domingo, 3 de junio de 2018

UNA VISIÓN DE PATRIA GRANDE

Colectivo Político Carpani

Nuestros países latinoamericanos se encuentran en caída libre, tanto desde el aspecto institucional y la estabilidad política, como, especialmente, de sus economías. Después de más de una década de ciclo nacional democrático, mediante un proceso veloz de demolición de la Patria Grande y de imposición de políticas económica procíclicas, en el lugar de las anticíclicas que, en líneas generales, se ensayaban. El regreso del denominado neoliberalismo no es otra cosa que la imposición de la vieja intención de recolonización imperialista de los Estados Unidos y el poder financiero occidental, de control geopolítico de los gobiernos, y sobre los recursos económicos, naturales -hidrocarburos, agua, minería- y de fuerza de trabajo de los pueblos.
La desintegración de nuestra América es la reproducción ampliada de la destrucción de las regulaciones estatales en la mayoría de nuestros países, con la excepción de Bolivia, Venezuela, Nicaragua y Cuba. Reflejo del caos nacional en Argentina y Brasil, particular pero no únicamente, no hay, actuamente, ningún organismo supranacional con legitimidad suficiente desde donde acumular fuerzas a favor del interés nacional latinoamericano. La UNASUR y la CELAC han sido vaciadas, el MERCOSUR cuestionado en su fundamento principal con la exclusión de Venezuela y su injustificado giro hacia la Alianza del Pacifico y el forzado acuerdo, aún no concretado, de libre comercio con la Unión Europea. Hasta la OEA es inútil en este panorama, la que parece haber caído por el barranco de la historia sin retorno. Para colmo, la última Cumbre de las América fracasó en un lánguido bostezo que solo sirvió para los intereses de Estados Unidos, con control a distancia porque su presidente ni se tomó la molestia de viajar. Así, emergió un fantasmal Grupo de Lima, con la única finalidad de ser punta de lanza en la agresión planificada y sostenida por los Estados Unidos contra el país bolivariano, con sus promesas de violencia y guerra. Desde la invasión a Panamá en 1989 de tropas estadounidense, con más de 3.000 muertos, que no había una amenaza directa igual.
Además, una nueva doctrina de seguridad militar se impone desde los Estados Unidos: la militarización de favelas en Brasil, la amenaza de intervención militar directa o indirecta sobre Venezuela, y el reciente anuncio de una base “humanitaria” en la provincia de Neuquén, son parte de esa estrategia de dominio geopolítico imperial.
Ya no se trata de la imposición de un modelo de fragmentación, bajo el lema de dividir para reinar, o la integración para la dominación del panamericanismo de los años 1960 revivido en los 1990 con el Consenso de Washington, sino de un escenario de caos sin dirección aparente ni visible. Se trata de una mutación del tipo de dominación imperialista en la región. El predominio del poder financiero es un proceso histórico que tuvo su origen en las dictaduras del cono sur, y el despliegue de una estrategia imperialista con base en la opresión brutal de los pueblos, el sometimiento de sus fuerzas armadas -con la excepción de Venezuela, de donde saldría el militar antiimperialista Hugo Chávez- y el mecanismo financiero de la deuda externa y fuga de capitales,
Latinoamérica está siendo sometida entera a un nuevo experimento imperial, en el que toda expresión del estado nación como lo conocemos, es objeto de destrucción, con la finalidad de crear un escenario de tierra arrasada y poblaciones debilitadas para ser sometidas al capricho depredador de la especulación financiera. Sin industrias, ni mercados internos, trabajadores, campesinos, comunidades y, especialmente, sin ningún tipo de regulación, o sea la destrucción de los vínculos comunitarios y solidarios de base, y del estado.
El escenario de México es un testimonio de ello, con más de 100 políticos asesinados y de 2000 militantes sociales, tan solo este año, en el cual habría elecciones presidenciales y las encuestas dan todas ganador a Andrés Manuel López Obrador, del partido significativamente llamado Movimiento de Regeneración Nacional. Habrá que seguir el desarrollo del conteo de votos y la relación de fuerzas para llevar a cabo el plan de gobierno que promete, de recuperación del petróleo, defensa del trabajo, la tierra y el capital nacional. Alguna vez lo calificamos de la etapa superior del neoliberalismo por ser el lugar donde el acuerdo regional de libre comercio había desarrollarse con el NAFTA a diferencia de sudamérica, en donde el ALCA fracasó. Nuestros países tejen y destejen la historia de la Patria Grande sin lograr alcanzar la realización de la obra completa de un destino nacional común, mientros batimos entre un destino de patria grande o la frustración de ser una gris factoría financiera. ¿Puede Latinoamérica, sin costo alguno, ir a la deriva en el océano hostil y ajeno, sin dirección propia?
II.
Mientras los regímenes neoliberales de raíz semicolonial, están en caída libre; al menos hasta que no consoliden un sistema político de dominación. El problema es que, de no surgir una alternativa latinoamericanista, la caída arrastrará a todos los pueblos del continente. Es imprescindible mantener una visión de Patria Grande, en el medio del derrumbe. La recuperación de una senda de soberanía nacional latinoamericana es estratégica. El ya antiguo eje Buenos Aires-Brasilia-Caracas, a partir del cual se articulaba la alianza sudamericana, se ha quebrado pero aún resiste: la resistencia a la reinserción de Argentina en el FMI, el destino político de Lula y el triunfo electoral del Chavismo en Venezuela, son hechos políticos de cuyo desenlace depende el futuro inmediato sudamericano, a lo que se le suma la aparición política del progresismo colombiano que desafía a los rancios conservadores que se jactan del ingreso de Colombia a la OTAN. El triunfo del Chavismo en Venezuela es una muestra de la voluntad de autodeterminación de su pueblo organizado, a la vez que Evo Morales se sostiene con base en una amplia alianza social de base popular. Justamente, el líder boliviano fue quien, en la Cumbre de los Américas, alzó su voz para decir que el capitalismo es el peor enemigo de la humanidad y que la principal amenaza contra la paz es Estados Unidos. Y que no es tiempo de invasiones sino de integración. Un mensaje de esperanza y una visión de Patria Grande.
1 de junio de 2018.


miércoles, 16 de mayo de 2018

¿PATRIA GRANDE O FACTORÍA FINANCIERA?


¿Patria Grande o factoría financiera[i]?
El alejamiento de la UNASUR, anunciado por Argentina, Brasil, Colombia, Perú, Chile y Paraguay es un capítulo más del proceso reaccionario que padece nuestra región. La excusa es insensata. Acusaron falta de liderazgo de parte del presidente pro tempore, el primer mandatario de Bolivia Evo Morales, cuando la UNASUR cuenta con un procedimiento de toma de decisiones por consenso entre sus integrantes. Más bien lo que les molesta es la posición declaradamente antiimperialista del líder boliviano y la propia existencia del organismo, lo cual es un estorbo para sus propósitos de abandono del proceso de unificación regional promovido en el último ciclo político.
La Unión de Naciones Suramericanas fue fundada el 23 de mayo de 2008 con el objetivo de avanzar en la soberanía de la región en materia política y de defensa, a la vez que se declaraba a Sudamérica una zona de paz, libre de guerras y bases extranjeras con la excepción de Colombia. La UNASUR fue el instrumento de constitución de una voluntad común regional, para asistir a Bolivia cuando sufrió el intento de secesión por parte de los sectores de la Medialuna, a Ecuador cuando ayudó a frustrar el golpe policíaco contra Rafael Correa, medió entre Venezuela y Colombia en 2010 y, antes –en la reunión del Tratado de Río de Janeiro- entre Ecuador y Colombia. Y también el importante antecedente de haber denunciado fuertemente los golpes en Honduras, contra Manuel Zelaya, y Paraguay, contra Fernando Lugo. Su abandono tiene el significado de una expresa renuncia a los objetivos mencionados, a  la soberanía nacional y a la constitución de una confederación de países sudamericanos, en un gesto de obsecuencia mendicante de los gobiernos de turno hacia el poder imperial de los Estados Unidos.
La unidad sudamericana tuvo el rol de sostener el despliegue de políticas de autonomía de los países, con la relativa, pero importante e inédita, autonomía del sistema financiero internacional, el perfil productivo con tendencia industrialista del desarrollo de sus economías, con preeminencia del mercado interno y la redistribución social de la riqueza generada, así como la defensa de las instituciones democráticas. Podemos contar, entre varios hechos destacados de ese ejercicio concreto de la autonomía económica, el pago en forma coordinada de la deuda total al FMI por parte de Kirchner y Lula, el crecimiento del comercio intrarregional y la proyección no concretada de una estructura financiera propia, a través del Banco del Sur, que le permitiera a la región responder a los problemas estructurales de fuga de capitales, la debilidad externa, necesidad de financiamiento para proyectos de infraestructura como los de transporte.
El vaciamiento de los organismos regionales se viene practicando junto con una serie de actos igual de humillantes y contrarios al interés regional. La hostilidad hacia Venezuela manifestada en la aplicación  de la cláusula democrática para su exclusión del MERCOSUR, quebrando el principio de adopción de decisiones por unanimidad, lo que es un retroceso incluso a tiempos anteriores al acuerdo entre Alfonsín y Sarney. En peor situación se encuentra la casi inexistente CELAC,  desde donde se había consolidado el reclamo regional sobre las Islas Malvinas y el Atlántico Sur, y cuya finalidad era, justamente, sustituir a la OEA, respecto de la cual Fidel Castro se preguntaba si tenía “derecho a existir” por su  posición proimperialista[ii]. La CELAC venía cumpliendo la tarea de desplegar su autonomía geopolítica, a partir de acercar en bloque a la región a los BRICS. 

cafmexico.mx/
Ahora, estamos ante una nueva ofensiva del imperialismo financiero en la región -grandes bancos, fondos de inversión, grupos económicos y su operador predilecto, el FMI-, por medio de los regímenes oligárquicos que funcionan como correa de transmisión de la crisis financiera internacional, del centro a la periferia. Esa alianza entre las oligarquías terratenientes, bancarias, mineras y petroleras, y el poder financiero occidental con centro en los Estados Unidos, despliega su proyecto de recolonización continental, después de más de una década de ciclo nacional democrático, mediante un proceso veloz de demolición de la Patria Grande y de imposición de políticas económica procíclicas, en el lugar de las anticíclicas que, en líneas generales, se ensayaban.
Sirve para ilustrar la opinión del FMI, difundida en recientemente en un documento, en el que expresó sobre Latinoamérica que “los niveles de apertura comercial son bajos si se los compara con los de otras regiones, y el problema es más pronunciado en Argentina y Brasil” y alertó, de paso para diluir dudas, sobre el riesgo del populismo para la ejecución de reformas muy necesarias”[iii].
En esa dirección contraria al interés de los pueblos latinoamericanos, las oligarquías locales confluyen en una voluntad común regional para la subordinación general, que se expresa, en la medida y fuerza de sus avances políticos, en agrupamientos propios. La Alianza del Pacífico, con su objetivo de recrear acuerdos regionales de libre comercio, tras el fracaso del TTP por decisión de política interna proteccionista del propio mercado industrial de los EEUU por parte de Donald Trump, y la insistencia del acuerdo de libre comercio entre Mercosur y la Unión Europea. Y el más reciente invento del Grupo de Lima, con el fin de  atacar políticamente a Venezuela, con su postura de no reconocer un futuro y eventual triunfo electoral de Nicolás Maduro, lo que constituye una injustificada injerencia externa y anuncia una nueva ofensiva golpista. El fracaso de la última Cumbre de las Américas en Lima, con el desplante de Trump, la prohibición del acceso a la delegación venezolana –cuyo país, junto al golpismo y la agresión externa, sufre una guerra económica-, tuvo como temas principales los preferidos de Washington para la región: gobernabilidad y corrupción. Dos temas propios de una nueva agenda injerencista.
Claro que destacan  las excepciones dignas de Bolivia, Venezuela y Nicaragua -que vive jornadas de  drama, alta tensión y cuyo desenlace es incierto-, y por supuesto, la nota extraordinaria de Cuba. Este último con la significativa renovación de su máxima autoridad, mediante procedimientos democráticos, mientras los dos primeros sufren, de diferente manera, de la presión imperialista para hacerlos recorrer el camino transitado por Honduras y Paraguay. Ni qué decir de Ecuador, en donde se ha anunciado un giro hacia el poder financiero, dejando atrás la revolución ciudadana. Solo Evo Morales resiste, con base en la fortaleza de una alianza social y una visión antiimperialista que le permite caracterizar el juego perjudicial de intereses de los diferentes actores regionales.
La crisis económica de Argentina, que la empuja hacia la debacle social, se despliega en el contexto de esta regresión generalizada en el continente. Los casos de México y de Grecia deberían de servirnos como testimonio del futuro inmediato. Con una mezcla de revanchismo, odio de clase, oportunismo y vocación tradicional de servidumbre, los regímenes oligárquicos gobernantes nos conducen a la deriva y a la intemperie, en medio de una tormenta geopolítica donde, por otro lado, el imperialismo occidental choca, económica y militarmente, con las potencias emergentes, China y Rusia.



Globalización, democracia y crisis.
La globalización financiera impuso en Latinoamérica la hegemonía del capital financiero occidental y un modelo de acumulación basado en la especulación y la caída del ingreso de la clase trabajadora, la crisis del mercado interno y la desindustrialización de nuestros países, y, especialmente, una debilidad externa y una dependencia de los centros financieros por medio de la deuda externa o, como en el caso de Brasil, de la inversión extranjera directa del sector financiero. Esto impacta en los regímenes institucionales, sin que aún se pueda precisar sus contornos definitivos, aunque no serán los mismos que en los años 1980 y 1990.
Este modelo económico fue impuesto por las dictaduras del cono sur en los años 1970, a partir de una estrategia de represión brutal y planificada, por medio del Plan Cóndor y con apoyo de los Estados Unidos. Pionera fue la de Brasil, la más larga dictadura, desde 1964. Todas ellas, quebraron  las iniciativas de soberanía y unidad regional de los diferentes movimientos nacionales -hoy, algunos, los denominan populismo- y las expresiones de organización de la clase trabajadora, como el caso del poderoso movimiento obrero en Argentina,
El regreso de los regímenes democráticos en los años 1980 no fue suficiente para revertir el proceso de entrega, y se rindió impotente ante la presión del FMI y el Banco Mundial. El Consenso de Washington imperó hasta la llegada al poder político de una nueva serie de movimientos nacionales. En 1999, llegó Hugo Chávez con su política de unidad regional para aunarse y confrontar, en la medida que las relaciones de fuerza lo permitían, con el poder imperial.
Pero el imperialismo norteamericano y financiero debió haber extraído sus propias conclusiones sobre el ciclo latinoamericanista, lo cual posiblemente impacte sobre la conveniencia de mantener regímenes democráticos. Las reglas de la democracia han sido fuertemente modificadas en sentido regresivo, por medio de la instauración de regímenes oligárquicos, con instituciones representativas fuertemente desprestigiadas con sustento esencial en los poderes económicos concentrados, las multinacionales, y una alianza de los grandes medios de comunicación y de los sectores judiciales. Sus orígenes están en los denominados “golpes blandos”, que son en rigor, quiebres de los órdenes democráticos mediante la utilización artera y desnaturalizada de las propias instituciones, en particular la connivencia espuria de los poderes legislativo y judicial. Se trata de una transformación profunda de las reglas del juego democrático, al menos tal y cómo se las conocía desde los 1980. Esto instala el interrogante acerca del procedimiento viable y eficaz para desplazar a las fuerzas reaccionarias del poder político, así como de la garantía de contar, de aquí en más, con elecciones libres y sin interferencias.
Las elecciones próximas en Venezuela, Colombia y  México serán una prueba del rumbo inmediato de la región. A tono, recientemente ha alertado públicamente que EEUU y la OEA, implementan un plan para derrotar a Venezuela, por medio de acciones violentas apoyados por los medios de comunicación y que después de las elecciones intentarán una invasión militar con FFAA de países vecinos[iv]. En definitiva, así como el regreso a la dependencia económica y política de nuestros países es la causa principal de la crisis en la que están sumergidos, la renuncia a formar una voluntad en un bloque común es el camino de la profundización de la crisis regional.

¿Se cerró definitivamente el ciclo histórico de los movimientos nacionales y populares en Latinoamérica?
Nuestros países tejen y destejen la historia de la Patria Grande sin lograr alcanzar la realización de la obra completa de un destino nacional común, mientras nos batimos entre un destino de patria grande o la frustración de ser una gris factoría financiera. La autodeterminación de los pueblos sudamericanos y latinoamericanos, se liga fuertemente a la construcción de una entidad comunitaria superadora que los integre en una única voluntad geopolítica y económica en el concierto mundial.
La cuestión nacional en Latinoamérica -cuya realización está pendiente desde las luchas por la emancipación política en el siglo XIX-, entró en retroceso. Los ciclos kirchneristas y del PT en Brasil, encontraron límites que no pudieron superar, pese a todo lo progresivo y defensa del interés nacional sudamericano que tuvieron. 
La experiencia histórica concreta muestra incluso un panorama similar en otros tiempos, como la caída del peronismo en nuestro país y el varguismo brasilero -solo para citar los dos países más fuertes de sudamérica-, donde ambos procesos de liberación nacional, latinoamericanistas y de reivindicaciones sociales, se vieron interrumpidos por la ofensiva de las fuerzas reaccionarias locales aliadas al imperialismo. Los movimientos nacionales encontraron, de una manera o de otra, rasgos de agotamiento, principalmente a partir de las dificultades para modificar la estructura social y económica, en la integración regional en áreas estratégicas de la economía, y el debilitamiento de las alianzas sociales policlasistas, a partir de la erosión de la base. En el caso de Brasil, las disidencias razonables del MST y de la CUT derivaron en confrontación contra Dilma Rousseff, mientras que el final se precipitó por un acto de traición del partido aliado principal, en el contexto de un sistema político profundamente corrupto. Y tanto en Argentina como en Brasil, buena parte de los sectores medios se mostraron vacilantes o directamente brindaron su apoyo fervoroso a las propuestas conservadoras, debilitando así la alianza social nacional popular. La prisión política de Lula, además de mostrar la urgencia de los sectores dominantes por despejar cualquier posible regreso nacional democrático, a la vez revela la impotencia del movimiento popular por dar respuesta eficaz. 
La esperanza está en mantener vigente en el seno de  nuestros pueblos el ideario de la unidad latinoamericana, para desarrollarnos con independencia económica y soberanía política, a partir del cual los movimientos nacionales puedan relanzarse, tanto en lo organizativo como en la búsqueda de programas de país a partir de las enseñanzas que este retroceso generalizado nos arroja. Después de todo, como explicaba Perón en ese documento notable que es La hora de los pueblos: “la historia de los pueblos hasta nuestros días ha sido su lucha contra los imperialismos, pero el destino de éstos ha sido siempre el mismo: sucumbir”. Hay que bregar e insistir para que, pese a la actual crisis provocada por la presión imperialista en la región, vuelva a sonar en nuestra América, la hora antiimperialista de los pueblos, la única capaz de señalar correctamente un rumbo de paz, realización y liberación.
Mayo de 2018.


i) En portugués “feitoría”. La palabra factoría designaba, en la época del imperio portugués, a sitios establecidos en las colonias, generalmente cerca del puerto, donde la metrópoli comerciaba con los lugareños, por medio de una red de mercaderes que proseguían exclusivamente los intereses foráneos. Hubo factorías en la costa africana, con el fin de comerciar esclavos, oro, marfil, y otros productos.
ii) En una nota publicada en www.cubadebate.cu, el 14 de abril de 2009, en ocasión dela V Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago.


lunes, 19 de febrero de 2018

AMADO OLMOS Y LA ACTUALIDAD DE SU PENSAMIENTO


El pasado 27 de enero se cumplió un aniversario de su fallecimiento ocurrido, por un accidente de auto en Villa María (Córdoba), en 1968. Pero esta nota no se trata solo de una tardía efeméride, sino de traer al presente el núcleo del pensamiento de quien fuera uno de los líderes sindicales principales del sindicalismo peronista combativo de su época, en vísperas de la primera movilización de importancia frente a la política económica regresiva y de ajuste del régimen liberal conservador imperante. Veamos su pertinencia aunque primero bien vale recordar una breve reseña biográfica, sin pretensión más que la de servir de contexto para entender sus planteos principales.
1.
Amado Olmos nació en Rosario (Santa Fé) en 1918. Fue dirigente sindical del Sindicato de la Sanidad, siendo su secretario general durante el peronismo, movimiento político al cual adhirió en forma militante. Incluso, en 1955, llegó a ser, unos meses antes del golpe, diputado nacional por el partido peronista. Luego, conocería la prisión en condición de preso político, siendo alojado en diferentes cárceles como Caseros, Rawson, Bahía Blanca, la Penitenciaria Nacional, Rosario, desde el derrocamiento de Perón, luego en 1959, tras la toma del Frigorífico Lisandro de la Torre, y en 1960 por su participación en el levantamiento del General Miguel Angel Iñiguez.
Participó activamente en la creación de las 62 organizaciones gremiales en 1957, e impulsó ese mismo año el histórico Congreso de La Falda (Córdoba), el plenario nacional de las 62 organizaciones. En 1962, destacaría su influencia en la creación de Unidad Popular, la lista política que triunfaría en las elecciones a gobernador de la Provincia de Buenos Aires, con la figura del sindicalista Andres Framini, luego anulada, y por la cual llegó a ser electo diputado nacional. En ese mismo 1962, presidió el plenario nacional de las 62 organizaciones en Huerta Grande (Córdoba), dando lugar al célebre programa. Se le atribuye haberle aconsejado a Perón que mudara su residencia de la España franquista a la Cuba socialista, para fortalecer su posición antiimperialista; idea a la cual adheriría John William Cooke.
La perspectiva de unificación de la CGT aparecía fuerte en 1968, con la figura de Amado Olmos fortalecida para ocupar el rol de secretario general, lo que se frustró con su repentino fallecimiento en enero de ese año.
2.
Hasta aquí, una información básica pero suficiente como para ubicarlo entre los principales referentes del sindicalismo combativo de los años 1960, junto con Sebastián Borro, Augusto Vandor, Agustín Tosco, Avelino Fernández, Jorge Di Pasquale, Raimundo Ongaro, Atilio Santillan. Ahora señalemos las líneas principales de su visión sobre la lucha sindical y la realidad política del país, cuya vigencia toma sustancia en el presente, donde al interior del movimiento obrero aparecen líneas divergentes sobre cómo posicionarse frente a las políticas contrarias a los trabajadores y relacionarse con las fuerzas políticas opositoras al régimen. 
En este sentido, Amado Olmos fue una de las máximas expresiones del desarrollo sindical combativo y consecuente durante el ciclo abierto a partir del golpe de 1955, caracterizado por el fuerte protagonismo sindical y, políticamente, por la proscripción del peronismo. En este contexto opresivo, destaca entonces su planteo acerca de la necesidad del movimiento obrero organizado de superar la mera reivindicación gremial, sin denostar su importancia, para avanzar en el protagonismo de la lucha política.
Esta última idea, orientadora de la acción sindical, ha dejado una huella profunda en la tradición obrera. La persistencia en el tiempo de esa ligazón entre el movimiento obrero organizado y el peronismo, expresa esa búsqueda incesante, aunque de diferente intensidad, de parte del tronco mayoritario de las fuerzas sindicales.
Además, Amado Olmos hacía el planteo profundo y certero, característico del sindicalismo de liberación: la lucha de los trabajadores es por la construcción del frente nacional de liberación y por disputar la dirección política del mismo. Dejando bien en claro la convicción que las consignas del frente de liberación nacional deben ser las planteadas históricamente por el peronismo: la soberanía política, la independencia económica y la justicia social. El sindicalismo, además de levantarse para defender y ganar derechos laborales y sociales, y mejoras en las condiciones de trabajo, debía alzar un programa de nación. La liberación social y la nacional son asuntos prioritarios para la clase trabajadora. Los conocidos programas históricos de La Falda y Huerta Grande, suponen esta concepción integral del sindicalismo, al incluir entre sus enunciados la nacionalización de las áreas centrales de la producción, el control estatal del comercio exterior, la liquidación de los monopolios extranjeros, el control obrero de la producción y la integración con el resto de Latinoamérica. 
Suele recordarse de Olmos, una conferencia en el Sindicato de Trabajadores del Tabaco que luego sería publicado con el significativo título “Los trabajadores, la conducción política y su hegemonía en la lucha por la liberación nacional”. Allí, entre otras cosas, sostiene esto que transcribimos a continuación a modo ilustrativo:
“Tenemos que estructurar nuestra unidad interna y dentro de ella plantear la significación histórica de nuestra lucha. Defender el lugar que las organizaciones obreras y los obreros hemos ocupado y el lugar que habremos de ocupar para evitar que se repitan las dispersiones, las vacilaciones, las entregas y el privilegio (…) Nosotros no pretendemos un partido de clase, que sería en última instancia la negación del Justicialismo pero si exigimos la hegemonía en la dirección táctica del Partido (…) Tenemos pendiente una gran Revolución Nacional, para esa tarea fuimos convocados un 17 de octubre y para esa misma revolución nos estamos preparando. En la hora de la derrota, en los momentos de la dispersión y el desastre nos autoconvocamos, fuimos nosotros quienes recogimos las triples banderas de la Soberanía Política, de la Justicia Social y la Independencia Económica, las salvamos cuando toda una clase de dirigentes las había abandonado. Ese es nuestro mérito histórico. Entendemos que un gran debate en el seno del movimiento se aproxima, este es nuestro modesto aporte”.
Como se ve, las cuestiones centrales son puestas en evidencia y en el centro del debate. La necesidad de un movimiento obrero unificado, la reivindicación de un rol político protagónico y central en las disputas políticas del país, la tarea de formar un frente nacional de liberación policlasista –de raíz antioligárquica  y antiimperialista- , el problema vital de la dirección política de ese frente, la tarea pendiente de realizar una revolución nacional, la reivindicación de la tradición de la lucha de los trabajadores como factor de progreso social y democracia para el país, el mérito histórico del 17 de octubre de 1945 y del peronismo como movimiento de liberación con un programa de país con eje en las tres consignas clásicas.
Y finalmente, la crítica de las conducciones gremiales sin objetivos propios, y por ende el aporte para un modelo sindical de lucha, como al afirmar la necesidad de un sindicalismo integral, “que se proyecta hacia el control del poder, que asegura en función de tal el bienestar del pueblo todo. Lo otro es el sindicalismo amarillo, imperialista, que quiere que nos preocupemos de los convenios y las colonias de vacaciones solamente”. Se trata de una concepción del sindicato como posibilidad de bastión nacional y promotor de la lucha integral por la liberación nacional.
Amado Olmos no fue el único en tener estas posiciones, las que eran compartidas por una tradición sindical cuya memoria persiste, pero se trata de un testimonio de vida y compromiso notable y digno de reivindicar. Las cuestiones que se plantean abren líneas de debate y cuestionamiento en el presente, para orientar las acciones de reivindicación y organización gremiales.
Javier Azzali, 19 de Febrero de 2018

Fuentes:
http://www.robertobaschetti.com/biografia/o/43.html
Cuaderno de formación político sindical CTERA - Centro de Estudios Históricos, Sociales y Políticos Felipe Varela, 2015.

“Los trabajadores, la conducción política y su hegemonía en la lucha por la liberación nacional”, de Amado Olmos. Folleto de la Fundación Raúl Scalabrini Ortiz. Del sitio web: eltopoblindado.com

domingo, 18 de febrero de 2018

NOTAS PARA LLEGAR AL PERIODISMO





Los invito a leer la nota que compartimos más abajo.
El autor se interroga acerca del rol del periodismo en el medio de la concentración mediática, cuya primera víctima es la autenticidad, la búsqueda de la verdad y el sentido crítico.
Su trayectoria lo avala fuertemente. Décadas de bregar desde la pluma y la información en el campo popular, con una mirada explícitamente situada desde el pueblo y el sur del planeta.
Su posición, en esta nota, es una explicación razonada y actualizada de la mejor y más auténtica tradición del periodismo nacional, en el cual militaron enormes figuras como José Hernández, Mariano Fragueiro y Olegario Andrade en el siglo XIX, con antecedentes como los viejos cuadernos de FORJA en los años treinta, y pensadores cuyo compromiso con la verdad fue, al mismo tiempo, con la causa de la liberación nacional y la justicia social de nuestro pueblo, como Manuel Ugarte, Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, para nombrar a los más conocidos.
Justamente, este último, ese descubridor de la realidad argentina como le llamó Jauretche, en alguna oportunidad dijo: “El periodismo es, quizás, la más eficaz de las armas modernas que las naciones poderosas utilizan para dominar pacíficamente a los países más débiles. Opera, no a través de sus opiniones, sino mediante el diestro empleo de la información, pues sólo transfiere aquella parte de la realidad que conviene a los intereses que representa.” Lo dijo precisamente desde las columncas de la Revista Qué, durante la dictadura militar en 1957.
Y alertaba sobre su carácter artero: “Es un arma traidora como el estilete, que hiere sin dejar huella”. Presten atención, vean cómo compara: “Un libro permanece, está en su anaquel para que lo confrontemos y ratifiquemos o denunciemos sus afirmaciones. El diario pasa. Tiene una vida efímera. Pronto se transforma en mantel o en envoltorio, pero en el espíritu desprevenido del lector va dejando un sedimento cotidiano en que se asientan, forzosamente las opiniones. Las creencias que el diario difunde son irrebatibles, porque el testimonio desparece”
Para terminar, a esta altura no queda más que recurrir al mismo Scalabrini. “Desalojemos de nuestra inteligencia la idea de la facilidad. No es tarea fácil la que hemos acometido. Pero no es tarea ingrata. Luchar por un alto fin es el goce mayor que se ofrece a la perspectiva del hombre. Luchar es, en cierta manera, sinónimo de vivir: se lucha con la gleba para extraer un puñado de trigo. Se lucha con el mar para transportar de un extremo a otro del planeta mercaderías y ansiedades. Se lucha con la pluma. Se lucha con la espada. El que no lucha, se estanca, como el agua. El que se estanca se pudre.”
Sin autenticidad el periodismo es un engaño, dice Gabriel Fernández en su nota, aunque no solo en el periodismo ocurra eso. Se trata, a nuestro humilde entender, de un valor a considerar en la vida colectiva de los pueblos: la autenticidad como lealtad a la verdad a la hora de pensar, interpretar y comportarse. Ser leal a uno mismo y al pueblo al cual pertenecemos. Y no es tarea fácil, más aún en la maraña de discriminación y persecución con la que el orden de la dependencia semicolonial nos envuelve. Pero bien sabemos que, lejos de ser una tarea ingrata, es la única que da sentido a una vida, para no estancarse, aislarse y secarse como un charco en la calle.


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LLEGAR. Ya casi no hay encuentro, organizado o casual, en el que no surja alguien que plantee una inquietud a modo de interrogante, con dos perfiles imbricados. Dado el interés que parece generar el asunto, voy a decir lo que pienso al respecto, con la intención de resultar sincero; si además acierto, es un tema que se verá.



La pregunta es: ¿cómo hacer para que te lea mucha gente? –versión emitida por colegas- y ¿cómo hacer para llegar a mucha gente? –variante habitual en la militancia popular-. “Llegar” desde hace un buen tiempo, es la obsesión de ambos –periodistas bien ubicados políticamente y militantes que anhelan comunicarse con el conjunto social- ; se ha reforzado, claro, con lo que se denomina blindaje mediático.


Bueno, lamento brindar respuestas que dejan de lado la receta mágica, pero tampoco he de formular apreciaciones destinadas a quedar bien para contentar a los anhelantes (ahí ya tienen una clave). Resulta que el primer paso para realizar eficazmente este trabajo es dejar de preguntarse esas cosas. ¿Por qué? Básicamente porque al forzar la narración, adecuar el lenguaje y forzar el estilo, se pierde autenticidad.


Sin autenticidad, el periodismo es un engaño. Pero no sólo hablo de las mentiras lanzadas por los medios concentrados, sino también –respondo a las preguntas citadas, es decir, soy consciente de su origen- las adecuaciones bienpensantes de quienes adoptan un tono paternalista para “llegar” al zonzo y explicarle con buenos modos que lo es.


Entonces, una vez que nos despojamos de ese ansioso interrogante dual, vamos a lo nuestro: lo que vale es el trabajo bien realizado. La información certera, el equilibrio narrativo, la disminución de todos los adjetivos que resulte posible, el posicionamiento social y regional para la definición del lineamiento editorial… y el análisis a fondo. Esto es: el intento firme de aproximarse a la verdad, guste a quien guste y contente a quien fuere.


Preparo el mate, ordeno la pila de libros que anida en el escritorio y pienso: si voy a defender la autenticidad más vale que sea honesto. Entonces, añado un elemento que necesita convertirse en piedra angular para el periodista: aunque llamamos trabajo a este oficio – profesión, es preciso vivirlo con el placer de los juegos, los juegos en serio. Cuando uno comprende que no puede vivir sin hacer lo que hace, ha encontrado el juego que mejor juega y que más le gusta.


Al conversar con periodistas que cumplen su turno a rajatabla, me doy cuenta que estoy ante alguien que el día menos pensado, frente a una buena oferta económica, se convertirá en administrativo, atenderá un comercio o se dedicará a fabricar termos. Todo eso es igual de digno que el periodismo, pero la dedicación es distinta. La pasión por narrar es equivalente a la que sentimos por el fútbol, o no es.


No se trata de buscar diversión en el quehacer cotidiano. Por eso indico que estamos ante un juego en serio. ¿Quién ríe durante un partido disputado? Es más ¿Hay cotejos que no sean disputados? El que anda paveando en el medio de la cancha (mientras sus compañeros transpiran la camiseta) y dice que juega para divertirse, no está jugando al fútbol: aprovecha el encuentro para entretenerse con amigos en derredor. Bien por él, pero no me interesa tenerlo en el equipo.


Entonces vamos aproximándonos. Nada de hablar para zonzos, que terminan dañando el mensaje, sin escucharlo. Autenticidad y pasión. Menos compulsión por el éxito; más exactitud y más profundidad. Dedicación completa sin esfuerzo. Y lo que debería resultar evidente pero no lo es: leer.


La actividad periodística podría sintetizarse en leer textos ajenos y corregir textos propios. Eso es.


(En el escritorio la cantidad de publicaciones no va en zaga a la de libros. Pero uno guarda, pensando voy a usar este material al referirse a tal o cual cosa). Sigamos.


Cuando alguien dice no tengo tiempo para leer, señala una situación de pleno derecho. Nadie merece que lo obliguen a leer. Pero resulta ostensible que no puede ser periodista. Y que no venga con que los animadores y gritones de la tele no leen y “llegan”. Eso indica que la vara que se ha puesto el presunto colega es bajísima. No ha comprendido que cuando una actividad implica una pasión que quema, el dinero y el conocimiento público quedan licuados por el deseo irrefrenable de hacer lo que a uno le gusta hacer.


Hay militantes que presuponen que si un periodista nacional y popular sale por la tele haciendo gestos y pegando gritos, podría transformar la realidad. Es preciso huir de esos compañeros. Poner los pies en polvorosa.


El periodismo no releva la movilización, la acción política, las elecciones. Si observamos los porcentajes de adhesión a tal o cual idea, y si segmentamos los mismos entre los sectores sociales, hallaremos tendencias preexistentes en los receptores, que buscan lo que quieren escuchar.


Lo curioso es esto, para retomar el arranque: el trabajo bien realizado, “llega”. De modos sutiles e intrincados, pero desembarca en playas impensadas.


Es que la función del periodista es informar, insertar ideas favorables a la sociedad, potenciarlas, ayudar a pensar. El militante nacional popular, el organizador, el trabajador consciente, necesita buena información y argumentos sólidos para aquella acción político práctica que desarrolla día a día en el lugar de labor, en el barrio, en la reunión.


Recordemos el alegrón de Jauretche, aquel 17 de Octubre fundacional: entre aquella multitud, nadie lo conocía… pero re – conocían sus ideas. Las habían hecho propias.


Finalmente: la cantidad de pibes que se han sumado a las variantes que transformarán a fondo esta sociedad es notable para quien apague la tele y mire donde hay que mirar. Hablo de los delegados sindicales, los militantes sociales, los nuevos cooperativistas; pero también de los que realizan estos medios nacional populares. ¿No han visto a esos jóvenes en las marchas de noviembre y diciembre?


Así que cuidado con ofender y decirles que su tarea no sirve, que lo que se necesita es emular a Feinman por izquierda. Las personas atadas a los soportes tradicionales insisten, convencidas, en que sólo eso existe. Ya se ha dicho: La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos.


Esta es mi respuesta a aquél interrogante. ¿No es lo que esperaban? Pregúntense qué significa “llegar” para cada uno.
Está bien; no es lo que esperaban, pero al menos sirve para debatir.

Gabriel Fernández / La Señal Medios

http://www.laseñalmedios.com.ar/2018/02/18/llegar-sobre-la-autenticidad-en-el-periodismo/
 


viernes, 15 de diciembre de 2017

CARTA PÚBLICA DE ZAFFARONI

Con fecha del primero de diciembre de 2017, el jurista seguramente más prestigioso a nivel internacional de la Argentina y actual juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Eugenio Raúl Zaffaroni, dio a conocer de manera pública una carta abierta dirigida al actual titular de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Se trata de una respuesta a una nota previamente suscripta por el propio funcionario, cuyo contenido no trascendió pero en este link hay una cobertura https://www.pagina12.com.ar/79896-no-les-alcanza-con-influir-en-comodoro-py.
La Carta nos ofrece, una síntesis de la visión de Zaffaroni sobre el presente, cuya profundidad  conceptual enriquece su lectura. Pero además, resulta especialmente valioso el énfasis puesto en invocar el ejercicio del derecho a expresar libremente sus opiniones, más aún en estos momentos de hostigamiento y privación de derechos. Allí sostiene que su "único compromiso es con el derecho y con los Derechos Humanos, y desde esa posición, con cincuenta y cuatro años de abogado, cuatro décadas de juez, otras tantas de profesor de derecho y escritor de temas jurídicos, me permito reafirmar todos mis anteriores juicios”.
En este sentido, expresa con firmeza y fundamentos, su condición de opositor ciudadano, desde una resistencia ideológica y cultural, a la administración nacional en curso en Argentina, por la denigración del estado de derecho, los derechos humanos y la democracia. Adquiere, en las actuales condiciones históricas, una especial relevancia el enfoque de derecho constitucional y convencional –de los tratados del derecho internacional de derechos humanos- “a ejercer los atributos de mi ciudadanía y, por ende, a expresar libremente mi opinión como opositor, lo que no se le niega a ningún habitante en un país que se pretende democrático”.
En el medio de la degradación institucional, la declinación democrática como efecto de la regresión oligárquica padecida por nuestro país, las palabras de E. Raúl Zaffaroni adquieren el valor de lo imprescindible para fortalecer las reservas culturales e ideológicas necesarias para la resistencia cultural y la superación del presente oprobioso.
De paso, el Maestro nos enseña acerca del compromiso exigible para todo jurista que se precie de democrático, aventando cualquier inhibición respecto de los problemas del país propia de la cultura jurídica tradicional. Incluso, con gran valentía, si tenemos en cuenta que hace un mes, desconocidos incendiaron intencionalmente un vehículo estacionado justo frente a su casa. Un hombre que predica con el ejemplo.

AQUÍ LA CARTA DE E.R. ZAFFARONI

viernes, 24 de noviembre de 2017

EL DERECHO COLECTIVO A CONOCER LA HISTORIA SEGÚN NORBERTO GALASSO

“El derecho a conocer la historia”, por NORBERTO GALASSO (octubre, 2002). 
VER EN:


La brevedad de esta nota compartida de  Norberto Galasso resalta aún  más su densidad conceptual y la importancia del asunto tratado. En pocas palabras el autor deja planteado los principales fundamentos para un enfoque de derecho del conocimiento de la historia. Así, el acceso al estudio de la historia es un derecho del cual todas las personas somos titulares. Este planteo del acceso al conocimiento de la historia resulta particularmente importante en tiempos de predominio del colonialismo cultural. Éste, en su pretensión de pensamiento único, promovido especialmente desde los grandes medios de comunicación, consiste en una visión social que se justifica a partir de la imposición de grandes mitos sobre la interpretación de la historia. Pero también se afirma en la idea falsa de que solo las elites académicas y universitarias son las predestinadas a esclarecer al bajo pueblo con su sabiduría.  Este elitismo academicista, característico de los ámbitos universitarios, es un factor conservador pese a cualquier declamación de progresismo y pensamiento crítico que pueda invocar. A la vez, en general –salvo excepciones- es de cuño europeísta, lo cual prestigia a quienes se vinculan con universidades europeas o norteamericanas, y completa el cuadro de dependencia cultural.  
El planteo que todas las personas tenemos derecho a conocer la historia cuestiona de raíz la pretensión academicista, y favorece la formulación de una visión desde el pueblo y desde una posición geopolítica en línea con nuestra posición periférica y sureña. Por lo general, los centros académicos y escolares se encuentran asfixiados por corrientes de pensamiento ligadas a los intereses foráneos, o a políticas de gobierno entreguistas y no interesados en la defensa de la formación de una conciencia nacional. Además, aún la teoría más sofisticada y compleja se torna superficial ante la ausencia de una visión histórica que permita situarse en el punto preciso de desarrollo del pueblo al cual pertenece quien intenta conocer. La admisión de la ahistoricidad y el desprecio por el conocimiento de la historia, hacen fácil la reproducción de una visión dominante de la cultura argentina y crean campo fértil para la historia oficial.
La crítica de esta situación y la búsqueda de sendas alternativas, en consonancia con la autodeterminación nacional, no puede ni debe ser interpretado como una manera de soslayar la necesidad de asumir con seriedad el trabajo historiográfico en su aspecto científico, es decir en lo relativo al método, uso de fuentes,  debates entre diferentes interpretaciones, las cuestiones relativas a la heurística y la hermenéutica, entre otros asuntos propios del hacer historiográfico.  No es en desmedro de la actividad docente de miles de profesores de  historia que se ejerce la crítica, sino a favor de motivarlos a salir de los claustros a contar la historia y discutirla con quienes no lo son, a promover su estudio aún fuera de la academia, y a escuchar a la gente del pueblo,  quienes, en definitiva, son los protagonistas de los acontecimientos, o poseedores de un saber en base a testimonios orales.
La formación de la conciencia histórica de nuestro pueblo es lo que lo consolida a la vez como sujeto colectivo en el presente con capacidad de autodeterminarse en el contexto de una geopolítica imperialista desde los grandes centros de poder mundial. Adquiere valor científico, aunque no cuente con el prestigio de la ciencia, la tesis que solo quien sabe de dónde viene y conoce el camino recorrido está en condiciones de poder sacar conclusiones razonadas y fundadas sobre hacia dónde quiere y puede ir, cuáles son sus facultades reales, posibilidades y límites. Por eso, el derecho a la autodeterminación del pueblo es la condición para el adecuado ejercicio de la totalidad de los otros derechos, como los civiles, políticos, sociales, económicos y culturales. De ahí la originalidad y el valor de adoptar un enfoque de derecho para el conocimiento de la historia. La sustitución de las figuras históricas en los billetes de circulación, por inocentes animalitos de nuestra fauna nativa, no debe ser interpretado como gestos sin aparente consecuencia, sino como  una negación de este derecho colectivo.
Esta perspectiva ha motivado la creación de numerosos centros de estudios y culturales, en sindicatos, organizaciones sociales y políticas, desde abajo, con vocación militante la mayoría, donde se debaten ideas y posiciones de una manera mucho más abierta y democrática que en los ámbitos escolares, como el propio Norberto Galasso ha predicado con su extraordinario ejemplo, mediante la formación del Centro Cultural Enrique Santos Discépolo, cuyas actividades se desarrollan ininterrumpidamente desde 1997, y luego su Corriente Política  y el Centro de Estudios Históricos y Sociales Felipe Varela.
Norberto Galasso termina su nota con un último párrafo que contiene una predicción de época (año 2002) que justo ahora, en estos tiempos de retroceso nacional, debe revivir entre nosotros como un mandato de esperanza para el pueblo, la cual invitamos a leer desde el comienzo.

Javier Azzali, noviembre de 2017.