jueves, 13 de junio de 2019

LA HORA DEL PUEBLO || Resumen Nacional


La hora del pueblo || Resumen nacional
Se aproxima el fin del ciclo entreguista y devastador de la alianza PRO UCR, aunque todavía reste un trecho que pueda percibirse como infinito. El pueblo vota y elige, y en su elección, define su propio futuro. Los distintos componentes del movimiento nacional han arribado a un acuerdo político trascendente para las próximas elecciones presidenciales y a los demás cargos, a través de su unificación en el Frente con todos. Se trata del trabajo político más interesante que se ha dado en el país, en los últimos años; tal vez desde 2010, cuando Néstor Kirchner intentaba coaligar las distintas fuerzas en  nombre de un frente policlasista, como dijo en el acto de Luna Park de agosto de ese año, delante de los jóvenes de La Campora y de la Juventud Sindical. Luego, por la concurrencia de diferentes causas, el camino no prosperó. Ahora, la unidad no es total, pero sí es la suma de una mayoría de sectores sociales y políticos, representativos de los genuinos intereses del país, lo que crea las condiciones para una nítida expresión popular en las urnas que determine el rumbo a seguir.
El inicio de la recomposición tuvo una base fundamental: la resistencia sindical y de las organizaciones sociales, de la manera en que se pudo de acuerdo a los condicionamientos reales. Desde el mismo momento de la asunción presidencial, en diciembre de 2015, los bancarios se lanzaron a las calles y luego se sucedieron las masivas movilizaciones de los docentes para reclamar las mejoras salariales y la paritaria nacional, arbitrariamente suspendida; a lo que se le sumó rápidamente el activismo militante de los estatales, y esto solo para nombrar algunos sin desmerecer el resto. La protesta no cesó desde el primer día hasta hoy, lo cual incluye un vasto y heterogéneo abanico, desde el ascendente reclamo de los metalúrgicos contra la política antiindustrialista, hasta seis paros generales de la CGT y la CTA.
En 2017, la resistencia social y sindical no encontró una correspondencia efectiva en el campo de las relaciones políticas, aún aturdidas por la derrota electoral, el pase de facturas y la rapidez del cambio regresivo y depredador operado a nivel país. La profundización de la crisis social, el nivel de la debacle institucional y la posibilidad de hundir al país aún más de continuar por esta vía, enseña sobre la necesidad de hacer lo posible para despejar el riesgo de repetir esa experiencia divisoria. Cristina Fernández es la principal artífice de esta recomposición nacional, con pasos significativos con su reunión con sindicalistas, el acercamiento con Moyano, el Partido Justicialista, el Frente Renovador y sin perder de vista la necesidad de un programa de país orientado hacia el interés nacional y popular, lo cual se expresa en su libro “Sinceramente”. Mientras, el oficialismo intenta jugar, recostado en su núcleo duro de apoyo, y poniendo de relieve al factor Pichetto -con resultado no garantizado por cierto-, en la operación de persecución política judicial contra Cristina Fernández, que se agudiza, y el intento por detener la atracción de gobernadores peronistas a favor de Alberto Fernández.
Pero lo verdaderamente importante es que el pueblo, cada vez que puede y lo dejan, se expresa en las urnas con decisión. Así lo reclamó durante los largos 17 años a partir del infausto septiembre de 1955, lo concretó en 1973 apoyando a Campora primero y a Perón-Perón después; lo hizo en octubre de 1983 para impulsar la democracia mediante su concurrencia masiva y entusiasta, y se hizo escuchar fuerte con el 54% de 2011 para apoyar la reelección de Cristina Fernández. Cada caso, con sus matices y limitaciones, constituyó una auténtica expresión de autodeterminación popular, donde el pueblo precisó el rumbo de su destino contra la voluntad de los sectores dominantes.
Más allá de cualquier vuelta política alrededor de la distribución de los lugares en las listas electorales, no exenta de mezquindades y personalismos, la unidad encuentra sólidas bases. ¿Cuál es este fundamento político de fondo para formar un frente de todos? La conciencia acerca de la necesidad de una confluencia lo más amplia posible de las fuerzas sociales de raíz nacional, con interés en el mercado interno y el crecimiento autónomo del país, como lo es la clase trabajadora, para aislar a los sectores oligárquicos y propinarles, así, la derrota política apta para dar riendas a un proyecto de nación productivo, soberano y socialmente justo. Los acuerdos entre dirigentes políticos no siempre tienen un necesario correlato en el comportamiento electoral de las bases sociales, pero el sentido de las próximas elecciones no tendrían que ofrecer dudas para las mayorías populares: se juega su destino de más elemental comunidad.
Claro que la libre manifestación de voluntad popular no estará a resguardo de interferencias nocivas, como en 2015 cuando operaron los sicarios mediáticos y judiciales, y que esa ponzoña, seguramente, hará efectos sobre el sector de la población históricamente colonizado por una idea del desprecio al país y al bajo pueblo –en especial, la franja etaria de los más grandes-. Una forma de autodesprecio aún anida entre nosotros, como enseñaba con profundidad sociológica Arturo Jauretche. Pero la confianza está puesta en que ello no podrá confundir a las mayorías orientadas en el sentido fuerte de la supervivencia nacional, como indica las persistencias de un general rechazo al FMI y una opinión favorable al rol activo del Estado, relevadas en significativas encuestas[i]. La comprensión que no es una cuestión de partidos sino una cuestión nacional, es la plataforma de lanzamiento ideológica para retomar la senda nacional y democrática, y fuente de la esperanza actual.
13/06/2019.

domingo, 2 de junio de 2019

ENTRE DOS MUNDOS // CARLOS MARTÍNEZ SARASOLA




Alrededor de la relación entre el estado y los pueblos indígenas, roe el viejo y rancio nacionalismo aristocrático con su prejuicios propio de quienes creen que es posible amar a la nación y odiar al pueblo al mismo tiempo. Por eso los acusan, sin fundamento, de querer dividir la nación o atentar contra la seguridad nacional,  de ser responsables del atraso del país. De ahí al barranco a la derecha, un pasito. La hilacha del odio de clase les asoma detrás de un palabrerio falsamente patriótico, y cultor de la oligárquica dualidad entre civilización o barbarie. La creencia que un auténtico proyecto de Nación se hace desde y para el pueblo, incluye, por supuesto, a los pueblos indígenas. Una reivindicación necesaria para quienes, a su manera y con sus dificultades políticas y sociales, están entre los más pobres de los pobres, con su riqueza y diversidad cultural, y han dado muestra reiterada a lo largo del continente, salvo alguna excepción aislada, de bregar por la unidad.

Un escritor mejicano, Carlos Montemayor, decía que aún no sabemos cuánto de la cultura indígena ha estado ganando terreno, en vez de perderlo, en las sociedades. Carlos Martínez Sarasola siempre tuvo una voz clara que nos ayudaba a comprender la situación, en el medio de una difícil pero necesaria interculturalidad. La dimensión intercultural de un proyecto nacional, soberano, socialmente justo y democrático. Nos dejó hace poco, pero nos quedan sus libros, artículos y entrevistas.
En el sitio web El Orejiverde, se publica una entrevista a Martínez Sarasola, cuya lectura recomiendo, en el siguiente link: http://www.elorejiverde.com/

Verónica Huilipan, werken de la Confederación Mapuche de Neuquén, señaló en una entrevista lo profundamente perverso de que quienes obligaron a esas comunidades a “desruralizarse”, a urbanizarse, hoy les nieguen su condición indígena porque ya no son rurales.
Claro. Es otra cosa de ignorancia, cuando no de mala intención, porque insisto: en la actualidad el indígena vive no solamente en las comunidades rurales sino también en las ciudades. Es un hecho que se está dando en todo el continente, donde el 50 por ciento de la población indígena vive en los centros urbanos, ¿y acaso ha dejado de ser indígena por eso? Por supuesto que no. Antes se pensaba que sí, que en las ciudades perdía sus costumbres, su identidad. Hoy se sabe y se ve que no, hay infinidad de procesos por los cuales el indígena reafirma su identidad en la ciudad, aunque a algunos pueda que les parezca paradójico. Desde la constitución de barrios urbanos como los que existen en Rosario, que es un caso emblemático, en Buenos Aires también tenemos barrios indígenas, en las afueras de La Plata, en la comunidad de Derqui, con barrios enteros liderados por un cacique… son barrios indígenas dentro de las ciudades, eso es una realidad que está pasando. Son procesos muy novedosos y que mucha gente no los conoce.

jueves, 30 de mayo de 2019

LA NUEVA CONSTITUCIÓN DE CUBA ES LA AUTODETERMINACIÓN DE SU PUEBLO



La reciente reforma constitucional en Cuba ha tenido la indiferencia de buena parte de los comunicadores locales1. Tal vez por la escasa atención que merecen las noticias que fortalecen el rumbo autónomo del pueblo cubano en general, vigente desde el mismo hecho de la revolución de 1959, o por la reticencia a admitir sus formas de participación política para elegir sus autoridades y sus normas; o bien, se trata de la negación sistemática del colonialismo cultural que insiste en mantener una idea de los pueblos latinoamericanos divididos entre sí. La reforma integral de la constitución cubana, constituye, a mi juicio, un ejercicio pleno de la autodeterminación del pueblo, en el sentido que este derecho en el orden internacional público es entendido: la facultad del pueblo para decidir el tipo de desarrollo económico, político, social y cultural, sin aceptar ninguna forma de injerencia externa. Este hecho, además de ser una extraordinaria muestra de carácter del pueblo cubano, por su continuidad en el tiempo frente al hostigamiento estadounidense, es también un testimonio valioso de orientación para los pueblos latinoamericanos, que contrasta con la renuncia a la soberanía de parte de varios gobiernos de la región conducidos por las elites locales y merece una especial atención para quienes creemos en la necesidad de la unidad continental. Destaca la fortaleza institucional del proyecto nacional cubano, frente a la descomposición institucional de países como Argentina y Brasil. Una vez más, desde Cuba nos llega un testimonio poderoso de resistencia política y cultural.
La reforma es un hecho político de trascendencia interna para los cubanos, ya que implica consolidar el proceso histórico iniciado en enero de 1959, de perfiles antioligárquico, nacional y democrático-socialista, ahora conducido por el actual Presidente Miguel Díaz Canel Bermúdez. La sucesión de Fidel y la reforma constitucional constituyen dos hechos de relevancia que fortalecen la autodeterminación del pueblo, en el ciclo abierto tras la sucesión de conducción política del país del histórico líder.


Cuba, su condición nacional.
Cuba ha destacado en la región por su persistente opción socialista, aunque, especialmente merece un reconocimiento la valiosa decisión previa de autodeterminarse, con un fuerte sentido patriótico, desde que Fidel Castro inspiró su insurrección en José Martí, figura central en la lucha por la independencia del país. En el curso de los acontecimientos contemporáneos, tras la caída de la URSS -aliado geopolítico y principal proveedor de recursos económicos- y deshecha su área mundial de influencia, el ejercicio de la soberanía lleva al pueblo cubano a, sin dejar de insistir en los principios socialistas de organización de la vida social, buscar nuevos caminos para mejorar el bienestar general del pueblo. Hay problemas en la producción y distribución de bienes y servicios, pero no hay monopolios trasnacionales que dominen la economía. La necesidad de la transformación de su estructura económica, hacia una de mayor productividad en calidad, diversidad y cantidad, sin caer en una propia de los países dependientes, ha sido uno de los motivos de la reforma que aquí comentamos, que parece estar guiada por certeza que la decisión de autodeterminarse es la condición para el desarrollo productivo y socialmente justo.
La nueva Constitución de la República de Cuba fue proclamada el 10 de abril de 2019, por la Asamblea Nacional del Poder Popular, órgano político máximo y soberano del país. La fecha elegida para su proclama tiene una carga simbólica específica, de contenido patriótico y antiimperialista, ya que el 10 de abril de 1869 fue aprobada la primera Constitución de la República en Armas de Cuba, de Guáimaro, en pleno desarrollo de su lucha contra el colonialismo español.
Cuba tuvo varias constituciones, desde la Constitución de Cádiz de 1812, sancionada en esa ciudad española, hasta la Constitución de la República de 1901, en la que la ocupación militar estadounidense impuso la Enmienda Platt, que le daba a Estados Unidos la facultad de intervenir en Cuba, y configuraba un régimen colonial. En 1940, se sancionó una nueva Constitución, de avanzada democrática y social en la época, y luego derogada por la dictadura de Batista. El primero de enero de 1959 triunfó la revolución conducida por Fidel Castro para ir hacia “la verdadera independencia nacional de Cuba”, como decía el ensayista cubano Antonio Nuñez Jimenez. Sobre esto, mucho tiempo después, Raúl Castro Ruz explicó: “La Revolución fue fuente de derecho, fue ella quien les dio la tierra a los campesinos, la que garantizó el acceso gratuito y universal a la educación, la que puso la salud pública al servicio de los ciudadanos, la que garantizó la igualdad de los cubanos, la que nacionalizó con el respaldo popular las grandes propiedades en manos de compañías extranjeras que explotaban a nuestros compatriotas”2.
La reforma actual viene a sustituir la sancionada en 1976, cuando en plena geopolítica del orden mundial bipolar y de la guerra fría, se declaró la “amistad fraternal con la URSS”. El 15 de febrero de 1976 se realizó un referendo popular, donde participaron 5.600.000 electores (sobre una población de 9.500.0003), por el cual el pueblo cubano aprobó la primera Constitución Socialista de Latinoamérica. Esta norma fundamental tuvo varias modificaciones, como en 1992, para enfrentar la grave crisis social durante el Período Especial, y en 2002, para afirmar el carácter irrevocable del socialismo y el rechazo a toda forma de amenaza y coerción de una potencia extranjera. Desde entonces hasta ahora, el pueblo cubano ha venido sufriendo una estrategia continua para desestabilizar a sus gobiernos, presiones para modificar sus sistema político y social, y una guerra económica con un bloqueo comercial asfixiante de para de los Estados Unidos que, en el presente año, ha recrudecido. Como señala Andrés Zaldívar Diéguez, la doctrina histórica de los imperios sobre la guerra económica, “se incorporó de inmediato a la teoría y la práctica norteamericanas de guerra económica, y, como veremos más adelante, se aplicó de esa manera contra Cuba a partir de 1959, con la diferencia de que se programó y en muchas ocasiones se han destruido importantes objetivos económicos mediante procedimientos terroristas sin que mediara estado de guerra declarada, impidiendo o dificultando luego su reconstrucción o reposición por las medidas de bloqueo”4.


La reforma constitucional.
El 24 de febrero de 2019, el pueblo de Cuba brindó su apoyo mediante un referéndum, al proyecto de la nueva Constitución, entre el 13 de agosto y 15 de noviembre de 2018. De una población total de algo más de once millones de habitantes y un padrón de 8 millones 705 mil 723, votaron 7 millones 848 mil 343 electores. A favor, lo hicieron 6 millones 816 mil 169, el 86,85 % de los electores que votaron, y en contra 706 mil 400, el 9 %[i]. El proceso electoral tuvo un alto índice de la participación, el 90%. Vale la precisión, para echar por tierra las imputaciones falsas sobre el carácter antidemocrático del sistema político cubano, cuando está establecido constitucionalmente y por leyes inferiores, un sistema electoral con características propias, por medio del cual las bases participan activamente. Aunque pueda no estar exento de cuestionamientos y mejoramiento, el pueblo ejerce su derecho a participar con la misma convicción, o más, que en otros países. Además, contó con un previo e interesante proceso de consulta en donde hubo debate con posiciones encontradas, y del cual resultó que la Comisión redactora hiciera 760 cambios, que van desde una palabra hasta la incorporación de un artículo completo, como el supuesto del derecho a contar con un abogado desde el mismo momento de la detención. Aunque se debatió también la posible regulación expresa del matrimonio igualitario –quedó la puerta abierta- y la elección directa del Presidente y el Vice, que se desechó5, así como la inclusión expresa o no del socialismo como forma de organización social, que inicialmente no estaba en el primer borrador de la reforma constitucional, dando cauce a un fuerte debate en la isla y ratificando lo decidido en 2002. La cuestión sobre la necesidad de revitalizar el concepto de socialismo es un asunto debatido, como cuando se lo señalaba como parte de “una transposición del sistema institucional soviético”, cuya expresión mayor era la Constitución de 19766.
En cuanto a su contenido, la nueva Constitución, que cuenta con 229 artículos, declara desde el Preámbulo los valores principales de Cuba, como una “patria libre, independiente, soberana, democrática, de justicia social y solidaridad”, denuncia la “ocupación militar del imperialismo yanqui en 1898” y reivindica a los que “lucharon durante más de cincuenta años contra el dominio imperialista y la explotación social”. De igual manera, proclama la guía del pensamiento “revolucionario, antiimperialista, marxista cubano, latinoamericano y universal” y al Partido Comunista Cubano como garante de la unidad nacional.
En su artículo 1, en el capítulo I de los principios fundamentales, consagra a Cuba como “un estado socialista de derecho y justicia social”, y al PCC como “fuerza política dirigente superior la sociedad y el estado” (art. 5). Proclama la construcción del socialismo y el fortalecimiento de la unidad nacional como fines esenciales del Estado, entre otros, así como el estímulo estatal “a las organizaciones de masas y sociales que agrupan en su seno a distintos sectores de la población”.
En el capítulo II, dedicados a las relaciones internacionales, la reforma consagra -en línea generales con lo que ya estaba dispuesto en la Constitución de 1976- los principios del antiimperialismo y del internacionalismo, del derecho a la libre determinación de los pueblos, el de no uso de amenazas ni de la fuerza, de la igualdad entre las naciones, con base en la Carta de las Naciones Unidas; la integración de los países de América Latina y del Caribe, la unidad de los países del Tercer Mundo y condena al colonialismo en todas sus formas, a los bloqueos, y promueve el multilateralismo y la multipolaridad como alternativa a la dominación (art. 16).
El título II lo dedica a los fundamentos económicos, en donde describe a la economía del país como de “carácter económico socialista basado en la propiedad de todo el pueblo sobre los medios de producción” (art. 18), con la dirección del Estado y el rol protagónico de los trabajadores. El artículo 22 regula la existencia de diferentes formas de propiedad: la socialista, la cooperativa, de las organizaciones políticas, de masas y sociales, privada (“la que se ejerce sobre determinados medios de producción por personas naturales o jurídicas cubanas o extranjeras; con un papel complementario en la economía”), mixta, de instituciones y formas asociativas, personal (“a que se ejerce sobre los bienes que, sin constituir medios de producción, contribuyen a la satisfacción de las necesidades materiales y espirituales de su titular”). Al final, dice: “todas las formas de propiedad sobre los medios de producción interactúan en similares condiciones; el Estado regula y controla el modo en que contribuyen al desarrollo económico y social”.
Continúa con la regulación de la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los recursos naturales, imprescriptibles e inalienables, y la propiedad socialista del pueblo sobre la infraestructura, las principales industrias y otros bienes de carácter estratégico. También le otorga al Estado la facultad de “crear y organizar entidades empresariales estatales”, y define a la empresa estatal socialista como “el sujeto principal de la economía nacional”. El artículo 28 dispone garantizar “la inversión extranjera como elemento importante para la economía”, y el 30, el derecho a la propiedad de personas no estatales.
Más adelante, la nueva Constitución estipula sobre la importancia de la educación y la cultura, con eje en la historia y la identidad nacional, e incluye normas sobre protección de los derechos humanos, los principios de progresividad, igualdad y no discriminación, el derecho a la información, al acceso a los datos personales, a la igualdad de género, al reconocimiento y protección de la familia “cualquiera sea su forma de organización”.
La parte orgánica de la reforma establece, como principio general de organización, la democracia socialista, y consagra a la Asamblea Nacional del Poder Popular como el órgano supremo del poder del Estado, de potestad constituyente y legislativa, con diputados elegidos por el voto libre, igual, directo y secreto de los electores, con un período de cinco años. La reformulación del sistema política al incorporar las figuras del presidente de la República y el primer ministro, con un límite de dos mandatos presidenciales consecutivos, pero manteniendo el rol rector del Partido Comunista de Cuba (PCC) y de la mencionada Asamblea Nacional del Poder Popular. Esta Asamblea es la encargada de elegir al Presidente y Vice de la República, al Consejo de Estado, al Presidente del Tribunal Supremo Popular, al Fiscal General y al Contralor; a los magistrados del Tribunal Superior Popular y al Primer Ministro. También tiene el poder de revocar o sustituir.


Reflexiones provisorias.
En una primera lectura, entiendo que la reforma constitucional le sirve de plataforma para la renovación del proyecto nacional cubano, cuyo eje principal es el ejercicio de la autodeterminación, tanto en su posición geopolítica de autonomía frente a las potencias mundiales, en especial frente a los Estados Unidos, y la orientación de unidad continental; como en el orden interno, con la reafirmación del socialismo. La reforma constitucional, en particular lo relativo a la regulación de la inversión extranjera y de las diferentes formas de propiedad, crea un marco normativo rector para el diseño de políticas públicas para afrontar los grandes desafíos. Entre estos desafíos, el de la necesidad de un desarrollo productivo amplio, inclusivo y diversificado, garantizando la autonomía económica, en un espacio geográfico y demográfico limitado, y en un contexto mundial complejo.
El escenario económico requiere de modificaciones para el bienestar general y el crecimiento del país. El PBI creció un 1.7 % anual entre 2014 y 2018, con un volumen de 87.000 mills de dólares aprox.. La dependencia energética y de la importación de manufacturas y bienes de capital, los obstáculos para obtener divisas y el asunto de la doble moneda, el déficit crónico en el comercio exterior, la baja producción industrial, los problemas de eficiencia de las empresas estatales, el aumento de la deuda externa, configuran un escenario de grandes dificultades. La producción manufacturera aún es débil y la economía parece ser traccionada, principalmente, por el turismo y la tradicional industria azucarera y la minera con el níquel especialmente; el comercio exterior depende en buena medida de la exportación de servicios profesionales, como el médico o la enfermería, mientas el vínculo comercial con Venezuela se ha deteriorado por la crisis de este país. Aun así, Cuba mantiene sus históricos importantes logros sociales, como el de ser el único país sin desnutrición infantil en el continente, como sostiene UNICEF, y un sistema educativo, en todos sus niveles, ejemplar7.
En este contexto difícil, Estados Unidos ha decidido implementar fuertemente la Ley Helms-Button de 1996 y habilitar los juicios por las confiscaciones realizadas hace sesenta años por la revolución, lo que agrava aún más el frente externo y la manera de su inserción en las relaciones internacionales. La Exxon-Mobil demanda en un tribunal federal de Estados Unidos a la empresa estatal cubana Cuba-Petróleo, y a la empresa CIMEX S.A. –encargada de manejar las remesas–, por una refinería, gasolineras y otros activos incautados en 1960. Aún así, Cuba presenta importantes relaciones de solidaridad con Venezuela y Nicaragua, así como ha profundizado el acercamiento con Rusia, China, Canadá y la Unión Europea.
La nueva Constitución expresa la intención de mantener la planificación centralizada del Estado, pero con una apertura al sector privado y a las inversiones extranjeras, en lo que podría llegar a ser un giro hacia una especie de economía mixta. Para algunos, esto es una camisa de fuerza que impedirá el crecimiento8. Por mi parte, rescato el carácter de autodeterminación y de firmeza en la búsqueda de soluciones propias, que no provengan de manuales importados y ajenas a su realidad; esa intención de no ir al almacén a comprar... con el manual del almacenero.
Como dijimos al principio, la autodeterminación nacional es el valor a reivindicar del proceso constituyente, aunque ello no signifique aislarse sino asumir una posición conjunta en la manera de integrarse al mundo, en defensa del interés propio. La zoncera de la autodenigración nacional, que funciona en Argentina, parece no tener cabida en Cuba. Tal vez, uno de motivos pueda ser la escasa presencia del discurso del odio y la denigración de los medios de comunicación concentrados. Decía el historiador argentino, el recordado Fermín Chávez, “cada pueblo da en su momento su propia contestación original al llamado de la historia, sin reglas absolutas prefijadas ni medidas dictadas desde ese mundo que Sarmiento llamaba Civilización”9. Una reflexión adaptable para el escenario en el cual está el pueblo cubano, como se vislumbra en las palabras del propio Miguel Diaz Canel Bermúdez, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros:
Nos proponemos poner en marcha de inmediato medidas económicas pendientes que tienen que ver con demandas y necesidades; con la reorganización del comercio interior; con el funcionamiento del sistema empresarial, las cooperativas agropecuarias y no agropecuarias y el trabajo por cuenta propia. La agricultura, las producciones exportables, el turismo, la sustitución de importaciones, la inversión extranjera y el encadenamiento productivo con toda la producción nacional posible, estarán en el centro de nuestras acciones como Gobierno”.
Al fin y al cabo, el destino de Cuba está atado a la posibilidad de una unidad continental soberana, en el ideario de la patria grande compartido por las figuras históricas latinoamericanas más relevantes incluidas las de Martí y Fidel, fortaleciendo las relaciones de solidaridad, cooperación y trabajo conjunto, en el medio de las transformaciones mundiales, dejando atrás la actual posición artera, y hasta vergonzante, de importantes estados sudamericanos como Argentina y Brasil.
Mayo, 2019.




4 Zaldívar Diéguez, Andrés. “Bloqueo El asedio económico más prolongado de la Historia” (2003), La Habana: Editorial Capitán San Luis.

6 Acuy, Hugo, en “La reforma de la constitución socialista de 1976”, en “La democracia en Cuba y el diferendo con los Estados Unidos”, (1996). La Habana: Instituto Cubano del Libro.

8 Una mirada crítica por Ricardo Torres en: http://www.sinpermiso.info/textos/cuba-desafio-formidable. Sitio consultado el 28/05/2019.

9 Chávez, Fermín, “Historicismo e iluminismo en la cultura argentina”, (1957) Buenos Aires: Trafac.


sábado, 25 de mayo de 2019

SINCERAMENTE, LA FORMULA. REFLEXIONES EN TORNO A UNA DECISIÓN FUNDAMENTAL | Resumen Nacional




Sinceramente, la fórmula. Reflexiones en torno a una decisión fundamental.

El sábado pasado Cristina anunció por las redes sociales, su decisión de lanzar la candidatura presidencial de Alberto Fernández, a la par de su acompañamiento como Vice. La definición de la fórmula presidencial constituye un gran hecho político de fuerte impacto y trascendencia para la vida del país. Por un lado, es el mayor gesto de apertura política posible por parte de quién es la líder política más fuerte del país, en dirección a la formación de un frente patriótico, amplio y fuerte para derrotar políticamente al oficialismo oligárquico, a la vez que le arrebata la iniciativa y lo arrincona obligándolo a definirse. De paso, coloca al grupo denominado Alternativa Federal (que no es ni federal ni mucho menos alternativa), a definirse ideológicamente. Las dos alas del partido oficialista ven así profundizadas sus dificultades y tensiones internas, motivadas principalmente por la crisis social provocada por las políticas que implementan unos y avalan los otros.
El punto de partida del análisis debe ser el reconocimiento que la mayoría creíamos que Cristina era la persona indicada para ser candidata presidencial, tanto por el liderazgo que ejerce sobre buena parte de la población, como por la larga y sobrada experiencia de gestión. Pero de la misma manera hay que reconocer que ha sido justamente su propia decisión la que ha dado vuelta los términos de la fórmula.

Alberto Fernández no es una figura protagonista del ciclo anterior, al modo de Agustín Rossi o Axel Kiccilof, y su principal prestigio le viene por haberse colocado en un lugar central en el armado reciente de Cristina, y era, a plena luz del día, su operador político principal, lo que hacía pensar para él, un destino de jefe de campaña y jefe de gabinete, de acuerdo, además, con su trayectoria.

Varias cuestiones avalan la decisión de Cristina. En primer lugar, por la relativa rápida resolución de la cuestión del candidato, sin esperar hasta último momento para saber si ella se presentaba o si señalaba a otro como candidato. Por otro lado, se buscar eludir las intenciones proscriptivas, como ocurrió en el caso de Lula en Brasil. A su vez, mitiga, de alguna manera, la agresión mediática que, bien vale tenerlo siempre presente, ha tenido y tiene el carácter de guerra psicológica con el sello del imperialismo norteamericano. Aunque, si bien AF parece tener la intención de atenuar la denominada grieta, será solo cuestión de tiempo advertir lo contrario; ya que en definitiva la grieta, con mayor o menor intensidad, no revela más que antagonismos históricos en nuestra sociedad que, hasta tanto se derrote políticamente al orden oligárquico, persistirá bajo la forma que sea.

También, no debe subestimarse el desgaste y agotamiento personal, el cual incluso se vio con las licencias por motivos de salud tomadas durante su segundo mandato, agravada en la actualidad por la situación persecutoria contra su hija. La cobertura mediática del juicio contra la ex Presidente, previsible pero igualmente irritante, así como la rapidez innecesaria de su inicio, evidencia otra parte de los motivos de la decisión tomada. Todo esto sin obviar lo dicho al principio, en cuanto a la búsqueda de una amplitud política, como la mejor prenda de unidad posible de parte Cristina, aunque aún este por verse su real alcance.

Nada de esto nos distrae de reparar, de reojo nomás, el problema del liderazgo entre quien es la jefa política de un movimiento político y quien, triunfo electoral mediante, será el jefe del gobierno; lo cual, mientras dure la campaña, supongo, quedará en suspenso.


Entre el interés nacional y la crisis.



La alianza PRO-UCR significó una ruptura del orden económico, público e institucional del país. Como hemos dicho desde el inicio de la gestión, no fue una alternancia democrática entre fuerzas más conservadoras o progresivas, sino una lisa y llana ruptura del curso autónomo del país. Incluso su llegada al poder estuvo ligada a una guerra psicológica durante todo el segundo mandato de Cristina, especialmente en 2015. No olvidemos que hasta la figura presidencial fue desplazada del poder un día antes del vencimiento de su mandato, por una orden judicial, a modo de un adelanto experimental de la obscena persecución que se vendría contra políticos, sindicalistas y dirigentes sociales. El objetivo fue interrumpir el ciclo nacional democrático y hundir al país otra vez en la dependencia y la desigualdad. Y en este punto nos encontramos: con un nuevo régimen de la dependencia establecido y en el medio de una crisis generalizada en todos los aspectos de la vida del país, con la amenaza del abismo.

El próximo gobierno tendrá, entonces, la dificilísima tarea de reiniciar el ciclo nacional, o bien resignarse a ser un mero gestor de una crisis que, seguramente, lo ponga contra las cuerdas y desestabilice hasta un final anunciado. La disyuntiva es una política nacional o la crisis permanente en un país de baja intensidad, como solía decir con mayor desarrollo conceptual Jorge Beinstein. La reconstrucción de aquellos aspectos mínimos necesarios para que una formación social sea considerada una nación, entre ellos, el principal, recuperar un grado de autonomía suficiente tal en el que las decisiones en materia económica se tomen en la Casa Rosada y no en las oficinas del FMI o un banco extranjero. 

AF justamente, promete eso, y su apoyo será manifestación de esa necesidad. Además, cuenta con antecedentes políticos que lo avalan, como su participación del núcleo decisivo del gobierno de Néstor Kirchner, y la confianza que, a todas luces, le dispensa Cristina. Su primer pronunciamiento es relativo a lo que será el tema central de la próxima gestión: el tipo de relación que tenga con el FMI y la manera de tratar el problema de la deuda externa. Dijo que procurará pagarla aunque mediante una renegociación que neutralice los condicionamientos políticos propios de este organismo supranacional.

La deuda se trata de una deuda odiosa, en términos de doctrina internacional, por haber servido únicamente para financiar la una gigantesca y obscena fuga de capitales, y no contar con un correlato en la producción de bienes y servicios para la economía del país. No sirvió para el bienestar de la sociedad y obras públicas de infraestructura, sino para la especulación de la banca extranjera. Pero tal posición, para tener una mínima expectativa de éxito, requiere de una fortaleza regional y geopolítica que, al menos ahora, no existe. De manera que volvemos a la situación inicial de 2005, en la que Néstor Kirchner condujo una renegociación que sirvió para recuperar autonomía. Scalabrini Ortiz defendía la compra de los ferrocarriles ingleses por Perón, afirmando que, más allá del precio nominal pagado, lo que se adquiría era soberanía. La negociación con el FMI se hará en condiciones más gravosas incluso que las llevadas a cabo por Néstor Kirchner, porque en Brasil no está Lula sino Bolsonaro, el gobierno bolivariano de Venezuela no tiene el mismo margen de acción que el de Chávez, y Estados Unidos ha acelerado sus objetivos expansionistas sobre la región sudamericana.
En este contexto, entiendo necesario mantener el reclamo de investigación y repudio de la deuda, pero, en ningún caso como motivo para desechar al flamante candidato AF si éste entiende, como ha afirmado, que el camino es otro. Es cierto que Cristina, alguna vez, alentó otra posibilidad, como una auditoría para conocer el destino de los fondos, pero, en definitiva, no se le puede exigir a AF como si se tratara de profundizar un modelo productivista y soberano que ya no existe, sino de reconstruir buena parte de lo perdido, como punto de partida para un nuevo ciclo nacional y democrático, dentro del cual proponer las transformaciones progresivas. AF es una figura de la política, del peronismo, y por lo tanto, no está exenta de los problemas de una clase política golpeada y debilitada en medio de un país llevado a la dependencia nuevamente, sujeta a todas las presiones de los poderes económicos iigados a los fuertes intereses extranjeros, que buscan, eficazmente, doblegarla. 
Aún así, y justamente por eso tal vez, este nuevo escenario no debe cancelar el ejercicio de la crítica justa, orientada hacia la defensa del interés nacional, la justicia social y el fortalecimiento de las organizaciones populares y de los trabajadores; así como equilibrada, para evitar que, desde un supuesto idealismo de izquierda, se tribute a los intereses de la oligarquía, ansiosa por debilitar cualquier expresión nacional, por débil y dificultoso que sea el camino. Como tantas veces, la necesidad de poner sobre la mesa la necesidad de un programa de país que realice en todos sus términos, la liberación nacional y social, debe servir para fortalecer y no para limar las chances de las fuerzas políticas nacionales en movimiento. Y este movimiento, como siempre ocurre en la política, se realizará en el curso de los hechos concretos, más allá de los discursos y predicciones.

DON LUCERO, 23/05/2019.

jueves, 14 de marzo de 2019

CONSTITUCIÓN DE 1949: A SETENTA AÑOS DEL BASTIÓN DE LA PATRIA.


Constitución de 1949: a setenta años del bastión de la patria. Una reivindicación para la esperanza.

Publicada en Revista Zoom: http://revistazoom.com.ar

El 11 de marzo de 2019 se cumplen setenta años de la sanción de la Constitución según la redacción confeccionada por la asamblea constituyente de 1949. “Bastión de la república” fue la denominación que eligió Raúl Scalabrini Ortiz para defender a la Patria y a la Constitución vigente, que era la reformada en 1949, ante la embestida de la dictadura que gobernaba el país desde septiembre de 1955. “La alharaca que se alza en torno a la reelección es una coartada de disimulo (...) es el artículo 40 el que se quiere eliminar (...) una verdadera muralla que nos defiende de los avances extranjeros y está entorpeciendo y retardando el planeado avasallamiento y enfeudamiento de la economía argentina”. Scalabrini tenía en mente un asunto concreto: “Mientras esté vigente el artículo 40, no podrán constituirse las sociedades mixtas, porque todo lo que se urde estará incurablemente afectado de inconstitucionalidad. Ni los transportes, ni la electricidad, ni el petróleo podrán enajenarse ni subordinarse al interés privado, con que se enmascara el interés extranjero”[i].
El 27 de abril de 1956, la reforma constitucional de 1949 fue derogada por un bando militar, el que declaró vigente el anterior texto ordenado, dando correlato jurídico a la política de extranjerización de la economía, renuncia a la independencia económica, de desigualdad social y represión que la dictadura venía implementando. Desde entonces, salvo el breve lapso de 1973 y 1974, y los doce años del ciclo kirchnerista, nuestro país no recuperó su senda de autodeterminación nacional.
La cuestión constitucional es el problema de la organización nacional. Debatir sobre el contenido de la Constitución o sobre las reformas constitucionales, es entrar en la discusión sobre el modelo de organización del país. Por eso, no es solo un tema de abogados, quienes en todo caso podrán aportar su conocimiento técnico en algunas cuestiones a las que sean convocados específicamente, sino principalmente, es una cuestión que involucra por igual a la totalidad de los sectores del país.
Actualmente, la reivindicación de la reforma constitucional de 1949 significa un cuestionamiento al régimen de la dependencia que nuevamente se pretende imponer, así como un mensaje de esperanza para levantar el derecho del pueblo en su conjunto a decidir el modelo de desarrollo del país y su lugar en el mundo, sin injerencias ni opresiones. Seguramente es por eso que, pese al olvido sistemáticamente organizado desde la doctrina tradicional del derecho y los medios de comunicación hegemónicos, siempre ha habido juristas comprometidos con la causa de la liberación nacional que han insistido en su estudio, para aportar al largo y sinuoso proceso de liberación nacional. Merece destacarse el caso notable, solo para citar algún ejemplo valioso, de Eduardo Garat, abogado y docente universitario rosarino de militancia peronista, desparecido por la dictadura militar. En 1972 escribió el ensayo “Texto constitucional, proyecto hegemónico y realidad histórica”, donde estudia y rescata la Constitución de 1949, y que fue publicado, en forma póstuma, con base en un borrador guardado por su familia[ii]. Y en forma contemporánea, la valiosa tarea de recuperación y estudio que, de la misma forma infatigable que Alberto Gonzalez Arzac, realizan también juristas como Jorge Cholvis, Marcelo Koenig, Eduardo Barcesat, el periodista Armando Vidal, y el destacado E. Raúl Zaffaroni, entre otros, cuyos aportes deben ser atentamente considerados. Todo ellos, además, demuestran a las claras que la solvencia y profundidad en la reflexión jurídica no se ve disminuida en lo más mínimo por las valoraciones políticas, sociales y culturales, destruyendo así el remachado mito de la neutralidad científica de la ciencia del derecho.

La Constitución de 1949.
La reforma constitucional de 1949 fue la expresión en el mas alto plano normativo, de la política pública desplegada por el peronismo, cuyo principales objetivos se sintetizan en la búsqueda de una patria económicamente libre, socialmente justa y políticamente soberana, además de la promoción del bienestar social y la cultura nacional. A mi criterio, menciono tres aspectos fundamentales a considerar: el objetivo de la independencia económica como condición para ejercer la soberanía nacional; el rol activo y central del Estado como conductor general del desarrollo productivo, mediante el control del comercio exterior y el sistema financiero, la nacionalización de los recursos naturales y los servicios públicos -los conocidos artículos 38, 39 y 40 del capítulo IV-; y un desarrollo de las relaciones de producción, con eje en el mercado interno, la función social de la propiedad, los derechos de los trabajadores y el capital nacional, y el rol de los sindicatos. La reforma consagró derechos de los trabajadores, de las familias -también lo que se llama la agricultura familiar-, de los actualmente denominados adultos mayores, de la cultura y la educación, derechos de contenido social, garantías procesales penales, de igualdad para el trato jurídico hacia las mujeres; pero también, muy especialmente, consagró los instrumentos del Estado necesarios para la concreción de aquellos. Lo cual constituye una diferencia fundamental en comparación con la reforma constitucional de 1994, que, si bien incluyo importantes tratados internacionales de derechos humanos, mantuvo una concepción mínima del Estado, sin medios para su realización, que encajaba bien con el predominio neoliberal de los años 1990.
Se enlaza, así, el abordaje de la cuestión social -con las normas relativas a los derechos de los trabajadores, sociales y de protección de los sindicatos-, con la cuestión nacional, relativa al rol del Estado.
Así como no es posible caracterizar en forma ligera al peronismo como la versión criolla del Estado de Bienestar, tampoco la reforma constitucional de 1949 fue un simple reflejo de la corriente del constitucionalismo social a nivel mundial –aunque comparta aspectos–, sino, más bien, la sustitución de las obsoletas relaciones jurídicas de producción del país oligárquico por las del nuevo modelo productivo y soberano. Sentaba las bases para un proyecto de Nación a largo plazo y duradero, a través del diseño jurídico de un modelo de sociedad que trascendiera la coyuntura, desde una perspectiva nacional y democrática. Esta perspectiva es la que corresponde al rol progresivo que cumplen los movimientos nacionales en Latinoamérica y que encontró expresión jurídica en la reforma de 1949. Como decía Blas Alberti, en una cita que podría ser de otros como Jorge Abelardo Ramos o Jorge Enea Spilimbergo, que vale la pena recordar: “hay que diferenciar el nacionalismo de un país oprimido del de un país opresor, lo que suponía la interpretación y reinterpretación del imperialismo, no sólo como factor frenador del desarrollo de las fuerzas productivas en el mundo colonial y semicolonial sino como causa de la conformación del movimiento nacional”[iii].
A lo largo de nuestra historia económica, la adopción de la política de libre cambio y libre comercio, así como los empréstitos usureros de deuda externa con la banca inglesa, han tenido efectos ruinosos para el desarrollo integral y autónomo nacional. Al igual que en el resto de los países latinoamericanos, la consecuencia de esta abstracta libertad de comercio ha sido la subordinación concreta a los intereses económicos de las potencias hegemónicas mundiales. El fomento de la libertad de capitales no tiene el mismo resultado si se practica desde las potencias mundiales que en los países periféricos. Gran Bretaña se hizo librecambista a mediados del siglo XIX, cuando ya era la principal potencia industrial del mundo y podía colocar ventajosamente sus manufacturas y bienes de capital, subordinando al resto de las naciones a sus intereses.
En su exposición ante la Asamblea Constituyente de 1949, como miembro informante de la comisión redactora, Arturo Sampay señaló una cuestión clave en materia económica: “La realidad histórica enseña que el postulado de la no intervención del Estado en materia económica, incluyendo la prestación de trabajo, es contradictoria en sí misma, porque la no intervención significa dejar libres las manos a los distintos grupos en sus conflictos sociales y económicos, y por lo mismo, dejar que las soluciones queden libradas a las pujas entre el poder de esos grupos. En tales circunstancias, la no intervención implica la intervención a favor del más fuerte”[iv]. Además, que “frente al capitalismo moderno ya no se plantea la disyuntiva entre economía libre o economía dirigida, sino que el interrogante versa sobre quién dirigirá la economía y hacia qué fin. Porque economía libre, en lo interno y en lo exterior, significa fundamentalmente una economía dirigida por los ´cartels´ capitalistas, vale decir, encubre la dominación de una plutocracia que, por eso mismo, coloca en gran parte el poder político al servicio de la economía”[v].
Se trataba de crear formas jurídicas hábiles para la protección de los efectos dañinos de la intromisión del capital financiero extranjero, así como contra el traslado de las crisis de los países centrales a los periféricos. Ello, mediante la adopción de una posición de autonomía ante el sistema financiero hegemónico para fomentar el ahorro nacional y el mercado interno. En 1948 en ocasión de fundamentar el proyecto de ley de convocatoria a la reforma constitucional, el diputado nacional John William Cooke explicaba que: “la única manera de realizar política anticíclica es por medio de la nacionalización de los depósitos, que permite al Estado revertir sobre el mercado los fondos en momentos de depresión y restringir los créditos cuando el proceso inflacionista se acentúa”, y que “la deuda externa ha sido fomentada por los países de penetración imperialista en nuestro continente, porque muchos gobiernos endeudados han sido arcilla en manos de los fuertes consorcios internacionales”[vi].
Tiempo después, Sampay llegaría a afirmar que la naturaleza jurídica de las grandes empresas monopólicas es la de “comunidades públicas de inversión, trabajo, producción y distribución”, cuya fuente de financiamiento es, principalmente, el ahorro del pueblo a través de bancos y bolsas, mediante la utilización de la fuerza de trabajo de masas de obreros, técnicos y profesionales, y la capacidad de consumo de la población. En virtud de ello, tienen una condición de bien colectivo a partir de la cual merecen una nueva regulación distinta a la establecida en los artículos 14 y 17 de la Constitución de 1853[vii].

La cultura dominante.
Los sectores dominantes defienden sus intereses mediante la difusión de su particular y elitista visión del mundo y del país, con la coronación de historiadores, periodistas, e intelectuales que ofrecen su versión de la realidad como la única posible. Así es que también, como dice Norberto Galasso, en ocasiones la clase dominante ofrece “ciertas disonancias y hasta confrontaciones secundarias que no afecta la salud del sistema implantado”, pero en la cual la verdadera concepción antagónica o cuestionadora del orden vigente, queda discriminada, silenciada o distorsionada[viii]. Aquí es cuando en la tradición del pensamiento político argentino se ha utilizado el adjetivo calificativo maldito -también válido para personas como el caso de Manuel Ugarte-, como sinónimo de silenciado o distorsionado por la ideología dominante, y no, entonces, por haberle caído encima alguna alquimia propia de chamanes o brujos, o por alguna lectura de la ancestral mitología griega. Un amplio abanico de zonceras, como decía Arturo Jauretche, o aforismos sin sentido, como ante había dicho Manuel Ortiz Pereyra, se suceden, unos al lado del otro, como certezas de apariencia científica, pero carentes de fundamentos.
A través de sus discursos, se forma la superestructura cultural necesaria para legitimar el orden dominante, dando incluso lugar a profesores de ínfulas izquierdistas, explicadores de todas las revoluciones en el mundo menos de los avances que, aun modestamente y con dificultades, da nuestro pueblo a lo largo de su historia. Esto tiene su correlato político en la asamblea constituyente de 1957, cuando un heterogéneo conjunto ideológico de legisladores, de derecha e izquierda, conservadores, radicales balbinistas, socialistas y comunistas, se exhibían como defensores de la democracia, con el pequeño detalle que el movimiento político mayoritario... estaba proscripto.
La derogación de la Constitución de 1949 implicó, sin lugar a dudas, una renuncia expresa a la independencia económica, a la justicia social y a la soberanía política, que el régimen dictatorial de entonces estaba ejecutando. Como dice Mempo Giardinelli, referente de El Manifiesto Argentino: “El remedo que intentó la convención constituyente que en 1957 convocó y controló aquel gobierno militar, hoy es una farsa. El artículo 14 bis vigente es una versión empequeñecida y rota del artículo 40 y de todo el espíritu de la CN de 1949. Que fue pionera al incorporar los derechos de los trabajadores; de la familia; de la ancianidad; de la educación y la cultura; de la protección estatal para la ciencia y el arte; y de la enseñanza obligatoria y gratuita. Así como garantizó la igualdad de hombres y mujeres en las relaciones familiares; la autonomía universitaria; la función social de la propiedad; la elección por voto directo para diputados, senadores y presidente; y la reelección presidencial inmediata”[ix].
Por eso, la futura recuperación de la senda nacional y democrática exige atender el problema de la necesaria y urgente organización nacional, para enfrentar los graves condicionamientos para la autodeterminación nacional como consecuencia del enorme endeudamiento externo, la fuga de capitales, la destrucción del aparato productivo industrial y la fuerte caída del ingreso de los trabajadores. La recuperación de los principios de la reforma constitucional de 1949 será fundamental para forjar un nuevo bastión de la Patria. Un programa de nación soberana y socialmente justa para salir de la crisis de la dependencia.

por Javier Azzali


[i]Scalabrini Ortiz, Raúl (1973) “El artículo 40 es el bastión de la república”, en “Bases para la reconstrucción nacional”. Bs. As. Ed. Plus Ultra.
[ii]Garat, Eduardo Héctor. “Texto constitucional, proyecto hegemónico y realidad histórica”. (2013). Rosario. Compromiso Ediciones.
[iii]    Alberti, Blas, (1974). “El revisionismo histórico socialista”, Buenos Aires. Ed. Octubre. De Jorge Spilimbergo (1956). “Nacionalismo oligárquico y nacionalismo revolucionario”. Bs. As. Ed. Amerindia.
[iv]Diario de Sesiones de la Convención Nacional Constituyente de 1949”. (1949). Buenos Aires. Imprenta  del Congreso de la Nación, p. 270.
[v]Idem, p. 276.
[vi]Duhalde, Eduardo Luis (Comp.). (2007) “Acción Parlamentaria de John William Cooke”. Tomo I. Buenos Aires. Colihue, p. 109 y ss.
[vii]Sampay, A. (2011). “Constitución y Pueblo”. Buenos Aires. Instituto Superior Arturo Jauretche, p. 201. También está la primera edición de Ed, Cuenca (1972).
[viii]Galasso, Norberto (Comp.). (2006). “Los Malditos. Hombres y Mujeres excluidos de la historia oficial de los argentinos”. Bs. As. Ed. Madres de Plaza de Mayo.
[ix]  Giardinelli, Mempo. “Constitución Nacional y trasnochamientos”. Página 12, 28/01/2019.

viernes, 18 de enero de 2019

Entrevistas en Cuestionas de la Patria | CLAUDIO CASTELLI


El objetivo de estas entrevistas es realizar un aporte a la formación de cuadros políticos a partir de acercar el pensamiento de quienes han tenido una actuación que merece ser destacada por su posición a favor de los intereses del pueblo y la lucha por la liberación nacional. En esta oportunidad dialogamos con Claudio "Chuni" Castelli, quien, entre otros oficios, es editor de los blogs: http://vagosperonistas.blogspot.com/ y http://vagosyderecho.blogspot.com/
La vigencia de la necesidad de la liberación nacional, la importancia de la lucha contra la criminalidad económica, de valorizar la cultura nacional, son algunos de los temas tratados. Le agradecemos a "Chuni" su predisposición para dialogar con nosotros. 



Estimado Claudio, la intención de esta serie de entrevistas es aportar a la formación teórica política de los compañeros y las compañeras, desde la reflexión sobre la necesidad colectiva de construir una sociedad más digna y solidaria, dejando atrás las injusticias de la opresión entre los países y las injusticias sociales. Empezamos preguntándote si nos podrías hacer una breve presentación tuya, y contar de tus experiencias, formación teórica y vivencias, relacionados con tu compromiso social y con los problemas de la patria.


Gracias por interesarte por mis opiniones en momentos tan difíciles para la patria, es un gusto contestar el cuestionario.

Vengo de una casa donde se hablaba mucho de política. Mi madre era radical, y mi padre del viejo partido conservador, aunque había apoyado al peronismo en los 40 y 50 sobre todo desde su catolicismo, y lo oí hablar siempre bien sobre las leyes sociales del peronismo, que a su juicio respondían a la doctrina social de la iglesia católica. Vivíamos en La Paz, Pcia. De Entre Ríos, de donde soy nacido. Hice primaria, secundaria, universitaria, posgrado en escuela, colegio y universidad pública, irrestricta y gratuita. De chico estaba influenciado por la opinión de mis padres, pero sobre todo “lo de las leyes sociales del peronismo”, que a mi sensibilidad tocaba profundo, porque en mi adolescencia me formé por una monja y sacerdotes, que podrían entenderse como del tercer mundo, y con un compromiso social profundo. Desde una provincia del litoral y un pueblo sobre el río Paraná se vive más intensamente el sentimiento de patria porque se lo vincula a un terruño, a un paisaje idílico, al amor de la gente, y sobre todo al amor de la gente popular. Si bien nací en una familia de clase media relativamente acomodada siempre tuve una raíz popular en mis relaciones sociales, culturales y políticas. Terminé el secundario en mi pueblo y vine a estudiar derecho a Buenos Aires, como el resto de mis hermanos. Aquí tenía la mayoría de mis familiares. Siempre me identifiqué con el nacionalismo social podríamos llamarlo así. Pero de Buenos Aires estaba enamorado antes de venir por mi gusto por el tango, y aquí me enamoré definitivamente. Hoy no soy plenamente de Buenos Aires y no soy plenamente de La Paz, Entre Ríos. Convivo con cierto desarraigo permanente, cierta nostalgia de los atardeceres en el Paraná, y ciertos atardeceres en “La Giralda”. Lo que más me llamó la atención al llegar a Buenos Aires –Año 1976- fue la gente que comía parado en la pizzerías de la calle Corrientes. Amo repetir ese rito. Hay algo de lo pasajero, de lo transeúnte que me cautiva, y sobre todo de lo anónimo. En mi pueblo iba a parque a escribir poemas para encontrarme solo, y los amigos me gritaban desde los autos: “Te llevo”. Es ingenuo verlo así. Pero amo la soledad en bares y lugares de Buenos Aires. Mi vinculación con el peronismo empezó de joven, pero quien me terminó de convencer fueron los libros de Jorge Abelardo Ramos. Me vinculé a la Revista Línea, en el año 80. La repartía en secreto en la Facultad de Derecho entre los años 80/81/82. Prontamente empecé a trabajar en Tribunales penales de la capital, en marzo del año 77, ingresé como “pinche”. Ahí perdí toda inocencia, si algo me quedaba. Recuerdo llegar a Tribunales a la mañana y las colas para presentar los Hábeas Corpus, y las colas en las embajadas. Recuerdo la brutalidad, cuando no la complicidad de aquellos jueces y funcionarios. Muchos en la argentina pueden decir que no sabía nada, pero los jueces y funcionarios penales no pueden decir que no sabían. Lo supe siendo “pinche” y levanté mi voz ante la jueza, que me dijo en un Hábeas Corpus: “fírmalo vos”, pero yo no tenía firma, era “pinche”.


Te has destacado por tu formación y trayectoria en la lucha contra la criminalidad económica, ámbito en el cual has hecho aportes muy valiosos. A tu criterio, ¿el estudio y la lucha contra la criminalidad económica es estratégica para la formación de un proyecto nacional?

La criminalidad económica es la criminalidad de los poderosos de los verdaderamente impunes: los banqueros, las Compañías de Seguro, y las corporaciones económicas que son sus aliadas. Los que están vinculados a la fuga permanente de divisas, al lavado de dinero, a la timba financiera, los golpes de mercado, al endeudamiento externo, a la evasión impositiva, la administración fraudulenta. Es fuga permanente de divisas, y el resto de los delitos que mencioné son permanentes para ese grupo oligárquico y minoritario pero extremadamente poderoso, y forma parte de la criminalidad estructural del país y no varía con los cambios políticos mayormente. La criminalidad ocasional tiene que ver con la corrupción política y de los funcionarios públicos que se relaciona con la ocasionalidad del cargo público. Es posible que allí entre una variante de los dos –criminalidad estructural y criminalidad ocasional- que es la financiación de la política que en algún momento tiene que tratarse de raíz, y es posible que sea necesario que el Estado se haga cargo y no acepte financiamiento privado. Un gobierno nacional y popular tiene que tener muy en claro el problema y llevar adelante una lucha sin ambages contra la criminalidad económica. Ocurre que la fuga de divisas deja al país sin dólares y aumenta la deuda externa, sumado a la evasión impositiva es un cóctel explosivo de la criminalidad estructural. Debe pensarse que la evasión impositiva es mucho más grave en un país lationamericano que en los países poderosos, allí es sobre todo para financiar el gasto militar, aquí la evasión perjudica el gasto social y de equilibrio de un estado de bienestar que siempre tiene que estar presente en un estado con justicia social.


El capitalismo, como formación social predominante a nivel mundial, ha conducido a graves crisis de distintas índoles, humanitarias, sociales, ambientales, y a una situación de injusticia social y desigualdades inadmisibles, así como generado tremendas formas de criminalidad como la comercialización ilegal de armas y drogas, entre otras. ¿Consideras que la criminalidad económica es inherente al capitalismo en su estado de desarrollo actual y a la relación de dependencia que nos imponen las potencias mundiales?

La criminalidad económica es consustancial al capitalismo, forma parte de su naturaleza, mucho más en un capitalismo dependiente del poder financiero internacional como es el de nuestro país. Lenin, en el “Imperialismo eta superior del capitalismo” se refiere expresamente a la relación de dependencia financiera con el imperio británico de principios de siglo –el libro es de 1916- por parte de nuestro país, y acota más adelante que el capital financiero difunde por todos lados la falta de libertad y la dependencia. Hoy somos meros esclavos del poder financiero internacional. Macri, Caputo, Dujovne y equipo tienen que ser juzgados por un gobierno popular y mandados a la cárcel por el enorme perjuicio que le provocaron a la nación argentina y se lo provocaron mientras le provocaban un servicio majestuoso al poder financiero internacional. Las causas relacionadas a la criminalidad financiera estructural deben ser de lesa humanidad y ser imprescriptibles, hoy muchos expertos están diciendo esto. No puede ser que la causa del megacanje haya prescripto. Cavallo está impune, y aquí se matan pibes por un paquete de salchichas, y se los mata por la espalda y con consentimiento del estado. Patricia Bulrich va a ir presa como instigadora al asesinato.



Tras el derrumbe de la experiencia soviética el concepto de socialismo ha sido puesto en crisis, pero al mismo tiempo el capitalismo, que se ofrece al mundo como lo único realmente existente, solo ofrece la profundización de las injusticias y las opresiones. ¿Se puede creer en la superación del capitalismo? ¿Se puede construir una alternativa como esperanza para nuestros pueblos latinoamericanos? 

Totalmente. Los doce años de kirchnerismo y el auge de los gobiernos populares en Latinoamérica lo demostraron. Hay que pensar en dos cosas: Por un lado la instauración de un gobierno popular que establezca la justicia social en el país, con gran control de la actividad económica y financiera, con el resorte del comercio exterior en manos del estado, así como reforma financiera y bancaria al servicios público y de la nación. Que asimismo profundice un proceso de re-industrialización poderosa y definitivo de la patria. Con grandes vías férreas, y corporación polimodal de transporte en manos del estado como lo propugna el proyecto Elma XXI, hay que hacer de ese proyecto un proyecto nacional que devuelva Elma fuerte y también poderosa para aprovechar los recursos hídricos, navegables, de riqueza ictícola del mar argentino, hoy entregado a los ingleses, y eso no puede ser. Hay que denunciar los tratados de Madrid con los ingleses. Hay que hacer un proyecto que vuelva a encantar a la sociedad argentina. Lo hizo oportunamente el peronismo, y tiene que volver a hacerlo. Pero tiene que hacerlo, si el peronismo no lo hace, en la forma que el peronismo encarne, que hoy es Cristina tiene que llevarlo a cabo.
Pero en segundo lugar hay que seguir pensando un sistema que salga fuera del capitalismo que es sinónimo de desolación y muerte. Hoy por hoy, en los países latinoamericanos el papel de un estado social y democrático de derecho es fundamental.



A tu juicio, ¿qué es el pensamiento nacional? ¿Cuál es la vigencia que sigue teniendo la necesidad de formar una conciencia nacional y la de elaborar un pensamiento antiimperialista, como sostenía Juan Perón, o intelectuales como Juan José Hernández Arregui y Rodolfo Puiggros, entre tantos exponentes nacionales?

El pensamiento nacional es el único que nos va a dar un destino para la patria y su población integrada en un proyecto de país y de estado continental industrial como decía Perón y repetía el cumpa Methol Ferré. Para los pobres y excluidos de este país no hay salida con un proyecto internacionalista y globalizador extremo. Hay ciertas tendencias de la globalización que no pueden ser detenidas, pero el proceso nacional de industrialización con pleno empleo, repito pleno empleo, ningún pibe en el conurbano sin trabajo, ninguna familia sin trabajo. Vuelvo a repetir con Pleno empleo. Porque nuestros economistas siempre hablan de un diez por ciento o menos o más de desocupación. No debe ser así. Perón es el guía, Juan José Hernández Arregui, Rodolfo Puiggros, Jorge Abelardo Ramos, Norberto Galasso. Son rectores de todo esto, pero hay que incorporar a pensadores o artistas que tradicionalmente estaban lejos nuestro, pero lo que escribieron o pensaron están en la raíz de la patria. Pienso en Leopoldo Marechal, Jorge Luis Borges, en este último hay una raíz de la patria en lo pensó e incorporó. Yo sé que esto no suena bien, pero el maravilloso libro de Galasso sobre Borges lo muestra en sus inicios. Creo que al ámbito de lecturas de los compañeros hay que incorporar filósofos como Georg Wilhelm Friedrich Hegel que era el primer peronista aun antes del general. En fin.



Vos sos una persona nacida y vinculada fuertemente con el Litoral entrerriano, por lo que vivenciaste la relación Buenos Aires - Interior. Quisiera conocer tu opinión acerca de cuál crees que es la importancia de esa experiencia vital -signada por el vínculo entre dos regiones diferentes, con el interior profundo del país, sus necesidades y creatividades- para tener una visión nacional y federal.

Soy muy agradecido en haber nacido en un pueblo sobre las barrancas del Paraná, cerca del campo. Como dije la vivencia del país me resultó muy fácil. Desde que llegué a Buenos Aires no me entendía con la gente de la zona norte –que era donde estaba instalado- porque esa gente no vive el país, y todo su capital lo tiene afuera, siempre jugando a una devaluación. De muy joven vi que Dios estaba en todas partes pero atendía en Buenos Aires. En los sesenta y setenta las distancias eran insalvables, pero hoy: internet, el celular, el cable, todas las comunicaciones juntaron las distancias, y vivir en un pueblo no es como antes. Pero no hay federalismo en el país. Triunfó Mitre. Creo que en la batalla de Pavón, Urquiza debió destruir el ejército de Mitre y hacer otro país. No quiso. No sé qué pacto masónico primó. En el 55 el General tuvo el “síndrome de la cañonera paraguaya”, que nos acompaña a los peronistas hasta hoy, que los peronistas nos ponemos siempre límites para profundizar nuestros cambios. Perón debió controlar la revuelta y fusilar a los rebeldes y fundar otro país definitivamente industrial con justicia social. En ambos casos no pudo ser. En Estados Unidos, el norte cuando tuvo que masacrar al sur y formar un país industrial lo hizo. Aquí no sé qué faltó.


Vos sos un poeta que has publicado recientemente “Llueve en las raíces”, un hermoso libro de poesía. ¿Crees que la literatura -sea poesía, cuento, novela o ensayo- puede contribuir a formar la conciencia nacional?
¿Qué poetas argentinos y/o latinoamericanos crees que son fundamentales que las jóvenes generaciones de nuestro país conozcan?

Creo que la educación estética del hombre es fundamental y primera. Friedrich Schiller le dedicó un ensayo que antes se conseguía. Creo que los políticos sin sentido estético son nuestros políticos ortodoxos, como Hegel decía de los filósofos en su fragmento de sistema (escrito de muy joven con otros estudiantes destacados). Veo la historia universal como un gran libro que se abre en filigranas a través de los siglos. La literatura de un país es parte fundamental de su lengua, su trama, su red de sentidos múltiples, conocerlas es deber y placer de sus habitantes. Borges, Leopoldo Marechal, Roberto Arlt, José Hernández, Jacobo Fijman, Enrique Molina, Juan L. Ortíz, Carlos Mastronardi, Francisco Madariaga, Manuel J. Castilla (siguen nombres….) y en Latinoamérica Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez, Lezama Lima, Vicente Huidobro (siguen nombres…), el brasileño poeta Mario Quintana me parece esencial.

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