos”. El golpe de mercado y la hiperinflación marcan el fin.

Menemismo y Delaurrismo (1989-2001)

Todavía el peronismo constituía un impedimento para la preponderancia absoluta de los Estados Unidos. Durante el gobierno de Alfonsín, las propuestas privatizadoras habían sido obstaculizadas por los diputados justicialistas y los 14 paros de la CGT conducida por Ubaldini amenazaban las políticas antipopulares. Era necesario derrotar al peronismo y a los trabajadores definitivamente. Las paradojas de la historia hicieron que la reconversión económica y la destrucción del protagonismo popular fuera terminada por el propio justicialismo.
¿Cómo explicar semejante traición? La causa obedece a la traición de una de las columnas de sustentación del peronismo: la burguesía mercadointernista se trasnacionaliza y pasa a conducir al movimiento colocando al partido a su servicio.
El disciplinamiento que generó la hiperinflación allanó el camino para la implementación de políticas recesivas. El menemismo sanciona la Reforma de Estado mediante la cual abre el camino a las privatizaciones, acuerda con el FMI, se establece la convertibilidad sobrevaluando el peso, abre la economía a los productos importados, etc., etc.
Bajo el gobierno de De la Rúa el modelo llega a su fin. Los infructuosos intentos del Blindaje Financiero de Machinea y el “Ajustazo” de López Murphy hacen regresar a Cavallo al ministerio de Economía. El último intento es el Megacanje. Pero ante la salida de divisas se implementa el corralito y la reacción popular alcanza ahora a los sectores de clase media, que pasan del televisor a la cacerola. El estado de sitio y la represión caracterizan el final del gobierno.

La resistencia popular

¿Quiénes fueron los que se opusieron a las políticas neoliberales en los ´90? Si bien podemos encontrar a sectores del sindicalismo organizado representados por Hugo Moyano (MTA, CGT rebelde), también está presente el surgimiento de una nueva central, la CTA, que nuclea a sindicatos pero también a una variada gama de organizaciones sociales. Surgen asimismo las organizaciones piqueteras: son los trabajadores desocupados que no pueden luchar en el sindicato como antaño y que encuentran en el territorio barrial un nuevo lugar de resistencia. Ante la imposibilidad de luchar haciendo huelgas, realizan cortes de ruta.
A estos sectores se les sumó luego la clase media, que había votado ilusionada a De la Rúa y terminó desencantada por el corralito.

Emergencia del Kircherismo (2003-2010)

Hemos visto que los ´70 encontraron a buena parte de América Latina sumida en dictaduras militares y que en los ´90 se implementó el neoliberalismo más extremo en todos los países de la región. Del mismo modo, hoy nuevos vientos recorren estas tierras. La experiencia argentina liderada por Néstor y Cristina no es un caso aislado; en toda Latinoamérica hay nuevos gobiernos nacidos tras el derrumbe neoliberal y que expresan los intereses de las mayorías populares. Cada uno con su propia dinámica, con una mayor o menor radicalidad, pero todos buscando transitar los caminos de la integración latinoamericana. En este sentido, la derrota del ALCA, el afianzamiento del MERCOSUR, la creación de UNASUR, son sólo algunos de los avances concretos que se han hecho en pos de lograr la unidad con la que soñaron San Martín, Bolívar, Artigas, Felipe Varela, Perón, el Che…
Así, actualmente encontramos al chavismo en Venezuela, a Evo en Bolivia, a Daniel Ortega en Nicaragua, a Lugo en Paraguay, al Frente Amplio en Uruguay, a Lula en Brasil, a Correa en Ecuador, al Frente Farabundo Martí en El Salvador… a los que podemos sumar la anteriormente solitaria Cuba.
Claro que no todos los países del continente están en esta misma sintonía. Un claro ejemplo lo constituye Colombia, fiel aliado norteamericano que ha permitido la instalación de bases militares en su territorio, lo que constituye un claro peligro ya que los “marines” no suelen respetar las fronteras. A su vez, recientemente la derecha neoliberal se ha impuesto en Chile.
La única garantía para no volver a los viejos modelos neoliberales parece ser la profundización de los cambios emprendidos y la movilización y organización popular.
El kirchnerismo rompe la lógica del modelo neoliberal y comienza a caminar por la senda de una política nacional y popular.
Respecto a la deuda externa, se verifica una política de desendeudamiento que reconoce dos hechos significativos: el canje de deuda que logró una quita histórica cercana al 70% y el pago al FMI, poniendo fin a sus condicionamientos y monitoreo constante.
La producción vuelve a estar en el centro de la actividad económica. Se busca subordinar a la banca y que su función sea brindar créditos para la reactivación industrial. Sin lugar a duda, la estatización de las AFJP fue un duro golpe al sector financiero y permitió recuperar una gran masa del ahorro argentino para volcarlo al desarrollo nacional. Sin embargo, la no eliminación de la Ley de Entidades Financieras de 1977 y la negativa a gravar la renta financiera constituyen una asignatura pendiente que es necesario abordar para enterrar el viejo modelo neoliberal y señalan una contradicción del gobierno.
Se discuten salarios luego de muchos años y comienza a cuestionarse aquella falsa idea de que el salario es la raíz de la inflación.
Se nacionalizan empresas estratégicas (Correo, Aguas, Aerolíneas, Fabricaciones de aviones en Córdoba, AFJP) y el estado vuelve a asumir un rol protagónico, llevando adelante importantes inversiones en obra pública.
En una cumbre en Mar del Plata se destierra la amenaza imperialista del ALCA. Se abandona aquello de las “relaciones carnales” con los Estados Unidos y se retoma la senda de una política de integración latinoamericana.
A su vez, es importante recalcar la política de derechos humanos del gobierno, por ejemplo la anulación de las leyes de la impunidad y el avance de los juicios a represores.
La pelea por la 125 fue de hecho una disputa alrededor de la Renta Agraria diferencial, que como vimos, es una problemática que atraviesa la historia argentina en particular de una manera muy profunda. La forma en que se desarrolló este conflicto sirvió para deslindar al campo nacional del antinacional.
Existen, sin embargo, limitaciones en el movimiento nacional y popular. El kirchnerismo avanzó en medidas sin una estructura política que aglutine al movimiento nacional. Eso recién se está buscando a partir de los últimos tiempos, pero no se puede dejar de considerar como una contradicción fundamental hacia el interior del campo popular que marca ciertas marchas y contramarchas y limitaciones que es necesario tener en cuenta a la hora de caracterizar al kirchnerismo.
En el último año (2009) tres nuevas medidas buscan profundizar el rumbo pese a la derrota electoral del 28 de junio de 2008: la asignación universal por hijo, el Plan Argentina Trabaja y la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.


1 ARGUMEDO, A., Los silencios y las voces en América latina. Notas sobre el pensamiento nacional y popular, Buenos Aires, Colihue, 2004.
2 CALCAGNO, A. E. y CALCAGNO, E., Argentina. Derrumbe neoliberal y proyecto nacional, Buenos Aires, Le monde diplomatique, 2003, 15p.
3 GALASSO, N., De la Banca Baring al FMI. Historia de la deuda externa argentina, Buenos Aires, Colihue, 2002, 211p.

Los Movimientos de Liberación Nacional en América Latina. El Peronismo.


En búsqueda de la liberación

por equipo de formación
Corriente política E.S.Discépolo


 
Contexto histórico de surgimiento

La crisis económica de 1929 produce un sacudón en el sistema de dominación mundial ejercido por los países centrales (EEUU, Europa), profundizado por los efectos de la Segunda Guerra Mundial (1939-45). La salida planteada por los países dominantes para su recomposición se ve reflejada en el denominado Plan Marshall, según el cual los vencedores “ayudan” a los perdedores a reimpulsar su actividad económica.
“Estados Unidos se había quedado con todas las bolitas, y si no le prestaba algunas a Europa no podía seguir jugando”
Miguel Miranda
Sin embargo, en esta política no se veían contemplados los países del llamado Tercer Mundo (colonias y semicolonias). En la etapa posterior a esta crisis se van gestando los Movimientos de Liberación Nacional (MLN) en muchos los países del Tercer Mundo como consecuencia de dos causas estrechamente relacionadas:
  • La crisis del modelo de dominación a nivel mundial
  • El desarrollo de la combatividad y conciencia de los sectores populares en los países del tercer mundo
Los efectos de la crisis alteran la lógica del modelo de exportación de materias primas implantado en Nuestra América (dejan de comprarnos materias primas y dejamos de recibir manufacturas) y en el período que va de la década del 30 al 40 se genera una industrialización por sustitución de importaciones (ISI), especialmente en México, Brasil y Argentina. En estos tres países surgen movimientos antiimperialistas que cuestionan la dominación ejercida desde el exterior.
Por otro lado, vale la pena destacar que a lo largo del siglo XX han surgido Movimientos de Liberación Nacional en otros países de Latinoamérica (entre otros, Bolivia y Cuba, desembocando éste último en un proyecto socialista) de acuerdo a particularidades propias de los mismos.
Los MLN en América Latina en la primera mitad del siglo XX se han caracterizado por:
- Ser movimientos policlasistas, es decir que al interior de ellos hay distintas clases y sectores sociales que coinciden en intereses principales (quebrar la dependencia del imperialismo, desarrollar un mercado interno, modernizar el país, etc.) y, al mismo tiempo, tienen disidencias en intereses secundarios (los trabajadores quieren mejores salarios y los empresarios buscan mayores ganancias, entre otros).
- Ser de liberación nacional, es decir que dentro de esa coincidencia de intereses principales siempre se encuentra la de avanzar en la lucha por romper con la dominación externa.
- En esta lucha por la liberación nacional siempre se enfrentan al imperialismo y a sus aliados internos, que en Latinoamérica han sido las oligarquías dominantes.
- Existe una fuerte presencia de los sectores populares (trabajadores, campesinos, excluidos), que les da un sello muy particular. Estos sectores son los que históricamente han llevado la lucha por la liberación nacional con mayor persistencia y profundidad.
- El estado tiene un rol activo en estos procesos, regula la economía, interviene en las luchas sociales, maneja empresas y recursos naturales, etc.
- En líneas generales han cuestionado el modelo de exportación de materias primas y han profundizado los procesos de industrialización en nuestros países, impulsándolos desde el Estado.



El Peronismo, el caso argentino

El peronismo ha sido el mayor movimiento de masas de nuestro país. Con él se ha producido un cambio estructural en las condiciones de vida y en la conciencia de los distintos sectores de la sociedad, cambios que se perciben hasta el día de hoy.
Entre sus antecedentes podemos encontrar al Yrigoyenismo en tanto movimiento político y al pensamiento nacional (especialmente FORJA y Scalabrini Ortiz) en tanto desarrollo ideológico.
Con el proceso de sustitución de importaciones sucedido a partir de 1930, la sociedad argentina comenzó a cambiar su estructura. Se crearon nuevas fábricas de industria liviana alrededor de las ciudades principales y surgieron nuevos actores: los trabajadores y los empresarios dueños de esas nuevas fabricas.
Por un lado, quienes antes trabajaban en los campos del interior comenzaron a migrar hacia los alrededores de la capital, conformándose lo que hoy conocemos como conurbano bonaerense, donde se emplearon en nuevas fabricas textiles, hojalaterías, etc. (industrialización-migraciones internas). Al mismo tiempo, surgieron nuevos empresarios que orientaron su producción hacia el mercado interno para sustituir los productos que no estaban llegando desde Europa. Es importante destacar que estos empresarios no pertenecían a la oligarquía tradicional, que seguía ligada al imperio ingles y produciendo bienes que no cuestionaban su dominación (materias primas del campo y manufacturas complementarias con este imperio como el aceite).
En 1943 se produjo un levantamiento militar que derrocó al gobierno ilegitimo de Ramón Castillo1, el cual había llegado al poder por medio del fraude y la corrupción. Juan Domingo Perón, uno de los líderes del levantamiento decidió crear y ponerse al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión (luego fue también Ministro de Guerra y Vicepresidente). Desde allí, interactuó de manera directa con los nuevos actores antes mencionados. Su mediación en la puja entre empleadores y trabajadores tuvo como resultado conquistas muy profundas en materia social que mejorarían las condiciones de vida de los más desprotegidos y quedarían grabadas en la memoria histórica: vacaciones pagas, aguinaldo, sábado medio turno, domingo libre, horario de ocho horas, jubilación, asignación familiar, indemnización por despido, estatuto del peón, fueron algunas de las conquistas que, o no se cumplían, o directamente no existían. En este período se produjo una fuerte identificación por parte de las masas de trabajadores con Perón. De esta manera podemos explicar por qué luego de haber sido apresado Perón, los obreros irrumpan en la escena política reclamando su liberación en aquella jornada histórica del 17 de octubre de 1945.
“Era el subsuelo de la patria sublevado (…) era el de nadie y el sin nada en una multiplicidad casi infinita de gamas y matices humanos aglutinados por el mismo estremecimiento y el mismo impulso, sostenidos por una misma verdad que una sola palabra traducía: Perón. (…). Lo que yo había soñado e intuido durante muchos años estaba allí presente, corpóreo, tenso, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto. Eran los hombres que están solos y esperan, que iniciaban sus tareas de reivindicación. El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo”
Raúl Scalabrini Ortíz
Con Perón como presidente, luego de las elecciones de 1946, se consolida el MLN, que sería reelecto, asumiendo en 1952.
Desde 1943 también se dan grandes pasos en materia de soberanía nacional: se nacionalizan los ferrocarriles, depósitos y elevadores de granos, teléfonos, depósitos bancarios, se amplía la flota mercante y se crea el IAPI, entre otros avances significativos. Con estas medidas se avanzó fuertemente en la autodeterminación nacional, por un lado, pudiendo transportar nosotros mismos gran parte de lo que decidimos vender o comprar, y por otro lado, con el IAPI y los depósitos bancarios tuvimos la posibilidad de transferir recursos antes apropiados por la oligarquía (renta agraria diferencial) hacia el fomento de la industria orientada al mercado interno y a mejorar el nivel de vida de los trabajadores. El mecanismo utilizado consistía en que el Estado, a través del IAPI, prácticamente monopolizaba el comercio exterior en cereales. Fijaba el precio del cereal antes de haberse sembrado (garantizándole ganancias al chacarero) y luego lo vendía en el mercado exterior, apropiándose de una parte importante de la renta agraria diferencial antes en manos de la oligarquía y del imperialismo. Esta porción era dirigida hacia los trabajadores por medio de mejoras sociales y hacía los industriales mediante créditos baratos (el Banco Central nacionalizado indicaba a quién le podían prestar los demás bancos y bajo qué condiciones).
En la etapa abierta en el 43, y sobre todo desde el 45, los trabajadores se convierten en actores políticos decisivos en la escena nacional, ya que no sólo pesan en las decisiones económicas sino que se hacen visibles en el plano cultural, desafiando a la cultura dominante: los obreros aparecen en los bares del centro, veraneando en Mar del Plata, en los textos de estudio... Sentirse orgulloso de ser un “descamisado”, un “grasita”, etc. como contraposición a los valores tradicionales, es una manifestación de la identidad de clase que se va construyendo en ese período. Esta identidad se encuentra estrechamente ligada al avance profundo en el desarrollo de la conciencia nacional dada la vinculación entre nacionalizaciones, soberanía y conquistas sociales, es decir, entre cuestión nacional y cuestión social. Las tres banderas funcionaban como programa de gobierno: soberanía política, justicia social, independencia económica.
En tanto movimiento, el peronismo representa a distintas clases y sectores sociales. A los trabajadores y empresarios orientados al mercado interno se suman el ejército (sobre todo el ala industrialista) y la Iglesia en el primer periodo. Perón realiza una conducción pendular mediante la cual no se presenta como líder exclusivo de ningún sector, sino como el conductor del movimiento, priorizando siempre aislar a la oligarquía y preservar la unidad de todos aquellos que tienen intereses opuestos a ella.
Sin embargo con el correr de los años las contradicciones de esta alianza de clases se van profundizando. Luego, los empresarios comienzan a pedir menos conquistas obreras, y la Iglesia se enfrenta directamente al peronismo: el movimiento nacional comienza a desgastarse por dentro. A esto se suma que las presiones internacionales crecen con la recuperación de los países centrales de la Segunda Guerra. En 1955 se produce un ataque directo desde el un sector de las Fuerzas Armadas al pueblo bombardeando la Plaza de Mayo y en ese mismo año se produce el golpe de Estado que toma el gobierno.
La “Revolución Fusiladora” censura al peronismo, lo proscribe, persigue y llega a fusilar a sangre fría a sus militantes. Por otro lado, esta es una etapa de gran resistencia obrera, al principio más bien inorgánica: haciendo huelgas, poniendo caños, haciendo pintadas... Poco a poco el nivel de organicidad y conciencia de los trabajadores va aumentando, llegando a la toma del frigorífico Lisandro de La Torre y a la CGT de los Argentinos. También en esta etapa se destaca la publicación de obras centrales del pensamiento nacional de Arturo Jauretche, Juan José Hernández Arregui y Jorge Abelardo Ramos. Hacia fines de la década del 60 surgen la organizaciones armadas, influenciadas fuertemente por la revolución cubana, no todas identificadas con el peronismo.
La lucha frente a los militares primero, luego contra los “democráticos” que habían ganado con el peronismo proscripto y otra vez frente a los militares se prolonga 18 años hasta que en 1973 vuelve Perón y elige como candidato a Héctor J. Cámpora, que es electo presidente con el 49,5 % de los votos.
Por esos años el Movimiento había cambiado en su base social: el empresariado orientado al mercado interno era más exigente en relación a los obreros y aparecían los sectores medios (que como sector social en el 45 había sido profundamente antiperonistas) radicalizados por la etapa de la resistencia. Los trabajadores seguían siendo la columna vertebral del movimiento a pesar de que se habían desarrollado algunos sectores muy corrompidos dentro del sindicalismo (liderados por Augusto Vandor). En ésta etapa se expresa un ala de derecha enquistada dentro del movimiento nacional expresada en la figura de López Rega.
El líder del movimiento nacional intentó por todos los medios mantener el movimiento unido, aislando a la oligarquía hasta el fin de sus días, un 1ro de julio de 1974 donde la inmensa mayoría del pueblo argentino derramó sinceras lagrimas por la partida de “uno de los nuestros, quizás el mejor”.
“El General Perón, figura central de la política argentina de los últimos treinta años, murió ayer a las 13,15 horas. En la conciencia de millones de hombres y mujeres, la noticia tardará en volverse tolerable. Más allá de la lucha política que lo envolvió, la Argentina llora a un líder excepcional”
Rodolfo Walsh
1 Castillo se presentó como Vicepresidente de Roberto Ortiz en la fórmula de la llamada "Concordancia", que triunfó en elecciones fraudulentas y asumió el poder el 20 de febrero de 1938. Cuando Ortiz renuncia por graves problemas de salud, Castillo asumió el poder para completar el período presidencial; desde 1940 estaba efectivamente a cargo del Poder Ejecutivo.

El proyecto de país en el Centenario. Una Argentina para pocos.


El Centenario, un país para pocos

por equipo de formación
Corriente política E.S.Discépolo
 
Buenos Aires, 1910. La Ciudad se prepara para celebrar los cien años de existencia de la "patria". Los festejos incluyen ilustres visitas como la Infanta Isabel de Borbón, el presidente chileno Pedro Montt, el italiano Ferdinando Martini, el alemán General Colmar von der Goltz, entre otros. La ciudad cosmopolita se presenta al mundo como la "perla europea de América". La civilización y el progreso parecían haberse finalmente logrado.
Sin embargo, la construcción de la patria que dará origen al "granero del mundo" se construye con mucha sangre derramada y no precisamente utilizando métodos "civilizados".
Desde 1810, la guerra civil fue el escenario político del territorio del antiguo virreinato del Río de la Plata. Dicha guerra era entre dos sectores bien definidos: aquellos que bregaban por la unidad latinoamericana y el proteccionismo económico -en pos de resguardar las incipientes industrias artesanales del interior- contra aquellos que pretendían el liberalismo económico que pregonaban las potencias europeas (Inglaterra en particular) y que veían en la cultura europea la civilización, y en lo americano la barbarie.
Las luchas descarnadas entre estos dos bandos dejaron un tendal de muertos en el camino. La represión desde Buenos Aires se incrementó bajo el gobierno de Mitre (1862-1868) y Sarmiento (1868-1874). Basta recordar la Infame Guerra del Paraguay, donde la alianza entre los liberales porteños (liderados por Mitre), el Imperio del Brasil y los Colorados de Uruguay, destruyeron al país latinoamericano más avanzado del momento. Paraguay fue el primero en tener un ferrocarril. Poseía un desarrollo industrial avanzado orientado al mercado interno. Era un mal ejemplo para el resto de América. Inglaterra en alianza con las facciones librecambistas destruyen este proyecto.
"Estamos por dudar de que exista el Paraguay. Descendientes de razas guaraníes, indios salvajes y esclavos que obran por instinto o falta de razón. En ellos, se perpetúa la barbarie primitiva y colonial. Son unos perros ignorantes... Al frenético, idiota, bruto y feroz borracho Solano López lo acompañan miles de animales que obedecen y mueren de miedo. Es providencial que un tirano haya hecho morir a todo ese pueblo guaraní. Era necesario purgar la tierra de toda esa excrecencia humana, raza perdida de cuyo contagio hay que librarse" Sarmiento
Las palabras de Sarmiento ilustran el desprecio por lo americano, lo popular y la búsqueda de europeizar nuestro territorio. Pero, ¿qué factores permitieron el triunfo de este proyecto? El contexto internacional puede brindarnos algunas explicaciones. Hacia mediados del siglo XIX las potencias capitalistas necesitan nuevos mercados para sus productos manufacturados, y también materias primas para continuar su desarrollo industrial. En este marco, ingresa América Latina a la división internacional del trabajo, como productora de materias primas y receptora de productos manufacturados y capital europeo.
Según las condiciones naturales de cada territorio (llamadas "ventajas comparativas") cada país se especializará en la exportación de un producto en particular. Bolivia, Perú, Chile y Venezuela serán países productores de minerales. América Central, Brasil, Colombia y Ecuador, países exportadores de productos subtropicales. Y por último Argentina y Uruguay exportadores de productos agrícola ganaderos.
Para llegar a este punto hacían falta resolver algunas cuestiones. Por un lado, lograr la estabilización política (fin de la guerra civil) y el mejoramiento de los caminos para la salida de materia prima y la entrada de manufacturas europeas. La introducción de los ferrocarriles fue llevada a cabo por el capital inglés, organizados en forma de abanico ya que todas las líneas desembocaban en el Puerto de Buenos Aires. Era la mejor forma de transporte a la vez que herramienta de penetración en las zonas del interior, y esto fue posible por la “normalización” del Estado. Las condiciones de inversión de los ferrocarriles y los beneficios otorgados a los ingleses muestran claramente nuestro carácter semicolonial.
Junto con la expansión de las fronteras (1879, conquista de la Patagonia en la mal llamada "Campaña al desierto" llevada a cabo por Julio A. Roca) se produce el aumento de las zonas cultivadas, motivando también la inmigración europea. Pero en este modelo de país solo algunos eran beneficiados: los ingleses, y la oligarquía local. Pero, ¿quiénes integraban esta elite? Aquellos terratenientes y comerciantes ligados al mercado externo que no se preocuparan en reinvertir capital. Los mismos que cuando visitaban Europa eran famosos por "tirar manteca al techo" para ostentar su riqueza. Apellidos como Martínez de Hoz, Guerrero, Luro, Cobo, Peralta Ramos, Álzaga, Lezama, Anchorena, Mitre y Alvear resonaran a lo largo de nuestra historia atrincherándose bajo la defensa de sus tierras y bienes, impulsando un modelo que condenaba a las mayorías a la pobreza y exclusión.
El poderío económico de esta clase estaba dado por la "Renta Agraria Diferencial". Claro está que en todos los países los dueños de las tierras obtienen una cuantiosa ganancia. Pero en la Argentina esta ganancia es extraordinaria ya que las condiciones geográficas de la Pampa húmeda permiten una productividad mayor al del resto de los países. ¿Será que estos hombres se consideran creadores de la riqueza natural?
Lo cierto es que con estos abundantes recursos esta clase parasitaria vive ostentosamente, una parte del tiempo en Europa, otra en Buenos Aires. Sostienen la ideología dominante mediante diferentes dispositivos, tales la educación o la prensa escrita (no olvidemos el diario La Nación), transmitiendo lo europeo como lo civilizado y exquisito y lo nacional como lo Bárbaro.
Se forma así una economía dependiente del mercado internacional y altamente ventajosa solo para una minoría oligárquica antinacional y conservadora, mientras el resto de la nación se ahoga en la miseria. Este es el país del Centenario, una Argentina para pocos. Pero aquellos excluidos de estos privilegios quisieron hacer oír su voz frente a tanto público presente. Mientras se realizaban los preparativos para la celebración de los 100 años de la Revolución de Mayo, los obreros convocan a una huelga para el 18de mayo con el objetivo de derogar la Ley de Residencia. El estado oligárquico, fraudulento y antipopular responde dictando estado de sitio y con fuerte represión policial.
Usando estos métodos, el régimen conservador logra mantenerse hasta el primer cuarto del siglo XX cuando resurgen las fuerzas populares, herederas del viejo federalismo del interior, articuladas con nuevos actores sociales como los inmigrantes. La Unión Cívica Radical logra imponer el voto secreto, universal (sólo para los hombres) y obligatorio, llevando a Yrigoyen a la presidencia en 1916. Aunque lleva adelante una política nacional y democrática, no logra cambiar la base productiva del modelo agroexportador. Sin embargo, es un periodo de ascenso de los sectores populares dentro de este mismo modelo: se recuperaran tierras para el estado nacional, se proyecta la creación de Y.P.F en búsqueda de la soberanía energética, se apoya la reforma universitaria y se sostiene la neutralidad ante la Primera la guerra mundial.
Luego de estas políticas, el radicalismo da un giro a la derecha con Alvear, quien es loado por la clase dominante. En 1928 reaparece la posibilidad de la elección de Yrigoyen, y frente al acto democrático que daría la victoria a los sectores populares, la clase dominante comienza a utilizar el “fraude patriótico” para gobernar, política que no dejara de usar frente a los grandes movimientos nacionales.
Desde 1930 a 1943 nuestro país vivirá inmerso en la metafóricamente llamada "DECADA INFAME". La oligarquía intenta por todos los medios perpetuar el coloniaje. Frente a la crisis mundial desatada desde el gobierno se promueve un firmar un tratado con Inglaterra a fin de evitar la caída de la compra de materias primas. El Pacto es vergonzoso para nuestra dignidad nacional. El Pacto "Roca - Runciman" fue firmado en Inglaterra en 1933. En esta ocasión el Vicepresidente argentino Julio A. Roca (hijo) la siguiente declaración: "La geografía política no siempre logra en nuestros tiempos imponer sus límites territoriales a la actividad de la economía de las naciones. Así ha podido decir un publicista de celosa personalidad que la Argentina, por su interdependencia recíproca es, desde el punto de vista económico, una parte integrante del Imperio Británico. Por si quedaba alguna duda, Otro funcionario argentino que recibió el título de “Sir” de la corona británica que afirmó que la Argentina era “Una de las joyas más preciadas de su graciosa Majestad”.
El país del centenario parecía volver a levantarse sobre las cenizas. La oligarquía intentaba no ceder sus privilegios y para ello usa el aparato estatal que conservaban mediante el fraude.
Mientras tanto las villas miseria nacían en los alrededores de Buenos Aires, mostrando una realidad que muchos preferían no mirar. Como lo retrata E.S.Discépolo en su tango Yira, yira: "...cuando no tengas ni fe, ni yerba de ayer, secándose al sol; cuando rajés los tamangos buscando ese mango que te haga morfar...la indiferencia del mundo que es sordo y es mudo recién sentirás."
Llegamos así, a 1943. La crisis del sistema capitalista y la baja de las exportaciones e importaciones habían producido cambios profundos en la sociedad argentina. La industrialización por sustitución de importaciones genera una industria liviana y un aumento de la clase trabajadora. Pero la oligarquía parecía no querer darse cuenta que los tiempos históricos habían cambiado. Insistentes en mantener sus privilegios recién registraran a los obreros como sujetos sociales cuando desde los márgenes de la ciudad marchen a defender al coronel Perón, quien liderará un proceso profundo de Liberación Nacional.

Revoluciones y luchas por la independencia. Una visión latinoamericana


LAS DOS RUTAS DE MAYO. DOS MODELOS PAÍS. 
por Equipo de Formación del Centro Cultural Enrique Santos Discépolo.

La Revolución democrática hispanoamericana

La existencia de distintas interpretaciones sobre la Revolución de Mayo obedece a la íntima vinculación que tienen la historia y la política: “la historia es la política pasada, y la política la historia presente”1. La corriente historiográfica del revisionismo latinoamericano se basa en la visión de Alberdi, para quien “la revolución de Mayo es un capítulo de la revolución hispanoamericana, así como esta lo es de la española y esta, a su vez, de la revolución europea que tenía por fecha liminar el 14 de julio de 1789 en Francia”2.
La revolución francesa que había derribado los privilegios de los nobles y la concepción de que los reyes gobernaban por derecho divino, iniciará una política expansionista con el ascenso de Napoleón. En 1808, con el pretexto de atacar Portugal -fiel aliado de Gran Bretaña, su gran enemigo- el ejército francés invade España y toma prisioneros al rey Carlos IV y su hijo Fernando, a quienes obliga a abdicar el trono a favor del hermano de Napoleón. Carlos IV era la expresión de una monarquía degradada y corrupta, en tanto su hijo Fernando VII, debido a su oposición a su padre y a la corte en general, encarnaba la posibilidad de una regeneración progresista, a tono con el clima de época.
El 2 de mayo de 1808 el pueblo español dio inicio a una revolución nacional, en tanto se originó por rechazo al invasor francés, pero en su mismo desarrollo fue tornándose democrática pues si luchaba por la expulsión de los franceses, no buscaba restaurar el Antiguo Régimen sino concretar los ideales de libertad, igualdad y fraternidad; paradojalmente era en nombre de esos ideales que se lo estaba invadiendo. La forma organizativa que tomó la revolución fue la creación de juntas populares que juraron fidelidad el rey cautivo, Fernando VII, en quien cifraban la esperanza de la transformación democrática. Consecuentes con los ideales del liberalismo revolucionario, en enero de 1809 la Junta Central de Sevilla declara que los territorios de ultramar no son colonias sino provincias, y la junta de Cádiz las convoca a derribar a los virreyes, constituir juntas y enviar representantes para la sanción de una Constitución.
Pero hacia fines de 1809 y comienzos de 1810, los liberales revolucionarios en España comienzan a ser desplazadas por el Consejo de Regencia, donde priman las posturas absolutistas. Se extiende la sensación de que la Península está perdida, lo que origina que muchos militares abandonen España con el propósito de continuar la misma lucha en América (San Martín por ejemplo). Ante esta situación, en América entre 1809 y 1811 estallan revoluciones como una prolongación de la revolución acorralada en España, se forman Juntas que desplazan a los virreyes y juran fidelidad a Fernando VII, pues guardaban en él la misma esperanza que los juntistas peninsulares: Chuquisaca, La Paz y Quito en 1809, Caracas, Buenos Aires, Bogotá, México y Chile en 1810, y la Banda Oriental en 1811. De este modo asoma el carácter latinoamericano, democrático y antiabsolutista de la Revolución de Mayo.
Es decir que aquí la revolución fue inicialmente democrática, acompañando el proceso español, y luego, una vez que Fernando VII vuelve al poder en 1814 tras la caída de Napoleón y emprende una política absolutista que persigue a los liberales, la revolución se tornará independentista como única manera de conservar y profundizar las conquistas democráticas. Por eso el desplazamiento del virrey es en 1810 y la independencia 6 años más tarde.
Los actores sociales que se enfrentan en los sucesos de Mayo se dividen en dos grandes frentes, uno partidario del absolutismo y el otro heredero del “evangelio de los derechos del hombre”. El frente absolutista estaba conformado por la burocracia virreinal, las familias ligadas al monopolio comercial y la cúpula eclesiástica. En el frente democrático se encontraba la pequeña burguesía revolucionaria liderada por Castelli, Moreno y Belgrano -y que cuenta con el apoyo de los activistas conducidos por French y Beruti (los “chisperos”)-, las fuerzas armadas expresadas en Saavedra, y la burguesía comercial nacida al calor del contrabando y del libre comercio sancionado en 1809 (con un sector nativo y un sector inglés) cuyos exponentes políticos eran Rivadavia y Manuel García. La historia oficial está escrita desde la óptica de este último sector -profundamente probritánico y que tenía en el libre comercio su razón de ser- que se apropiará de la revolución después de la caída de Moreno y especialmente con el Primer Triunvirato3.
Durante la lucha contra el absolutismo, la disputa al interior del frente revolucionario va a estar dada por la conducción del mismo. Desde el comienzo se perfilan lo que Scalabrini Ortiz denominó “las dos rutas de Mayo”: una liderada por Moreno y la otra por Rivadavia”, y estos dos caminos o proyectos se enfrentarán a lo largo de nuestra historia. Los primeros meses estuvieron hegemonizados por el morenismo, momento en el que se intentó implementar el programa de la Revolución: el “Plan de Operaciones” redactado por el secretario de la Junta.
Los aspectos centrales del Plan pueden resumirse en 4 ejes: la búsqueda de apoyo popular, la política exterior, la democratización de la sociedad y el rol del Estado en la economía. De este modo, la necesidad de dotar al proceso de una base social de masas lleva a Moreno a señalar a Artigas como un hombre clave en la Banda Oriental. Respecto de la política exterior, se menciona la necesidad de ganar el apoyo de Gran Bretaña para defenderse tanto del absolutismo como de una supuesta invasión francesa, pero se señala el peligro que constituye este acercamiento transitorio, alertando el riesgo de caer bajo su dominio. En el aspecto político-social, el Plan buscaba asegurar la igualdad social como la única forma de resguardar la libertad, barriendo con todos los vestigios absolutistas mediante la aplicación de una violencia revolucionaria. En el aspecto económico, Moreno va a plantear por primera vez un problema que atraviesa toda nuestra historia: ante la ausencia de una burguesía nacional, es el Estado el que debe ocupar el rol unificador y ser el motor del desarrollo económico. Así propone medidas avanzadas, como la expropiación de los mineros del Alto Perú, la protección de las producciones locales, la restricción de las importaciones (en especial las lujosas, a las que califica de “vicio corrompido”) y la distribución del ingreso, pues la riqueza en pocas manos es como “el agua estancada”.
De mayo a diciembre de 1810 la Junta aplica las medidas del Plan, pero con la incorporación de los diputados del interior Moreno queda en minoría y renuncia. Morirá envenenado en alta mar. La burguesía comercial porteña, usando a Saavedra, desplaza al ala radicalizada, tuerce el rumbo de la revolución en abril de 1811 y con la creación del Primer Triunvirato en septiembre aplica una rebaja en los aranceles de importación y se enfrenta con Artigas. Los morenistas para esa fecha se hallan muertos o exiliados en las provincias. Recién volverán durante el Segundo Triunvirato, cuando San Martín -recién llegado de Europa- empiece a tener un protagonismo creciente. Precisamente, la llama de la revolución en las Provincias Unidas se mantendrá encendida con San Martín en Cuyo -donde aplicará medidas similares a las propuestas en el “Plan de Operaciones” para levantar el Ejército de los Andes- y con Artigas en la Banda Oriental y el litoral: ambos serán enemigos irreconciliables de Rivadavia.
Pero en 1814 la revolución entra en una encrucijada con el regreso de Fernando VII y la frustración de las esperanzas puestas en él. El 9 de julio de 1816 en Tucumán se declara la independencia de las Provincias Unidas en Sudamérica: asisten al Congreso diputados de provincias del Alto Perú, actualmente Bolivia. Pero el absolutismo, ya derrotado en Buenos Aires, permanece amenazante en Chile, Perú y el Alto Perú. De allí la necesidad de proseguir la lucha continental, pero el grupo rivadaviano se desentiende de la suerte de sus hermanos, contentándose con el libre comercio. El fin de la etapa de la emancipación en Latinoamérica llegará en 1824, con la batalla de Ayacucho, venciendo definitivamente al Imperio español.
Una vez derrotado el orden absolutista y declarada la independencia, la cuestión central será la organización de los territorios. Como dijimos, dentro del frente revolucionario está el germen de la guerra civil, que se expresará políticamente en la disyuntiva unificación-balcanización y económicamente en el dilema proteccionismo-librecambismo.

Las Guerras Civiles y la balcanización latinoamericana

La lucha unificación-balcanización y proteccionismo-librecambio marcó el contenido de las guerras civiles del siglo XIX a lo largo de todo el continente, con resultados inversos para las dos naciones que hoy se encuentran al sur y al norte del Río Bravo.
Esta disputa comienza en Nuestra América inmediatamente después del triunfo de las revoluciones democráticas, pero se intensifica a partir de la década del 20, una vez que la revolución -ya transformada en nacional desde el regreso de Fernando VII- concreta, con la batalla de Ayacucho, la separación de España. Desde ese momento la cuestión central residirá en la organización de una gran Confederación de Estados, como se planteará en el Congreso Anfictiónico de Panamá en 1826, pero los sueños de los libertadores se verán frustrados por el predominio de las tendencias disgregadoras. En 1825 se había creado Bolivia ante la desidia rivadaviana; en 1827 nacerá Uruguay; en 1830 la Gran Colombia se desmembrará con la secesión de Ecuador y Venezuela, y un lustro después estallará en pedazos la Federación Centroamericana de Morazán.
La existencia de fuerzas centrífugas (hacia afuera) en los puertos y de fuerzas centrípetas (hacia adentro) en los interiores, se repite en toda Latinoamérica: aquí recibió el nombre de unitarios vs. federales. Los puertos, dominados por las burguesías comerciales que se adueñan de la revolución, buscan establecer sólidos lazos con Inglaterra, el país que asoma como potencia hegemónica. De allí que su proyecto político sea netamente antinacional -entendiendo que la nación es América Latina-, probritánico y antipopular, basado en un liberalismo económico que aniquila las incipientes producciones del interior, lanzando a la desocupación a miles de hombres y generando la resistencia popular que en las Provincias Unidas se expresará mediante las montoneras federales. En cambio, las zonas interiores levantan la bandera de la unidad latinoamericana y la formación de Estados sobre los límites de los viejos virreinatos para luego confederarlos, propugnando un desarrollo económico autónomo, con participación popular, un fuerte mercado interno y según las necesidades propias.
Al calibrar la mira en las Provincias Unidas, vemos que existe una contraposición de intereses entre tres regiones distintas: el interior, el litoral y Buenos Aires. Esta contraposición es la que permite explicar el predominio del unitarismo en Buenos Aires y la existencia de distintos tipos de federalismo en las otras dos regiones. En el interior (de Córdoba hacia el norte y el oeste) levantaban la bandera del proteccionismo económico con el objetivo de defender sus incipientes industrias de carácter artesanal de la competencia extranjera, principalmente británica, en tanto que el puerto de Buenos Aires y el litoral (comerciantes y estancieros) eran partidarios del libre comercio que les permitía ubicar sus producciones en el mercado inglés, ávido de materias primas para continuar su Revolución Industrial. Respecto de los intereses del litoral, también tenían puntos de oposición con los de Buenos aires: la libre navegación de los ríos, el puerto único y la renta de la Aduana. Es la disputa alrededor de la renta aduanera la clave de la guerra civil en el Río de la Plata, ya que perdidas las minas de Potosí se constituirá en el recurso fundamental del tesoro público, al que aportaban todas las provincias y que una sola usufructuaba.
Resulta fundamental entender el papel de Gran Bretaña, pues una vez concretada la independencia política de España su lugar será ocupado por ella, “…cuya industria, mucho más adelantada, exigía la apertura de todas las zonas precapitalistas para sus artículos y para proveerse de materias primas. […] Inglaterra, si absorbía los productos del Litoral, arruinaba con los suyos -similares- a las provincias mediterráneas que no podían competir con ellos”4, pregonando, así, la división internacional del trabajo y la política del “divide y reinarás”.
Es decir, a la alianza entre las burguesías del puerto e Inglaterra se terminarán plegando los grandes propietarios de tierras y de minas de las distintas regiones de América Latina, que compartían con aquellos la necesidad del libre comercio para ubicar sus producciones en el mercado mundial.
En las Provincias Unidas la vinculación entre la elite porteña y Gran Bretaña encontró terreno fértil durante la presidencia de Rivadavia, cuando con el empréstito Baring Brothers en 1824 se inaugura la triste historia de la deuda externa, un arma de dominación que cumplirá una doble función opresora como imposición de planes económicos expoliadores y como saqueo permanente de recursos en toda Latinoamérica, además de dar lugar a un festival de corrupción. El posterior fusilamiento de Dorrego a manos de los unitarios será la antesala de una feroz represión conducida por Lavalle y un anuncio de lo que la violencia oligárquica es capaz de hacer.
Es necesario aclarar que los estancieros de la Pampa Húmeda, en su etapa de formación como clase, no se hallan subordinados políticamente a la burguesía comercial ni sus producciones al mercado europeo. El rosismo es la expresión más nacional y popular de ese momento de los estancieros bonaerenses, lo que hace comprensible la ley de Aduanas y la defensa de la soberanía ante los bloqueos anglo-franceses, por la cual San Martín le lega al “Restaurador” el sable de la Independencia. Sin embargo, de la posterior confluencia entre los estancieros de la Pampa Húmeda y los comerciantes del puerto nacerá la oligarquía terrateniente, cuyo jefe político será Mitre. Esto ocurrirá a partir de 1852, luego de la caída de Rosas. También en ese momento el urquicismo mostrará el carácter conciliador del litoral, en tanto encuentra coincidencias y oposiciones con las otras dos regiones.
Los intentos del urquicismo por federalizar Buenos Aires y nacionalizar la renta aduanera -tareas que el rosismo no realizó- serán rechazados por la oligarquía mitrista, que también se oponía a la igualdad de representación de las provincias en el Congreso Constituyente. Esto explica que Buenos Aires no envíe sus diputados, rechace la Constitución del 53 y se separe de la Confederación hasta 1862, pretendiendo incluso crear la República del Río de la Plata. Habrá que esperar hasta 1880 para dar por concluida la guerra civil, cuando el roquismo venza por las armas al mitrismo, federalice Buenos Aires y nacionalice la Aduana. Pero esta victoria llegará demasiado tarde: las bases del modelo agroexportador, es decir de una economía complementaria y subordinada a la británica, ya han sido echadas durante la presidencia de Mitre entre 1862 y 1868, con la instalación de bancos ingleses y el trazado de los ferrocarriles en abanico hacia el puerto de Buenos Aires.
Pero no alcanza con referirnos a la definición del caso argentino para entender la inserción dependiente de nuestras economías en el mercado mundial. El carácter latinoamericano no solo atraviesa a la Revolución de Mayo sino también a las guerras civiles y a su resolución.
El único país que en la primera mitad del siglo XIX logra llevar a cabo un desarrollo autónomo es Paraguay, cuya temprana independencia en 1811 fue el modo que tuvo esta provincia de resguardar sus derechos frente al centralismo porteño. Encerrado en sus fronteras, Paraguay experimentará un desarrollo económico autocentrado, autónomo e insólito para la región.
Resulta interesante rastrear los puntos de contacto entre las soluciones de los líderes paraguayos Gaspar Francia, Carlos López y su hijo Francisco y las propuestas planteadas por Moreno en su “Plan de Operaciones”, así como con la política llevada a cabo por San Martín en Cuyo. Ante la ausencia de una burguesía nacional, el Estado ocupa su lugar como motor del desarrollo, buscando los recursos allí donde estos se encuentren: confisca y estatiza las tierras, monopoliza el comercio exterior, regula la entrada de productos extranjeros, interviene en el comercio interior mediante tiendas de propiedad estatal, lo que impide la formación de una burguesía comercial urbana, germen de una futura oligarquía “…que a la larga o a la corta hubiese sido controlada por el comercio de Buenos Aires, que es como decir por los comerciantes ingleses”5.
Los resultados son sorprendentes: Paraguay construye ferrocarriles y telégrafos en función de su desarrollo, instala fábricas de pólvora y altos hornos como semilla de una industria pesada, diversifica sus cultivos, agrega valor a sus materias primas de exportación mediante incentivos tributarios, construye una flota fluvial y marítima y alcanza elevados niveles de educación. La independencia económica se constituye como base de la soberanía política y este proceso que se realiza sin capital extranjero cuenta con una marcada aceptación popular.
Por ello era un mal ejemplo para sus vecinos, pues la prosperidad del Paraguay refutaba la supuesta incapacidad congénita de los americanos para progresar por sí mismos, debiendo acudir a la panacea del capital extranjero. De allí la necesidad de aniquilar esta experiencia como condición para resolver la guerra civil del sur de Latinoamérica, coronando la última etapa iniciada en la batalla de Pavón (1861). La guerra civil se resuelve mediante un triple genocidio: la represión a las montoneras federales (1862/1870), la guerra del Paraguay (1865/1870) y la mal llamada “Conquista del Desierto” (1879).
La guerra del Paraguay asume así un carácter de guerra civil latinoamericana, por el cual las oligarquías de Buenos Aires y Montevideo junto con el Imperio del Brasil -instigados y financiados por el gran beneficiario de esta contienda: el Imperio Británico- se enfrentan al pueblo paraguayo y a los federales argentinos y uruguayos.
Esto sucederá al mismo tiempo que Estados Unidos define su propia guerra civil (1861-1865). Mientras que allí el norte industrial vencerá al sur esclavista -partidario de la exportación de tabaco y algodón y de la importación de manufacturas europeas- iniciando un intenso proceso de crecimiento de la industria y del mercado interno, protección aduanera, unificación y expansión geográfica, aquí las fuerzas centrífugas de los puertos se impondrán a los interiores proteccionistas: “…estos Estados, que Bolívar y San Martín hicieron lo posible por reunir y confederar desde los comienzos, se desarrollan independientemente, sin acuerdo y sin plan […] (saltando) a los ojos el contraste entre la unidad de los anglosajones reunidos en una nación única, y el desmigajamiento de los latinos, fraccionados en veinte naciones”6.
¿Cuál es -se pregunta Ugarte- la causa del “progreso inverosímil” del Norte? “Lo que lo ha facilitado es la unión de las trece jurisdicciones coloniales”, en cambio “la América hispana comprende algunas comarcas de prosperidad inverosímil, pero en conjunto prolonga una etapa subalterna […] sólo importa productos manufacturados y sólo exporta materias primas”7.
De esta manera, al crearse 20 países donde debía fundarse una nación, se frustran los ideales de Mayo y las aspiraciones de los libertadores: el proceso de balcanización, el “desmigajamiento”, convertirá a los países “independientes” en semicolonias subordinadas al imperialismo británico (América del Sur) y al naciente imperialismo yanqui (América Central), según la división internacional del trabajo. Y estos modelos basados en la exportación de materias primas o extracción de minerales se apoyarán en Estados oligárquicos. Es decir, dependencia económica, injusticia social y elitización política serán el corolario.

1 JAURETCHE, A., Política nacional y revisionismo histórico, Buenos Aires, Peña Lillo, 1959, p. 53.
2 ALBERDI, J. B., Grandes y pequeños hombres del Plata, citado en GALASSO, N., La Revolución de Mayo y Mariano Moreno, (“Cuadernos para la Otra Historia”, nº4), Buenos Aires, Centro Cultural E. S. Discépolo, 2000, p. 11.
3 Véase en GALASSO, N., La Revolución de Mayo…, op. cit. p. 15.
4 RIVERA, E., José Hernández y la guerra del Paraguay, Buenos Aires, Colihue, 2007, pp. 21-22.
5 POMER, L., La guerra del Paraguay. Estado, política y negocios, Buenos Aires, Colihue, 2008, p. 45.
6 UGARTE, M., El porvenir de América Latina, Buenos Aires, Indoamérica, 1953, pp. 58 y 61.
7 Ibídem, pp. 52 y 61.