lunes, 5 de noviembre de 2018

EL PÉNDULO SUDAMERICANO SE SACUDE | Cuestiones de la Patria Grande

Jornal do Brasil
La derrota electoral del candidato del PT y el acceso al gobierno de Brasil de Jair Bolsonaro, significa la derrota política del nacionalismo democrático liderado por Lula, y sella en forma adversa el destino inmediato de la integración continental. Así pues, el péndulo se corre y se sacude hacia el lado argentino, donde, aún con debilidades y torpezas, se deposita la esperanza del reinicio de un ciclo nacional, para evitar una caída aún más profunda. 
El largo ciclo de sucesión de avances y retrocesos, que se ha descrito con razón como de revolución y contrarrevolución, da lugar a una disyuntiva que, en el inicio de cada ciclo da lugar a una consigna de hierro: crear las condiciones suficientes para consolidar la historia en una única dirección, sea la progresiva o la regresiva. A suerte o verdad, para nuestros pueblos que se agitan entre los avances y las resistencias. Allí está la causa de los genocidios y crímenes cometidos por las últimas dictaduras militares, o de las políticas de destrucción y sometimiento de los años 1990, y que es suficiente para justificar cualquier política de tierra arrasada para que no haya suelo fértil para el regreso de los populismos, en caso de crisis de gobernabilidad.
El ciclo progresista merece el calificativo de nacional por su defensa del interés integracionista a favor de la autonomía y crecimiento continental, y de democrático, por la profundización de la participación popular y las reglas del debido proceso y el respeto de los derechos civiles, políticos y sociales. En Lula se depositaba la esperanza de una reversión de las políticas reaccionarias que habían ganado posiciones con el gobieno de Macri, en Argentina, y, con la declinación del segundo gobierno de Dilma Rousseff y el ascenso golpista de Temer. Su condición de líder con representatividad nacional, prestigio en todo el continente, y  capacidad política, lo colocaban en lo alto de las encuestas electorales, por sobre el alicaído y estancado PT. Así pues, su persecución judicial y mediática, su encarcelamiento y finalmente proscripción, sumado a la impotencia política de sus seguidores para responder con eficacia a tal difícil situación, sellaron la suerte del país y también la de la región. Nos encontramos ante un auténtico proceso de demolición de la unidad de la patria grande y de su institucionalidad supranacional, que incluso retrotrae a una etapa anterior al Mercosur.
La manipulación de la Big Data, indudablemente existe –la parcelización de la información, su segmentación dirigida y la mentira programada- y sea de dimensiones considerables, pero podría no ser la causa principal explicativa del apoyo de sectores bajos y medios a candidatos que expresan programas contrarios a sus intereses. Más bien, prefiero transitar por las zonas del tradicional colonialismo cultural, sobre el cual opera toda acción política, misturado con el agotamiento presentado por las políticas de los gobiernos populares. Con todo lo progresivo que ha sido, sin dejar de rescatar todo su valor, el ciclo nacional democrático ha encontrado obstáculos estructurales que no ha podido superar, fortaleciendo entonces la capacidad de reacción de los sectores oligárquicos pro imperialistas que, ahora, “avanzan hacia atrás”, destruyendo todo lo que se pueda y remachando los nuevos tornillos para la dependencia. Las dificultades, o lisa y llana imposibilidad en algún caso, de perforar el techo levantado por las estructuras de economías dependientes, concentradas y extranjerizadas, dejó presa fácil de alternativas ilusorias creadas a la luz de falsas promesas de cambios, a sectores de la población que, por su lugar social, deberían de brindar su apoyo a los movimientos nacionales. A la vez, éstos quedaron como los responsables de una situación de crisis que, en verdad, es parte de los modelos de país que, justamente, se supone sus políticas deberían cuestionar.
Ahora, Bolsonaro, en línea con el desarrollismo industrialista del ejército, hace no mucho tiempo cuestionó la privatización de la estratégica empresa petrolera Petrobras. Sin embargo, a la vez parece haber delegado el manejo de la economía a Paulo Guedes, un neoliberal que viene anunciando la necesidad de un plan de privatizaciones para pagar la deuda externa. Lo que sí está claro, es la profundización de un giro pronorteamericano y en contra de la integración sudamericana que habilita a pensar que se transita, otra vez como en los años 1970, la huella del subimperialismo, como instrumento de los intereses de los Estados Unidos en la región, mediante la supremacía de Brasil por sobre los países vecinos, incluido Argentina. Los datos oficiales son elocuentes en cuanto al perfil del intercambio comercial de Brasil. El 21,8% de sus exportaciones son destinadas a China, el 12,5% a EUA y, recién, lejos y en tercer lugar, Argentina con el 8,1%. Se deriva que la economía de Brasil, tanto en sus exportaciones como en sus importaciones, es más de carácter global con China, en primer lugar, y EEUU en segundo lugar, que regional con Argentina[i]. Vuelve con notoria vitalidad, las reflexiones del político y pensador de la izquierda nacional uruguaya, Vivian Trías, cuando señalaba que la clave de la unidad continental está en la relación Brasil-Argentina, ya que su estéril rivalidad equivale a la desunión y debilidad del continente[ii].
Jornal do Brasil
Se avizora, posiblemente, el fin del ciclo de la democracia como sistema político al menos tal cual lo conocíamos hasta ahora. Resaltemos: no estamos señalando que regresen las dictaduras tal como las conocimos en el siglo XX, pero es evidente que, las democracias regionales no son un sistema útil para el establecimiento de los regímenes de la dependencia y para evitar el resurgimiento de las políticas con interés nacional y latinoamericano. Su reconversión ya empezó con los procesos electorales distorsionados por la intervención en las redes sociales, la propaganda mediática, y la lisa y llana proscripción, que fue un hecho real en Brasil y es una amenaza en Argentina. Lo que es claro, en todo caso, que nada volverá a ser lo que fue, ni en materia económica, de política exterior, ni en materia de democracia. Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Cuba, quedan en situación de extremo riesgo frente a las agresiones del poder imperialista. El quiebre y sometimiento del país bolivariano, por sus extraordinarios recursos naturales, en hidrocarburos, agua y minerales, es prioridad para el imperio, por lo que es víctima de todo tipo de agresiones en ascenso. Las consecuencias gravísimas que seguramente  tendría una reacción exitosa, justifica largamente la tozuda resistencia de los cuadros bolivarianos.
En orden a pensar la realidad de nuestros países en una visión latinoamericana de conjunto, debe señalarse que abona a la confusión generalizada la creencia en una ola de nacionalismo formada por Trump, López Obrador, Bolsonaro y cuanto líder europeo proteccionista haya. Vale, y mucho, recordar la necesidad de la distinción conceptual entre el nacionalismo de una potencia opresora, como los Estados Unidos, del de los países oprimidos. El primero expresa a la dominación imperial, mientras que en el segundo, es una forma resistencia contra, justamente, ese imperialismo, por lo que tienen significados opuestos; uno es regresivo y el otro progresivo. Además, en el caso de Bolsonaro, el nacionalismo de derecha y aristocrático no es lo mismo que el nacionalismo popular.
La recolonización guarda el objetivo de convertir el continente en una gran factoría financiera y proveedora de materias primas, sin industrias ni desarrollo productivo, sin paz y con clases trabajadoras empobrecidas y debilitadas. Cuanto más rápido se puedan volver a alzar los programas nacional-populares y democráticos, con eje en la integración regional con autonomía, mayor será la fortaleza de la resistencia popular.



[i]  Alfredo Jalife Rahme, en sitio: https://mundo.sputniknews.com/firmas/201810261082993792-cinco-eventos-de-gran-impacto.
[ii] Vivian Trías. “Imperialismo y geopolítica en América Latina”, 1969, Ed. Jorge Alvarez, Bs. As..

viernes, 2 de noviembre de 2018

LAS ELECCIONES EN BRASIL: UNA MALA NOTICIA PARA SUDAMÉRICA | Cuestiones de la Patria Grande


El ciclo político reaccionario iniciado en la región sudamericana ha encontrado un punto de consolidación con el resultado de las elecciones presidenciales en Brasil, con el triunfo en la segunda vuelta de Jair Bolsonaro con el 55% de los votos. Cuando en diciembre de 2015 asumió un gobierno neoliberal en Argentina, aún Dilma Rousseff era la Presidente de Brasil y un posible retorno de Lula alentaba la esperanza de disputar el centro del poder político sudamericano, pero ahora, casi tres años después, el escenario declina fuertemente. La posibilidad de recuperar en algún tiempo relativamente cercano, el proceso de integración continental con eje en la autonomía como un bloque en las relaciones internacionales, se aleja.
El ascenso de Bolsonaro por la vía electoral tiene ribetes espureos, dada la proscripción del principal candidato en las encuestas, Lula, y la presión para ello contra los jueces mediante una amenaza de intervención militar de parte de quien es, ahora, el vicepresidente entrante.
Ahora, la importancia de Brasil es indudable. A nivel mundial, es parte de los BRICS –ahora ejerce su presidencia-, y en lo continental, la relación económica y cultural –más que política- con Argentina, la potencialidad de una alianza estratégica para sustentar una integración continental, así como la posesión de grandes recursos naturales –hidrocarburos, minerales, agua y diversidad biológica- y el territorio de unidad política más grande en Sudamérica, lo convierten en un actor central. Pero, dos líneas estratégicas y contrapuestas sobre el rol del país en la región y en el mundo se disputaron la dirección política del Planalto. Una, expresada en los gobiernos del PT, con figuras como Celso Amorim y Marco Aurelio García, e intelectuales como Luiz Moniz Bandeira, priorizaba el acercamiento a la Argentina y el interés por la formación de un bloque regional. El Varguismo es el antecedente histórico en el siglo XX, sobre el cual se asienta esta política. Un perfil protagónico de la integración pero no hegemónico, de relación fluida con Estados Unidos, pero no subordinada, y, menos aún, exclusiva. La conformación de los BRICS y el giro hacia Rusia y China, lo combinó con su incorporación significativa al G-8. Esta política exterior soberana se asentó en la promoción del desarrollo productivo nacional, con eje en el mercado interno y la inclusión de mayorías populares. El sector financiero, al igual que en Argentina, no cesó en su alta rentabilidad, pero el modelo productivo era el eje principal de la política nacional democrática del PT.
La otra línea histórica en materia de política exterior ha sido predominante durante largas décadas, a partir de la dictadura militar de 1964-1985, que no en vano fue la más larga de sudamérica después de la de Stroessner en Paraguay. El nacionalismo militar brasileño, tras los golpes a Getulio Vargas y a Joao Goulart, ha tenido el particular significado histórico de la subordinación a los Estados Unidos como su predilecto instrumento de dominación en la región, con el cual garantiza la fragmentación continental bajo la forma de satélite y una especie de subimperialismo como describía con agudeza el pensador uruguayo Vivian Trías. Esta sumisión se combinó con el apoyo de los Estados Unidos a la industrialización del país, en donde de todas maneras el Estado brasileño mantuvo una presencia fuerte en la economía y la dirección de la defensa de los intereses nacionales. El propósito geopolítico estadounidenses en la región se cumplió destruyendo las condiciones para una alianza entre Brasil y Argentina, promoviendo la industria en uno y liquidándola en nuestro país, donde se agitaba un poderosos movimiento sindical. Esta última posición estaría reactualizándose en Brasil, como instrumento del proyecto de dominación de los Estados Unidos.

Una revisión crítica.
A modo de una necesaria revisión de la historia reciente, vale decir que los movimientos nacionales encontraron, de una manera o de otra, rasgos de agotamiento, principalmente a partir de las dificultades para modificar la estructura social y económica, en la integración regional en áreas estratégicas de la economía, y buscar el fortalecimiento de los sectores populares en su protagonismo social y el debilitamiento de las alianzas sociales policlasistas, a partir de la erosión de la base. En el caso de Brasil, las disidencias razonables del MST y de la CUT derivaron en confrontación contra Dilma Rousseff, mientras que el final se precipitó por un acto de traición del partido aliado principal -el PMDB-, en el contexto de un sistema político profundamente corrupto. Y tanto en Argentina como en Brasil, buena parte de los sectores medios se mostraron vacilantes o directamente brindaron su apoyo fervoroso a las propuestas conservadoras, debilitando así la alianza social nacional popular.
Los hechos se sucedieron como un dominó en caída: las movilizaciones callejeras contra el gobierno promovidas por la Red O´Globo, el Lava Jato, el desconocimiento de Aecio Neves de la victoria escueta de Dilma, la ruptura con el PMDB y la destitución –legal pero ilegítima- de la Presidente, quien acusó a su Vicepresidente Michel Temer, de ser su conspirador principal. La prisión política de Lula, además de mostrar la urgencia de los sectores dominantes por despejar cualquier posible regreso nacional democrático, a la vez revela la impotencia del movimiento popular por dar respuesta eficaz. Todo esto debilitó al PT en el poder y facilitó la reacción destituyente. El régimen se instaló sobre estas condiciones y avanzó todo lo que pudo: reforma laboral, regresión de derechos de los trabajadores y de los sectores populares; lo cual hundió al país entero en una crisis generalizada, económica y de representación política que sirvió de contexto al drama de la inseguridad, la violencia y la desigualdad social.

Crisis y confrontación.
Llama la atención del análisis crítico, la coincidencia de la crisis brasileña con los temas de agenda impuestos por los Estados Unidos en la última Cumbre de las Américas celebrada en Lima, Perú: corrupción y gobernabilidad.  Casualmente, si se quiere, Perú muestra hace tiempo un escenario de crisis política sin otro destino que la impotencia, mediante el asedio judicial criminal contra los principales dirigentes políticos.
El Lava Jato, el caso Odeberecht, el protagonismo de jueces y la actuación de los multimedios concentrados, lastiman las formas de representatividad política, a las organizaciones de defensa de los derechos de los trabajadores, y hasta a los empresarios locales, lastimando al conjunto de las fuerzas productivas. Este golpe a los espacios nacionales tiene el tradicional tono de la agresión imperialista. Las sanciones recientes del imperialismo norteamericano están destruyendo al capital privado nacional, denunció el presidente de Venezuela, mientras anuncia el hallazgo de la segunda reserva aurífera del planeta. Extraordinaria sede de recursos naturales es la nación bolivariana, que junto a Bolivia, Nicaragua y Cuba, conforman el eje de la resistencia continental.
Brasil se encuentra en una crisis económica productiva que se arrastra desde la gestión de Dilma Roussef, con las amenazas de recesión, desocupación, caída del salario real y aumento de la deuda externa. Aún es temprano como para adelantar una opinión definitiva sobre el rumbo económico certero del nuevo gobierno, pero las poderosas fuerzas económicas existentes en Brasil lo consideran propio. Hay hechos de indudable relevancia. Paulo Guedes, un economista que se ha destacado en las lides de los Chicago Boys –hasta en Chile lo recuerdan por eso-, es principal referente y el vocero de los anuncios en la materia. La fusión de los ministerios de industria y comercio con el de hacienda es uno de ellos, y ha sido rápidamente cuestionado por los alarmados sectores industriales y textiles enteramente ligados al mercado interno. ¿Cómo actuarán los intereses industriales, qué tan debilitados están? Sobre esto, es ilustrativa una reciente entrevista a Pedro Celestino en Jornal Do Brasil, figura del empresariado nacional, quien sintetizó el problema: como desde 1930, Brasil está entre quienes defienden un proyecto de interés nacional y los que piensan “para fora”. Y alerta: si seguimos en esta dirección, vamos a equipararnos a Nigeria, que tiene 190 millones de habitantes, es productora de hidrocarburos, pero no tiene política de desarrollo. La vía de crecimiento que elija el gobierno entrante se definirá en la puja entre las diferentes fuerzas económicas y las élites financieras, comerciales, exportadoras e industriales, y el desarrollismo nacionalista que podría haber sobrevivido en el ejército. 
Si está por verse la suerte de los industriales, la de los trabajadores es evidentemente barranca abajo: según la CEPAL, la desocupación en Brasil, donde reside el 40% de los trabajadores latinoamericanos, es la mayor del continente detrás de Haití y Venezuela, a la par que la precarización de sus condiciones de trabajo se ahondó con la peor reforma laboral de su historia, aprobada por la Legislatura Nacional el año pasado, mientras se anuncia una similar en materia previsional.
El nuevo Presidente, quien, cuando votó por la destitución de Dilma, elogió al Coronel Brilhante Ustra, encargado del grupo de represión a los opositores en la dictadura, y acusado de crímenes de tortura que han quedado impunes, también ha calificado de actos terroristas a las medidas de acción y protesta del Movimiento Sin Tierra. Detrás de su lenguaje reaccionario, asoma el tradicional racismo de las elites brasileras. La confrontación social amenaza con ahondar las grietas del país y, junto al seguro mantenimiento de Lula en su encierro, dan motivos de sobra para la preocupación.
1 de noviembre de 2018.

sábado, 13 de octubre de 2018

Entrevistas en Cuestiones de la Patria | LEÓN POMER

En el café El Hipopótamo, en una de las esquina de Parque Lezama en el límite entre los barrios de San Telmo y La Boca, transcurrimos la tarde del sábado 7 de julio de 2018, con el escritor León Pomer, para mantener el diálogo aquí transcripto. Con un insólito fondo de hinchas croatas y rusos repartidos en las mesas, alentando a sus selecciones de fútbol enfrentadas en un partido de cuartos de final del Mundial de Rusia, pasamos por diferentes temas de la realidad nacional y latinoamericana. Le agradecemos, ademas de las valiosas respuestas, su generosidad y la predisposición para la orientar la formación intelectual de todos aquellos que entendemos imprescindible la tarea colectiva de la emancipación nacional y social.
Aquí, LA ENTREVISTA

Entrevistas en Cuestiones de la Patria | JUAN CARLOS JARA

El objetivo de estas entrevistas es realizar un aporte a la formación de cuadros políticos a partir de acercar el pensamiento de quienes han tenido a lo largo de nuestra historia una destacada actuación a favor de los intereses del pueblo y la lucha por la liberación nacional. La vigencia de las ideas de la izquierda nacional, de la búsqueda del socialismo, el rol de la cultura popular y el movimiento nacional, son algunos de los temas tratados.
Le agradecemos a Juan Carlos Jara su predisposición para dialogar con nosotros.

Para leer, AQUÍ

martes, 9 de octubre de 2018

ELECCIONES EN BRASIL: ENTRE SOMBRAS, BOLSONARO VIENE ASOMANDO | Cuestiones de la Patria Grande

Las elecciones presidenciales en Brasil han mostrado un escenario en donde aparecen delineados fuertemente dos campos habitados por proyectos contrapuestos. Las candidaturas de Jair Bolsonaro y Fernando Haddad expresan ese alineamiento de fuerzas sociales, enfrentadas históricamente y con raíces geográficas y regionales, con fuertes implicancias geopolíticas. Sobre estas últimas hemos hablado en otra oportunidad, pero lo haremos con un poco más de desarrollo en otro momento, aunque señalemos que esa división está presente en varios países de la región, con diferente intensidad, características y grado de apoyo y movilización, como Venezuela, Ecuador y nuestra Argentina. Una visión que tiende al crecimiento interno, redistribución social y a formar un bloque continental autónomo, choca con la reacción de las oligarquìas locales aliadas al interés imperialista. La destitución de Dilma Rousseff, en 2016, tuvo el significado de interrumpir el proceso de intentar construir un espacio nacional democrático en Brasil. Ahora, las elecciones presentes colocan al país hermano en la disyuntiva de convalidar el retroceso general del país impuesto por la política del régimen oligárquico o ensayar una salida política progresiva.   
El ascenso de Bolsonaro. 
La victoria de Bolsonaro, el candidato del Partido Social Liberal (PSL), en la primera vuelta, ha sido vista con agrado por los grandes grupos económicos. Sin ingresar en los asuntos propios del pueblo brasilero, heterogéneo y populoso, con regionalismos marcados y sumidos en una descomunal desigualdad social, se advierte a primera vista una pronunciada distribución geográfica del voto. En la mitad sur del país (Minas Gerais, Rio de Janeiro, Sao Paulo, Paraná, Rio Grande do Sul), y en las grandes ciudades del litoral, aquél obtuvo su base electoral. En cambio, el Nordeste se vistió de rojo, con el mayoritario apoyo a favor de Haddad,  
Bolsonaro es una figura oscura y proveniente de la misma clase política que, supuestamente, viene a cuestionar. Fue quien justificó su voto por la destitución de Dilma, en memoria de la dictadura militar que la había encarcelado y....del torturador que la había torturado. Semejante actitud es un agravio a todas las democracias de la región. Sin perjuicio de esto, habrá que ver cómo juega la insistencia en la dicotomía democracia o fascismo, recurrida por la campaña del PT, que, como es sabido, no es de utilidad para explicar la realidad de nuestros países, donde justamente fueron los regímenes populares los así solían ser adjetivados por la cultural dominante. En el contexto de una grave y sostenida crisis económica, con una recesión cuyos antecedentes se remontan al último gobierno del PT, parece una superficialidad dejar el hueso sin roer a fondo.  
Cabalgando entre la anti política, el odio de clase y el mesianismo religioso, Bolsonaro rinde tributo al régimen conservador y antinacional, agresor de la integración latinoamericana, aliado del imperialismo de los Estados Unidos, aunque no sea del todo confiable para el establishment. Atención con esto. El candidato principal de las clases dominantes había sido Geraldo Alckmin del Partido Social Demócrata de Brasil (PSDB), el mismo que gobernó con Henrique Cardoso, pero su declinación política hizo que sus electores fugaran hacia Bolsonaro. Algunos analistas dicen que fue por haber integrado el gobierno de Temer, caído en desgracia, y otros ponen el acento en su “antipetismo rabioso, incitado desde los medios de comunicación y el poder judicial que, al acentuar la división, las aguas derivaron hacia el más radicalizado.   
El asunto es que el PSL se convirtió en el plan B del régimen dominante. “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos”, fue uno de los lemas del PSL Católico, militar, eterno legislador sin casi iniciativas conocidas, contó con el apoyo de una poderosa alianza integrada por las Iglesias Evangélicas, y la TV Record, la cadena televisiva segunda más vista después de TV O Globo. Detrás de él, asoman la industria de las armas, los sectores conservadores del Poder Judicial, las fuerzas armadas, los grupos mineros, el sector financiero –el predominante- y el agro negocio.  
La base electoral comprende una alianza entre las elites y los sectores medios, ligados entre sí por el odio de clase y el miedo, agitado por los medios concentrados de comunicación para demonizar al PT. El candidato cosecha, por sobre todo, el mencionado odio antipetista”, cultivado desde la oposición durante los años de Lula y Dilma, e incluso basado en el odio hacia la izquierda y el gremialismo muy presente en la historia de ese país en el siglo XX. 
El odio verbalizado hacia las minorías, los pobres, los indígenas, las mujeres y la diversidad sexual, no es más que el odio de las elites dominantes practicado tradicionalmente en ese país -común en las elites latinoamericanas-, ahora, por momentos de caricatura. Esta mediocre visión revela, por un lado, la renovación de la tradicional incomprensión de la condición mestiza país que pretende gobernar, lo cual, de alcanzar la presidencia, será la causa de su declinación final. ¿Cómo no contrastarlo con desarrollos profundos, disímiles pero democráticos, por la reivindicación de las identidades colectivas y su preocupación por los procesos de integración, como los de Darcy Ribeiro o Roberto Cardoso Oliveira, entre tantos? El crimen impune de Marielle Franco, una concejal negra, feminista lesbiana y militante de izquierda, en Río de Janeiro, la intervención militar de favelas cariocas que puso a las fuerzas de seguridad local al servicio de una autoridad militar federal, indican una regresión autoritaria que contrasta con el treinta aniversario de la Constitución de 1988 sancionada en democracia.
Y por otro lado, también  revela una debilidad ideológica que lo torna presa fácil de ideologías más potentes y con el interés puesto en el imperio. Así, a Bolsonaro ya lo rodeó la internacional financiera, con Paulo Guedes como el autor de su programa económico, un alumno destacado de la Escuela de Chicago, admirado por sus colegas chilenos. Mientras aquél anuncia represión y persecución, éste planifica privatizaciones, impuestos regresivos y entrega del patrimonio público y de los hidrocarburos al capital extranjero.
Allí, asoma el recuerdo de Collor de Melo más que el de los dictadores de los años 1960. Para terminar, la comparación de su figura con la de Donald Trump nos recuerda eso que no es posible confundir el nacionalismo de un país imperialista con el de los países oprimidos. Pero además, lo más probable –por los indicios existentes y la alianza que lo sustenta- es que sea apenas un débil gestor de la crisis de dependencia y recesión inducida, y de la entrega de los recursos de su patria.
Cualquiera sea el resultado final de la elecciones, estará marcado por la proscripción a Lula,
Cuestiones de la Patria | 09 de octubre de 201

sábado, 29 de septiembre de 2018

SINDICALISMO DE LIBERACIÓN | Resumen Nacional




La huella del sindicalismo de liberación, trazada a lo largo de la historia de nuestra clase trabajadora, vuelve a ser caminada en el medio de la maraña de la dependencia, el ajuste y la persecución. Por un lado, las luchas gremiales y sociales confluyen con el objetivo político de la defensa de los intereses de la patria, y por el otro, se plantea la necesidad de la construcción de un frente nacional de liberación, que convoque una amplia alianza social, con eje en las organizaciones de los trabajadores y a partir de un programa de país soberano y socialmente justo.


Ya desde el amanecer de un paro justo, masivo y anunciado, con un rumor de bronca que recorría las calles vacías y silenciosas, en el improvisado feriado combativo, con escuelas y fábricas paradas, y el fresco de las movilizaciones del día anterior, se coronó la gran protesta nacional. El Paro Nacional del 24 de septiembre –el cuarto contra el régimen macrista- fue masivo en todo el país y demostró la capacidad de acción que la unidad de diferentes sectores gremiales. Días atrás, se dio origen al Frente Sindical para el Modelo Nacional, una confluencia entre la Corriente Federal de Trabajadores, el moyanismo, SMATA, canillitas, entre otros gremios, en una posición de disidente dentro de la CGT, realizando un gran acto en el microestadio de Ferro. Significativamente, una de sus primeras acciones fue reunirse con la Federación Argentina de Municipios (FAM) que lidera Verónica Magario, para “realizar un diagnóstico común del presente socioeconómico y poder articular acciones para enfrentar a un modelo económico nefasto para las grandes mayorías (… ) para visibilizar la situación crítica de los municipios ante la debacle económica que se profundiza con la eliminación del Fondo Sojero “ (LFE, en sindicalfederal.com.ar del 07/09/2018).
Su lanzamiento fue en el microestadio de Ferro y participaron ochenta gremios y casi 50 delegaciones regionales de la CGT. Héctor Amichetti, de la Federación Gráfica Bonarense, dijo en su discurso: “este Frente Sindical asume su lugar, ese lugar que se sostiene desde el día en que se cambió la historia del país, el 17 de octubre de 1945. Más que dirigentes somos organizaciones que vamos a construir ese gran Frente Nacional para derrotar a estas políticas de hambre y entrega del patrimonio nacional”. Sergio Palazzo, de La Bancaria, dijo que “la única grieta que siempre existió en este país es entre los que nos oprimen y los que no queremos ser oprimidos, entre los que tienen un plato de comida y los que no.” Hablaron delegados regionales, Hugo Moyano, Pignanelli y Omar Plaini, de Canillitas, dio lectura al documento del Frente: “La Patria está en peligro, la política económica debe cambiar”. Entre varios puntos de vital importancia, allí se exige: defensa de la industria nacional, repudio total al acuerdo con el FMI, rechazo a la reforma laboral, exigencia de la paritaria nacional docente, aumento de salarios, cese de la extorsión del Ministerio de Trabajo, derogación de la reforma previsional, contra los tarifazos, a favor de frenar la fuga de capitales con controles del BCRA, cobro de retenciones a las exportaciones agrícolas, petroleras y mineras, revisar la deuda externa espuria desde 2016, aprobar un presupuesto con eje en el mercado interno y las economías regionales, y libertad a los presos políticos. Se reclama a la CGT que convoque al Comité Central Confederal y al Plenario de Delegaciones Regionales, y se implemente un plan de lucha a favor del conjunto del pueblo argentino. Se hizo un enérgico llamado a los sectores políticos de la oposición, para la constitución de un Frente Nacional y Patriótico en el que no se excluya al movimiento de trabajadores.
Hugo Yasky, secretario general de la CTA, dijo que el espacio “va a poder ser un elemento que activamente gane la calle junto con las dos CTA, los movimientos sociales, va a fortalecer la lucha, y sobre todo recupera la mística de la construcción de poder desde la clase trabajadora” (Entrevista en Radio Gráfica). Así se demostró con la gran movilización del 24 de septiembre, en las vísperas del paro general. En esa oportunidad, Sonia Alesso, secretaria general de CTERA, dijo que “le duele a la oligarquía argentina un pueblo que no se rinde. Le duele un sindicalismo que no está de rodillas (….) quieren sancionar un Presupuesto Educativo sin fondos para los comedores escolares, sin programas educativos. Los que más van a sufrir son los hijos de nuestro pueblo”.
A su vez, los trabajadores de la economía de producción popular, organizados en la CTEP, no han cesado en hacerse oír en sus protestas, como el caso de la Unión de Trabajadores de la Tierra con sus ferias populares en diferentes plazas de la ciudad de Buenos Aires, pese al hostigamiento policíaco.
A todo esto, los medios del sistema de dominación oligárquica le llaman interna sindical, pero, en verdad, visto desde la perspectiva del pueblo, es el movimiento de los trabajadores organizados que se coloca en el centro de la esperanza social y exige una salida política.











jueves, 27 de septiembre de 2018

CRISIS Y DEPENDENCIA EN LOS PAÍSES LATINOAMERICANOS (2) | Cuestiones de la Patria Grande



Las crisis de nuestros países en Latinoamérica tienen origen en las políticas deliberadamente destructivas de los regímenes oligárquicos y aliados a Estados Unidos. Las políticas reaccionarias predominantes imponen una concepción mínima del estado, hasta incluso llegar a límites de su quiebre o abandono.
En Brasil, se impuso una reforma laboral altamente regresiva, hay un retroceso enorme del estado en su rol de motor de la economía, como en el caso del congelamiento del presupuesto en educación y salud (¡por veinte años!) impuesto por una reforma constitucional, así como una política que favorece el interés del capital extranjero por sobre el interés nacional en la política de hidrocarburos, en especial en el retroceso de Petrobras por las concesiones en los yacimientos de pre-sal. En Argentina, el presupuesto para el año próximo prevé la reducción en 30% del gasto público en inversión de obra, lo que anticipa la profundización de la caída del mercado interno y la recesión económica inevitable, y expresa el abandono del Estado de sus funciones esenciales. A la vez, el endeudamiento externo acelerado y suicida, coloca a los recursos públicos a merced del poder financiero internacional, como el caso del Fondo de Garantía de Sustentabilidad del ANSES y los yacimientos de hidrocarburos de Vaca Muerta, y otras fuentes muy valiosas de minerales y aguas. El retraimiento estatal debilita a la vez la capacidad de acción de YPF. Para peor, la suma de la inflación alta, genera un escenario de transferencia de recursos desde los sectores sociales de raíz nacional –vinculados al mercado interno- hacia los poderes concentrados de la economía –ligados al capital extranjero-.
En dirección contraria, el régimen bolivariano en Venezuela direcciona su política soberana sosteniendo con firmeza su dominio sobre los recursos naturales, mediante recientes e importantes acuerdos con China en materia de hidrocarburos. A la vez, elabora una estrategia de resistencia a la agresión económica del bloqueo de alimentos, boicot de su petróleo por parte de Estados Unidos, y las sanciones de embargo, por medio del fortalecimiento de la intervención directa del Estado en la cadena de comercialización y el de la participación comunitaria en su producción y distribución. A la vez, Estado Plurinacional de Bolivia, donde se mantiene la nacionalización de los hidrocarburos, a la vez que Evo Morales denuncia que la intervención de los Estados Unidos en el petróleo de Venezuela es estratégica para sus planes de recolonización.
El destino del conjunto de los pueblos latinoamericanos se juega, por partes, en cada uno de los países, pero especialmente lo hace en el núcleo formado por Brasil y Argentina, a partir del cual puede proyectarse una unificación continental mayor. Por eso, la lucha de Lula y el PT es un capítulo fundamental en ese largo y fluctuante desarrollo que, en lo inmediato, alentaría una reconstrucción del movimiento de masas en nuestra Argentina. La esperanza de nuestros pueblos está en mantener lo más alto posible el ideario de la unidad latinoamericana, el rol activo y planificador del Estado, la democracia económica y la autodeterminación.  El sentido de la lucha en nuestro continente es por el derecho a la autodeterminación de los pueblos, frente a la injerencia imperialista de Estados Unidos: la única posibilidad para el progreso y la paz.
Las funciones esenciales del estado y el rol activo en la dirección de las áreas estratégicas de la economía, para sustentar una política de autodeterminación nacional y del bloque continental, tienen base especialmente en el dominio de los recursos naturales y su capacidad de ahorro interno para promover y planificar políticas desde la inversión. La presión imperialista debilita los espacios nacionales, mediante la destrucción de la capacidad de conducir de los estados, la fragmentación de los territorios, el quiebre de cualquier alianza entre los trabajadores y el capital productivo, y empuja a nuestros países a que sean simples productores de materias primas, desde el agro, los minerales, hasta los recursos como los hidrocarburos y el agua. Se impone la idea que nuestros pueblos no tienen la capacidad de producir y crear, que estamos inmersos en la corrupción, en la incapacidad y en la ignorancia, de nuestros trabajadores, empresarios, dirigentes, funcionarios públicos, y demás representantes, y por ende, solo la tutela extranjera nos puede orientar hacia el progreso. Nuevos formatos para actualizar la vieja dependencia, en un escenario mundial que giró hacia la multilateralidad, con el protagonismo de potencias con modelos productivos estatistas, como China y Rusia. La recuperación del rumbo de unificación continental, en defensa del interés de los pueblos, por parte de países gobernados por alianzas sociales amplias y populares, es el único camino viable para superar la crisis, y digno para dejar atrás la dependencia. De lo contrario, un escenario de confrontación social, divisiones y, hasta de guerra, como anuncia el ingreso de Colombia a la belicista OTAN, se abre bajo los pies de nuestros desamparados pueblos.